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Ningún profeta es bien recibido en su tierra

 

Hoy meditamos el evangelio según San Lucas 4:6-30.

El papa Francisco, a propósito de la lectura de hoy, dijo:

“Los leprosos y las viudas en aquel tiempo eran marginados. Y, sin embargo, estos dos marginados, acogiendo a los profetas, fueron salvados.

En cambio, los nazarenos no aceptan a Jesús porque estaban tan seguros en su fe, tan seguros en su observancia de los mandamientos que no tenían necesidad de otra salvación.

Es el drama de la observancia de los mandamientos sin fe: “Yo me salvo solo, porque voy a la sinagoga todos los sábados, trato de obedecer a los mandamientos, pero que este no venga a decirme que eran mejor que yo aquel leproso y aquella viuda”. Esos eran marginados. Y Jesús nos dice:

“Pero mira, si tú no te marginas, no te sientes en el margen, no tendrás salvación”.

Esta es la humildad, el camino de la humildad: sentirse tan marginados que tenemos necesidad de la salvación del Señor. Sólo Él salva, no nuestra observancia de los preceptos. Y esto no gustó, se enojaron y querían matarlo.

Es este el mensaje de hoy... si queremos ser salvados, debemos elegir el camino de la humildad.

María en su cántico no dice que está contenta porque Dios ha mirado su virginidad, su bondad y su dulzura, tantas virtudes que ella tenía. No, sino porque el Señor ha mirado la humildad de su sierva, su pequeñez, su humildad. Es lo que mira el Señor. Y debemos aprender esta sabiduría de marginarnos, para que el Señor nos encuentre...

La humildad cristiana no es la virtud de decir: “Pero yo no sirvo para nada” y esconder la soberbia allí, no, no. La humildad cristiana es decir la verdad:

“Soy pecador, soy pecadora”. Decir la verdad: es esta nuestra verdad”.

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