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Más y mejores empleos es lo que necesitamos para salir adelante

Mientras el Gobierno muestra una bochornosa pelea al interior de la máxima instancia institucional relativa al trabajo, la ciudadanía se enfrenta a un incremento del desempleo y a una histórica precariedad. A estas dificultades, durante la semana se publicó la noticia de altos niveles de morosidad y evasión en el pago de las cotizaciones a la seguridad social por parte de una gran cantidad de empresas. De esta manera, la semana cerró con un terrible escenario para uno de los principales problemas sociales como es la obtención de un ingreso laboral.

La principal fuente de ingresos de los hogares paraguayos es el trabajo. Sin embargo, no contamos con una política laboral de amplio alcance y calidad. Las escasas intervenciones públicas se limitan a actividades de intermediación como la oficina y las ferias de empleo, la capacitación por parte del Servicio Nacional de Promoción Profesional (SNPP) y del Sistema Nacional de Formación y Capacitación Laboral (Sinafocal) y la fiscalización a las empresas para el cumplimiento de las normas laborales.

La baja cobertura de estas acciones pone límites a cualquier aspiración de generar resultados de impacto nacional. Las deficiencias en el funcionamiento de las dos entidades que ofrecen capacitación impiden unir la oferta formativa con la demanda del mercado; por lo tanto, la pertinencia está en entredicho, lo que aparece como desafío en cualquier reporte o evaluación.

Una tasa de desempleo en aumento y elevadas proporciones de informalidad ocasionan altos niveles de exclusión de la seguridad social. El bajo apego a la ley por parte de las empresas es una de las causas más relevantes de la baja cotización a la seguridad social de la población que trabaja. Esta semana se visualizó además la deuda que tienen las empresas con la principal institución de la seguridad social, el Instituto de Previsión Social (IPS).

Los bajos y volátiles niveles de ingresos y la mala calidad del trabajo causan un acceso temprano al mercado laboral de muchos niños, niñas y adolescentes hipotecando su futuro debido a las consecuencias que tiene en la acumulación de capital humano a corto, mediano y largo plazo.

Es decir, mientras la población adulta no tiene las oportunidades económicas necesarias para contar con un ingreso suficiente y un trabajo digno y la niñez y la adolescencia deben colaborar con el mantenimiento de la familia, las autoridades del Ministerio de Trabajo se enfrentan mostrando fricciones, egos y falta de coordinación.

Es lamentable que ante este contexto, y en el que no se observan mejoras en los indicadores, al contrario, hay evidencia que indica retrocesos debido a la ralentización económica de los últimos años, las autoridades no tomen conciencia ni se comprometan con el desarrollo del país y el bienestar de la población.

Paraguay no cuenta con una política laboral que permita saber hacia dónde van las acciones públicas. No sabemos si el Gobierno quiere crear o formalizar empleos, reducir el trabajo infantil y adolescente, aumentar la oferta y demanda laboral de jóvenes y mujeres, mejorar las credenciales educativas, reducir la evasión a la seguridad social.

Si eventualmente quisiera esto, tampoco están claras las metas, las actividades planificadas o la cantidad de dinero que se invertirá. Todos estos aspectos deben estar en el centro de la discusión por su impacto en la sociedad.

Ojalá las autoridades tomen conciencia del compromiso que tienen en sus manos y reviertan con trabajo y resultados el bochornoso cruce de comunicados y mensajes por las redes. Paraguay necesita generar más y mejores empleos para salir adelante. No se puede dar el lujo de peleas al interior de la principal institución con competencia en el tema.

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