Opinión

Matar y morir en el monte

Andrés Colmán Gutiérrez — @andrescolman

Conocí personalmente a Lucio Silva —uno de los tres miembros del grupo armado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), fallecido junto a Esteban Marín López y Rodrigo Argüello, en un enfrentamiento con efectivos de la Fuerza de Tarea Conjunta (FTC)— en marzo del 2002, cuando llegó desde Cororo’i, San Pedro, acompañado por un móvil del diario Última Hora, para entregarse a la Fiscalía, con Gustavo Lezcano, en ese momento, prófugos de la Justicia por el secuestro de María Edith de Debernardi.
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Aquella vez pudimos conversar brevemente, luego de que la propia María Edith los encaró, y aseguró que no los reconocía como secuestradores. Silva era un típico campesino, moreno, de piel curtida, que hacía bromas en guaraní y se mostraba afable. Era difícil adivinar en él la radical determinación de matar y morir en el monte, en la que se vería envuelto con sus propios hijos, a quienes arrastró a un infierno de pólvora y sangre.

Nacido en Horqueta, Concepción, el 13 de diciembre de 1958 (en pocos días cumpliría 62 años de edad), Lucio fue reclutado por la Corriente Patria Libre (CPL), a principios de los 90, en el mismo grupo en que militaban los hermanos Villalba (Carmen, José y Rosa, luego sus hermanos menores, Osvaldo y Liliana). Alguna condición especial hizo que lo invitasen a ser parte del proyecto paralelo de un brazo armado guerrillero clandestino, liderado por Alcides Oviedo Brítez y Carmen Villalba.

Silva estuvo en el grupo original que en 1997 intentó robar la sede del Banco Nacional de Fomento, en Choré, San Pedro. Alquilaron una casa vecina, desde donde cavaron un túnel de 80 metros de largo, a punto de alcanzar la bóveda, cuando fueron descubiertos por la policía. Seis personas fueron atrapadas: Alcides Oviedo, Carmen Villalba, Gilberto Setrini, Pedro Maciel Cardozo, Gustavo Lezcano y Lucio Silva. Condenados a dos años de cárcel, pasaron a ser conocidos como la Banda de Choré.

Se los involucró en el secuestro de María Edith, pero se pudo demostrar que Maciel Cardozo se había apartado del grupo. En Cororo’i, mucha gente atestiguó que Lezcano y Silva no tuvieron participación. Mientras los demás entrenaban con asesoramiento de las FARC en 2005 y empezaban la larga marcha de secuestros, ataques, asesinatos y otros actos delictivos, para presentarse como EPP, en marzo del 2008; de Lucio Silva se supo poco.

Casado con Elisa Escolástica Cáceres, con quien tuvo dos varones y una nena, vivió en la compañía Mboi’y, de Itauguá, hasta que desapareció llevándose a sus jóvenes hijos. En 2013, las fuerzas de seguridad lo identificaron como uno de los miembros activos del EPP. Hay fotos y videos de él en uniforme y con fusil. Había ingresado a formar parte de la presunta guerrilla con sus hijos Claudelino, Jorgelina y Samuel Silva Cáceres. Claudelino murió en un enfrentamiento con militares durante el secuestro de Arlan Fick, el 2 de abril de 2014, en Paso Tuyá.

Todavía se sabe poco de lo que pasó en el enfrentamiento de la noche del viernes, pero la historia y el trágico final de Lucio Silva marcan un punto de inflexión en el conflicto armado en el Norte, que ya lleva más de dos décadas, teniendo como trasfondo la dura realidad de pobreza, corrupción, injusticias y criminalidad en que se debate una de las regiones más laboriosas y sufridas del Paraguay.

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