Correo Semanal

Ñesuhãme

 

Mario Rubén Álvarez

El lúcido investigador emilianista Ángel Antonio Gini Jara, con una evidencia inapelable, probó que Ñesuhãme es una poesía de cumpleaños de Emiliano R. Fernández –con música de Julio Desiderio Sánchez– dedicada a Venancia Cañete, hermana de su amada Matilde Cañete, del barrio Trinidad (Asunción).

“Tengo la edición de Ocara poty cué mí que por primera vez publicó la poesía fechada el 17 de mayo de 1929. Allí, la dedicatoria dice: ‘A mi hermana espiritual Venancia Cañete en el día de su onomástico’”, argumentaba categóricamente Gini echando así por tierra la interpretación de que los versos fueron dedicados al niño Jesús.

Más allá de los nombres de esas dos hermanas, casi nada se sabe de ellas. Sus huellas se habían perdido en la densa polvareda del tiempo implacable. La fraterna gentileza de un amigo al que le mueve el compartido amor a la música paraguaya, sin embargo, me ha permitido encontrar el rastro de Venancia Cañete.

“En Formosa vive un hijo de doña Venancia. Te invito a irnos a esa ciudad para que le entrevistes”, me dijo Daniel Torales hace algunos meses. Él tiene un programa de televisión y otro de radio los fines de semana en aquella ciudad argentina. Acompañándolo en su viaje, se concretó la entrevista con Justo Bareiro.

HABLA EL HIJO

“Soy el segundo hijo de Venancia Cañete a quien don Emiliano le dedicó Ñesuhãme. Tengo una hermana mayor y tuve uno menor, que falleció. Mamá, buscando un mejor horizonte económico, salió del Paraguay después de la guerra contra Bolivia. Habrá sido en 1936 o 37 que ella vino a radicarse a Formosa. Aquí se casó con mi papá, Silvestre Bareiro, tuvo sus hijos y falleció el 8 de agosto de 1993. Primero estuvimos radicados en la parte más céntrica de Formosa y luego, cuando hubo la posibilidad de comprar a cuotas un lote, nos mudamos al barrio San Miguel”, cuenta Justo.

“Ella comentaba que don Emiliano iba a visitar a mi tía Matilde cerca de la vía férrea, en Trinidad. Y llegó el día del cumpleaños de mamá, el 18 de mayo (había nacido en 1910). Fue cuando le escribió la poesía. Don Emiliano tenía la pluma del kavure’i porque llegaba a la casa y venía toda la gente a rodearlo, a conversar con él, a verlo. Sabemos más detalles de la canción por la investigación publicada al respecto”, sigue rememorando Bareiro.

El relato es coherente con lo señalado por Gini Jara al indicar que el poema está fechado el 17 de mayo de 1929. Este dato permite ubicar en la coordenada del tiempo lo ocurrido.

De Matilde Cañete la familia no supo más nada luego de que viajara al Brasil, continúa diciendo el entrevistado. “Ellas tuvieron una hermana y tres hermanos más”, agrega.

“Mamá era de carácter jovial, positiva, ganadora. Tenía mucho empuje y un gran corazón. Para ella todos eran lindos y lindas. Nadie iba a morir delante de ella porque iba a inventar lo que no tenía para ayudar a alguien necesitado. Su solidaridad se manifestó con mayor fuerza después de la guerra civil de 1947 en el Paraguay cuando llegaban los exiliados políticos a casa huyendo de la revolución. A todos les daba de comer y les proporcionaba un lugar donde dormir por dos o tres días antes de continuar viaje a Resistencia, Corrientes o Buenos Aires. Fue una de las grandes mujeres que conocí en mi vida. Digo esto no porque era mi madre, sino porque así era en realidad”.

De su padre, Silvestre Bareiro, dice que era de San Juan Bautista, Misiones. Y que el azar lo llevó a parar en Formosa. “Sus cinco hermanos mayores peleaban en el Chaco y no se sabía si iban a volver o no a la casa. Uno de ellos formaba parte del escuadrón del comandante Plácido Jara y sus Macheteros de la Muerte que operaban en las orillas del río Pilcomayo. Mi abuela le trajo aquí a quien sería mi papá a los 13-14 años. No quería que también muriera en el frente. Se quedó a vivir aquí”, termina de contar Justo Bareiro en su casa de Formosa.

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