Política

Militares del Chaco, entre el calor de 48°, carencias y añoranzas

La vida de los uniformados en los puestos militares, en la frontera del Chaco, refleja cómo sortean el intenso calor, la añoranza a sus familias y la limitada comunicación y energía en pleno siglo XXI.

Por Roberto Santander

rsantander@uhora.com.py

ÚH conversó con algunos militares que están asignados a los destacamentos y unidades del Chaco paraguayo. Quisimos conocer su realidad; cómo viven, qué actividades realizan, cuáles son sus necesidades, frustraciones y la situación real de las instalaciones de las Fuerzas Armadas, ante el anuncio que hace ahora el Gobierno de invertir unos 20 millones de dólares para potenciar el dispositivo de seguridad en la frontera.

Llegar a una de las unidades desde Asunción toma aproximadamente 14 horas de viaje por tierra. Se pasa por Pozo Colorado y Mariscal Estigarribia, y de allí a los puestos militares. El intenso calor llega en el verano a los 48° y en la noche el frío es intenso. A ello se suma el viento Norte que marca su dominio en la extensa Región Occidental.

Cuando a un militar le anuncian que será trasladado al Chaco, inmediatamente se lo toma como un castigo. ¿Cuál es el motivo? Todos coinciden en responder que el principal problema es la gran distancia que los separa de sus familias y amigos; la falta de comodidades, la deficiente infraestructura y las necesidades que allí pasan durante el tiempo de servicio.

La principal actividad que llevan a cabo los militares en los destacamentos consiste en el control rutinario de personas y vehículos que circulan esporádicamente por la zona.

Los destacamentos están rodeados por estancias, los caminos son terraplenados y la vegetación está constituída por arbustos pequeños que llegan apenas a dos metros de altura.

El III Cuerpo del Ejército, asentado en Mariscal Estigarribia, tiene bajo su dominio a la V División de Infantería Capitán Pablo Lagerenza, que vuelve a tener los destacamentos militares Palmar de las Islas (está a 22 km. de la frontera con Bolivia y linda con el Hito 6), Agua Dulce (camino a Bahía Negra, frontera con Brasil) y 4 de Mayo.

RUINAS. Los militares con los que conversó ÚH están de acuerdo en afirmar que la estructura edilicia de las unidades se asemeja a las Ruinas Jesuíticas, pero con la diferencia de que se está resquebrajando y cayendo a pedazos.

Son cuatro los uniformados que están en los destacamentos, que son grandes tinglados de 8 por 20 m.. Los dormitorios están divididos para los oficiales y suboficiales. Luego está la cocina, el baño y la armería. Se bañan en palanganas, la comunicación es limitada y la energía eléctrica funciona con generadores solo de noche. "No es que uno no quiera ir al Chaco. El problema está en la infraestructura", expresó un militar. Dijo que con el tiempo se nota que las unidades tuvieron su época de esplendor, pero que ahora se van cayendo a pedazos ante la falta de mantenimiento correcto. Vivir en el Chaco es una odisea diaria para cualquier soldado.

LA SUPERVIVENCIA

Reciben provistas de alimentos que deben durar 30 días como mínimo. 10 kilos de fideos, arroz, poroto, locro, carne de soja y conservada. Tienen cocina a gas y a leña. Pero el problema que tienen es el consumo de agua. Los uniformados traen el líquido de un tajamar que se llena solamente cuando llueve. Mínimo tienen que caer 70 milímetros por semana para que se llenen los tajamares. "Los meses críticos van de agosto a enero. Casi no cae ninguna gota de agua", cuenta un militar. Para consumo, las unidades traen de Agua Dulce, pero eso solo tiene que durar un mes. El traslado es todo un tema por la falta de un buen camino.

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