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“Muchas cosas de la tradición (en la curia) ya no sirven más”

El enviado del Papa puso en claro que la Iglesia Católica, entre varios desafíos que afronta, debe cambiar hasta la “forma de rezar, de vestir”.

Bromista y alegre. Esa fue la imagen que dejó, en su reciente paso por el país, el prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica de la Santa Sede.

Enviado por el papa Francisco, el purpurado brasileño compartió durante dos días un encuentro por los 60 años de la Conferencia de Religiosos del Paraguay (Conferpar). Ajeno a las pompas y brillantes crucifijos, con el característico vestuario oscuro –pero marcadamente sencillo– y una cruz de madera colgada al cuello por una correa de hilo, el cardenal João Braz de Aviz concedió una breve entrevista a ÚH mientras salía de una de sus charlas sobre los desafíos que interpelan a los religiosos y religiosas en el contexto actual.

–¿Cuáles son esos desafíos?

–Estamos trabajando muchísimo para la transformación de la formación. A la formación tenemos que pensarla desde el vientre materno hasta el suspiro final. Hay un proceso de vida en que se adquiere o no valores o sufrimientos. Todo cuenta en la formación, uno no puede decir que esto es formación y esto no. Es un camino que se debe hacer y esto exige mucha atención, responsabilidad, capacidad de perdón, capacidad de escucha. Tenemos que cambiar mucho.

Después tenemos el problema dentro de la vida cristiana consagrada de recuperar al humano: Los afectos, la sexualidad; tenemos que recuperar la relación autoridad-súbditos que tenemos que dar otra luz a esto. La relación hombre-mujer, no más defensiva, sino más integrada, profunda y completa de ambos lados.

–Hay una crisis vocacional ¿a qué cree se debe esto?

–Pienso que es todo un problema de autenticidad de vida. Es un problema también que la sociedad en muchos lugares niega a Dios, no lo niega de forma teórica, sino en la práctica. Entonces, hay que ver ahora lo que es fundamental y lo que no lo es. Muchas cosas de la tradición, muchas que son de la cultura pasada, ya no sirven más.

–¿Como cuáles?

–Por ejemplo, tenemos formas de vida que son ligadas a nuestros fundadores que no son esenciales: Una forma de rezar, una forma de vestir, dar más importancia a ciertas cosas que no son tan importantes y a otras que sí son importantes, dejarlas un poco. Esa visión más globalizada de todo… eso no la teníamos, ahora la tenemos. Que mi cultura es más importante que la cultura del otro, eso ya no es verdad porque las culturas son todas iguales, pero tienen que encontrar los valores del Evangelio.

–Como que se fue deteriorando la espiritualidad...

–Sí, eso mismo. Pueden caer todas las cosas secundarias, pero no puede caer el carisma especial de los fundadores.

–¿Entra el celibato en esas muchas cosas que dejar?

–Para la vida consagrada, el celibato es fundamental porque es uno de los pilares: Pobreza, castidad y obediencia. Pero no son mandamientos, son proposiciones, son consejos evangélicos. Hay que descubrir el valor de si es llamado o no a eso. A veces uno se engaña y piensa de ser llamado y no lo es. Otros no aceptan, porque no lo ven como valor; tenemos que distinguir, discernir y seguir.

–¿Por qué asistimos a una época en la que, al parecer, se ve más amenazada a la vida apostólica?

–Hoy tenemos que pensar al sacerdocio, no como la cosa más importante; el sacerdocio es uno de los valores, una de las vocaciones. En la vida consagrada, el sacerdote no debe ocupar el primer lugar, debe ocupar el mismo lugar que los otros hermanos y hermanas… Esto, por ejemplo, tiene que cambiar: El Papa dice que tenemos que distinguir entre el poder y la potestad. La potestad divina está bien, el poder no. Porque el poder, según la manera de pensar del mundo, es una forma de dominación, eso no sirve. Nosotros tenemos que pasar por otra puerta: Servir en el misterio y poder encontrar esta fraternidad.

–¿Cuál es el enfoque que tiene la Iglesia ahora con el Papa sobre los casos de abuso sexual?

–El Papa quiere transparencia, quiere responsabilidad. El Papa dice aunque fuera solo un caso de abuso en la Iglesia, eso debe ser aclarado, porque la figura consagrada del sacerdote es una figura que indica un valor divino, un valor humano profundo. Si tú no tienes esto, entonces abusas. Tenemos que descubrir eso. Y los medios de comunicación hacen un gran bien cuando colocan todo esto a la vista, sabiendo que el 95% de estos problemas están en la familia, no en la Iglesia, esto es verdad también.

–¿En cuánto influyeron los escándalos sexuales en la Iglesia para que disminuya la vocación sacerdotal?

–El escándalo siempre influye, pero esto es una parte, porque la mayoría son de hace 50 años; ahora la conciencia creció mucho. Pero influye mucho en la disminución, pero más tenemos adaptación a la cultura actual, vida de autenticidad y pensamos que Dios cuidará.

–¿Cómo se hace para quitar el estigma?

–Solo aclarando los casos y después cambiar nuestra manera de ser. Porque es un problema localizado, pero es un problema muy grave. Entonces, hay que cambiar. Pero, nosotros no estamos preocupados de que esto salga a la luz, es necesario que salgan. Necesitamos una iglesia más humilde, la de convivir, buscar juntos proteger la vida. Después Dios hace lo que quiere.

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