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Niños con Down: Inclusión educativa es una deuda pendiente

El Día Mundial del Síndrome de Down, discapacidad que afecta al 15% de la población mundial, se recuerda este miércoles. En Paraguay, el principal obstáculo es la falta de inclusión en escuelas públicas y privadas.

La lucha tiene que ver con lograr un cambio de mentalidad, brindar oportunidades y derribar mitos muy presentes aún en nuestra sociedad. "Se habla mucho de inclusión, pero en la práctica hay mucho todavía por hacer. La inclusión va más allá del discurso", aseguró María José Cabezudo, presidenta de la Fundación Saraki.

Consideró necesario aclarar que una persona con síndrome de Down no está enferma, tiene una discapacidad, pero eso no le imposibilita llevar una vida como cualquier persona sin discapacidades.

Buscando crear conciencia sobre el tema, el año pasado se lanzó la acción Medias Diferentes para conmemorar el Día Mundial del Síndrome de Down. Consiste en vestir, cada 21 de marzo, medias desiguales y, de esta forma, comprender que la diversidad existe.

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Cabezudo celebró que en Paraguay se registraron avances importantes en cuanto a la construcción de la verdadera inclusión, dejando de lado el asistencialismo y la victimización, pero todavía hay un largo camino por recorrer.

Lo que más preocupa a nivel país es la falta total de inclusión educativa. Son muchos los colegios o escuelas, tanto del sector público o privado, que rechazan la inscripción de alumnos con síndrome de Down.

"Conozco a una familia que tuvo que aguantar que rechazaran a su hijo de 19 colegios hasta llegar al que lo recibió", lamentó la presidenta de Saraki.

Sobre el punto, refirió que el verdadero cambio que se tiene que dar es mental, "cambiar el chip", y eso se logra con los niños, quienes deberían crecer en un sistema mucho más inclusivo y natural.

"La inclusión es en realidad cambiar el sistema educativo, el sistema laboral y el contexto en el que vivimos para asegurar que todos podamos entrar sin ninguna dificultad", especificó.

Hasta el momento, solo pudo ver dos tipos de escuelas, siempre excluyentes. La primera es la que directamente dice no a los alumnos con discapacidades, y otra que dice sí, pero cuando el chico está ahí es ignorado. "Niños floreros, están en el pupitre de atrás y molesta que salgan al patio", denunció la encargada de la fundación.

Entre el mito y el temor de los docentes

Cuando se lucha por la inclusión, el enfrentamiento más importante es contra los mitos generados alrededor de las discapacidades, y la creencia de que los docentes deben tener una capacidad especial para tener en su grupo a un niño con cualquier tipo de discapacidad.

"En realidad, lo que se debe ser es pedagogo y tener capacidad de enseñar en una misma clase a todos por igual", aclaró María José.

Pero una gran ayuda para el maestro es la familia que, al igual que los padres que tienen hijos sin discapacidades, deben educar a sus hijos con normas y reglas. Los niños malcriados pueden tener síndrome de Down, otra discapacidad o ninguna.

Adelantó que en abril el Ministerio de Educación y Ciencias (MEC) firmará un acuerdo, presentado por la fundación, que establece el modelo nacional de inclusión.

Con dicha convención se busca también ir eliminando de a poco las escuelas especiales, ya que consideran que es el sistema el que tiene que adaptarse. "El niño tiene que poder ir a estudiar a la escuela de su barrio donde van sus hermanos".

Recomendó que los educadores abran la mente y pierdan el miedo, se animen a enseñar a niños con diferentes discapacidades y comprueben el cambio radical que se generaría en la clase, en los niños y en el futuro.

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