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Montanaro: 20 años exiliado en medio de lujo, oración y paranoia

Sabino Augusto Montanaro vivió dos décadas en un exclusivo y costoso piso de un edificio en Tegucigalpa. Alucinaba que lo querían matar. Se hizo evangélico y estaba rodeado de empleados paraguayos.

Exiliado, sin su familia, pero con buen pasar. Es la descripción que da una persona allegada a la familia Montanaro sobre los 20 años que vivió el ex ministro stronista Augusto Sabino en Honduras. La fuente, quien estuvo varias veces por la casa del ex ministro stronista y que prefiere el anonimato, hizo a ÚH el siguiente relato:

LUJO Y RECOGIMIENTO. Tras el golpe de Estado del 89, Sabino Augusto se instaló en Tegucigalpa, en la exclusiva Colonia Lomas del Guijarro.

Vivía en uno de los pisos de un lujoso edificio con vista panorámica. Tenía a la vista la estatua del Cristo Picacho, uno de los símbolos de la capital hondureña.

Montanaro, a su arribo en Honduras, se hizo amigo de un pastor de una Iglesia evangélica. Dicha persona lo llevó a la conversión total, ya que el ex ministro del Interior dejó de lado las creencias de la religión apostólica romana y pasó a predicar la Biblia, hecho que lo convirtió en un respetado pastor dentro de la congregación evangélica.

La reflexión de la "sagrada escritura" parecía ser una válvula de escape para Montanaro, quien salía de su departamento exclusivamente para asistir -los domingos- a la celebración religiosa de su iglesia.

AÑORANZA. Montanaro nunca se alejó de las costumbres paraguayas. Tenía domésticas y empleados de nacionalidad paraguaya. El personal tenía la orden de cocinar siempre con ingredientes llevados exclusivamente desde Paraguay o traídos de Estados Unidos o Europa.

Tenía el placer de saborear quesos, mieles, dulces o chipas elaborados en Paraguay. Estaba rodeado permanentemente del personal de servicio.

Sus familiares (esposa e hijos) se turnaban por mes para visitarlo, siempre y cuando podían. Los hijos iban acompañados de toda la familia.

Su vida social se reducía a unos pocos amigos cercanos (entre ellos, varios residentes paraguayos en Honduras), quienes lo calificaban como un "anciano simpático y bonachón".

A pesar de los años en el extranjero, Montanaro nunca perdió su acento paraguayo, quizá sea por el poco contacto que tenía con las personas o porque siempre vivió rodeado de sus hijos como si estuviera en el país.

"Hablaba poco con las visitas y costaba entenderlo", relató la fuente cercana a la familia Montanaro.

MANIÁTICO. Montanaro no salía mucho de su habitación o piso del edificio. En parte, él mismo admitía, tenía la psicosis de que lo querían matar.

Era desconfiado y paranoico. No tenía guardaespaldas (al menos en los últimos tiempos) y restringía mucho las visitas. Por temporadas no recibía visita alguna. Era, al parecer, por órdenes de sus familiares.

Cada tanto cambiaban sus lujosas camionetas y autos con el objetivo de despistar cualquier tipo de investigación o seguimiento.

Antes de la era informática, le llegaban -con un día de retraso- todos los periódicos desde el Paraguay y estaba al tanto de todo lo que acontecía en el país.

DERROCHE. A pesar de que Sabino Augusto era austero y de poca vida social, sus familiares no perdían la oportunidad para gastar parte de la gran fortuna que amasó el ex ministro stronista.

Iban a menudo de "sho-pping" nada más y menos que a Miami. En Tegucigalpa frecuentaban caros centros comerciales. Prácticamente pasaban desapercibidos entre la gente de la clase alta.

La familia Montanaro tenía a disposición un avión privado, con el cual realizaban frecuentes viajes a Estados Unidos o al Paraguay.

REGRESÓ PARA MORIR. Montanaro nunca habló de los años de la dictadura (al menos fuera de la familia) y no concedía entrevistas. Sus allegados hondureños no podían creer que un "anciano tan bueno" podría haber hecho lo que se le acusaba en el Paraguay y nadie le cuestionaba su oscuro pasado.

A menudo mantenía conversaciones telefónicas con Stroessner, quien falleció en agosto del 2006 en Brasil.

Montanaro siempre admitió a sus familiares y allegados que quería regresar al Paraguay "para morir". En ningún momento hizo mención de retornar al país para someterse a la Justicia.

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