Opinión

Muros de corrupción

Por Erwing Rommel Gómez egomez@uhora.com.py

La caída de cada lluvia sobre Asunción, lejos de significar bonanza para la mayoría de sus pobladores, como lo es para los agricultores y sus sembradíos, es un problema hasta hoy insalvable para numerosas familias que viven en los barrancos de arroyos y en la ribera del río Paraguay. Tampoco los contribuyentes que viven en zonas altas de la ciudad escapan a los embates de la naturaleza, ya que la falta de desagüe pluvial en las calles contribuye a la aparición de caudalosos raudales que destruyen pavimentos e inundan viviendas.

En el caso de los "ribereños", cada precipitación desnuda su imperiosa necesidad de contar con un muro de contención que para ellos puede significar la diferencia entre la vida y la muerte.

Las aguas que bajan con tremenda fuerza por los cauces de estos contaminados afluentes hídricos van carcomiendo de manera progresiva los terrenos y con ello tirando a la nada todos los sueños, ilusiones y dinero invertidos por esas personas en sus viviendas a lo largo de toda su vida.

Lamentablemente la desgracia que soporta este marginado sector de la población capitalina es caldo de cultivo para que políticos y empresarios inescrupulosos saquen tajada y se llenen los bolsillos de la forma más descarada.

Y una de las fuentes de la cual se nutre este foco de corrupción es el denominado Fondo de Proyectos Especiales otorgado por la Municipalidad de Asunción a las comisiones vecinales legalmente constituidas y que sirve para encarar proyectos que permitan mejorar las condiciones de vida en los diferentes barrios, sean estos empedrados, desagüe pluvial o cloacal, equipamiento de plazas, entre otros.

Denuncias de dirigentes vecinales que consiguieron esos fondos hablan de la concesión de trabajos solo a empresas constructoras que operan bajo el padrinazgo de concejales, directores o jefes de ciertas reparticiones comunales, la utilización de profesionales ingenieros o arquitectos como prestanombres de estas firmas para evitar el pago del IVA, entre otras irregularidades, se encuentran archivadas en el municipio.

Y la carta blanca que reciben estos empresarios perjudica a los más necesitados y débiles de esta historia. Con esos condimentos, los beneficiarios no pueden acceder a las facturas legales por la construcción realizada y con ello se ven impedidos de entregar la rendición de cuentas que les permita retirar el pagaré firmado y pensar en presentar un nuevo proyecto en el futuro. También se exponen a soportar una eventual demanda por parte de la Comuna asuncena por incumplimiento de contrato.

Muchos de los ediles recuerdan a esta necesitada franja de asuncenos solo a la hora de pedir sus votos. Pero como ocurre en otras áreas del quehacer municipal, una vez que acceden al cargo, se olvidan de quienes apostaron por ellos, pensando en el imposible de una solución al drama que les afecta.

Muchas veces, los G. 54 millones que se da como monto máximo para materializar obras; en este caso, la infraestructura de piedra bruta que acabe con el miedo de perder en una jornada lluviosa sus casas y hasta la vida, les es retaceado sencillamente porque la autoridad de turno no es del mismo signo político de tal o cual dirigente o porque este se atrevió a hacer público el engranaje corrupto que maneja el dinero comunal.

Esta nueva administración encabezada por el intendente Arnaldo Samaniego y la novel Junta Municipal debiera dar muestras claras de su intención de transparentar todo este tema y llevar adelante una investigación profunda que eche un manto de luz a todo el misterio que rodea a la discrecional y desvergonzada repartija que se hace en el marco del Fondo de Proyectos Especiales.

Y ello debe darse de manera urgente para que el dinero llegue a las familias que realmente precisan de ese muro de contención y para evitar que en cualquiera de estas precipitaciones tengamos que lamentar la muerte de algún ciudadano.

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