PRETORIA - SUDÁFRICA
Miles de personas desfilan para despedirse de Nelson Mandela, cuyos restos mortales reposan en la capilla ardiente instalada en la sede del Gobierno sudafricano en Pretoria y que fue abierta al público a las 12.00 local (10.00 GMT).
El féretro de Mandela, custodiado por cuatro militares uniformados de blanco y por tres coronas gigantescas de ese misma color, yace bajo un arco instalado en el anfiteatro de la sede gubernamental, en el exterior del complejo conocido como Unions Building.
Tras un recorrido de diez minutos en autobuses que partieron desde el centro de la capital sudafricana, los primeros ciudadanos que pudieron despedirse de Mandela llegaron al velatorio al abrirse la capilla ardiente al público.
Personas de todas las razas y religiones se emocionaron al pasar junto al ataúd de Mandela, según las imágenes facilitadas por la televisión pública al centro de prensa instalado en el exterior del recinto, ya que se ha prohibido el acceso de los medios a la capilla ardiente.
Algunos pasan rápidamente junto al ataúd, mientras que otros se detienen durante un instante para grabar en su memoria un último recuerdo de Mandela, aunque solo les está permitido parar dos segundos y el control es estricto.
AGRADECIMIENTO. En Sudáfrica les llaman “born free”. Son los menores de 29 años, nacidos tras la llegada de la democracia en 1994, y dan las gracias a Nelson Mandela por el país que se encontraron al nacer.
Una gran parte son menores de 29 años, los “nacidos libres”, casi el 60% de los 52 millones de sudafricanos como Phindile Lepogo, una muchacha negra de 25 años. “Me siento mal porque todavía lo necesitamos, me gustaría que siguiera con nosotros”, explicó. “Cambió todo. Ahora tenemos libertad, todo está bien. Nadie podrá reemplazarle y el deber de mi generación era venir a darle las gracias”.
Cuando se le pregunta por los desafíos que aguardan a la gente de su edad, no lo duda: empleo, que es justo lo que no tiene un cuarto del país.
Muy emocionada, Evidence Makobaki, también negra, de 19 años, salía de la capilla ardiente constatando la triste realidad: “se ha ido”. Nunca lo vi en persona, siento que hoy lo hice. Hasta ahora no había aceptado que ya no está", explicó al borde de las lágrimas.
“La gente de mi edad tiene que dar las gracias a él y a Dios por haber nacido cuando todo aquello acabó. Es muy bueno ser libre”, estimó.