Política

Marzo Paraguayo: Una misa contra los tanques

Es la tarde del viernes 26 de marzo. El presidente Raúl Cubas ordena a las Fuerzas Armadas salir a las calles. Tanques se dirigen a la plaza frente al Congreso. Momentos antes se produjo un nuevo enfrentamiento entre manifestantes opositores con los oviedistas y la Policía. Los oviedistas fueron repelidos de la plaza en disputa. El sacerdote jesuita Francisco de Paula Oliva es invitado a realizar una misa en medio del mar de gente. Quizás podría al menos retrasar la llegada de los tanques. Ante la propuesta de Pepa Kostianovsky, el pa’i Oliva primero pregunta si hay algún obispo o sacerdote que quiera dar unas palabras: Nadie quiere hacerlo. Entonces se pone a trabajar: unos jóvenes sacan una mesa del Congreso, los ornamentos litúrgicos son traídos de la Catedral y el padre empieza la misa desde la tarima colocada frente al Cabildo.

“Inmediatamente me avisaron que estaban los tanques una calle antes de entrar a la plaza. Dije: ‘No se van a atrever a atacar a los que estamos en la misa. Si los tanques empiezan a moverse, voy a alargar la misa toda la noche’. Entonces, en lugar de leer una lectura chica me leo la Biblia entera, total es la lectura de la palabra de Dios”, recuerda el pa’i.

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Las fuerzas públicas intentaron minimizar las movilizaciones ciudadanas durante el Marzo Paraguayo, en el Centro de Asunción.
Las fuerzas públicas intentaron minimizar las movilizaciones ciudadanas durante el Marzo Paraguayo, en el Centro de Asunción.

La misa dura poco menos de dos horas. Hay cantos y la multitud pasea una bandera paraguaya gigante en la plaza. Los tanques finalmente no llegan hasta los manifestantes. El oficio acaba y la gente en la plaza empieza nuevamente a organizarse para defenderse de los oviedistas y los policías. Lo peor estaba por venir, pero en ese momento una misa pudo contener a los tanques.

A 20 años de aquella semana histórica, en la que abandonaba la plaza solamente por unos minutos para ir a ducharse en el colegio Cristo Rey, Oliva explica que resguardar la plaza era de vital importancia: “Si los oviedistas ocupaban la plaza, iban a echar a los senadores para que no hubiera juicio político a Cubas. Lo que queríamos a toda cosa era guardar esa cosa para que se pudiera tener tranquilamente el juicio en el Cabildo, donde funcionaba el Senado”.

El sacerdote que trabaja con la comunidad del Bañado Sur desde hace dos décadas se apura a aclarar que su papel en el Marzo Paraguayo no fue de líder, ni de dirigente.

Sin embargo, sí le cupo intermediar en distintas oportunidades. Por ejemplo, en la madrugada del sábado 27, luego de que francotiradores dispararan y mataran a manifestantes. Tras negociaciones con autoridades, miembros de Jóvenes por la Democracia proponen despejar la plaza frente al Cabildo para que la Marina la ocupe y los manifestantes se replieguen hasta la explanada de la Catedral.

“Me pidieron que yo les dijera a los muchachos. Ese fue un momento difícil, porque me subo a la tarima y les digo: ‘Esto está grave, hay una manera de parar esto, la plaza ni nuestra ni de los oviedistas, sino del Ejército y la Marina, para que la resguarden’. Muchos se irritaron, no quisieron, me insultaron, algunos dijeron cosas muy fuertes. Les dije a (los jóvenes que se oponían) que lo hablen en grupo y que en media hora volvería, pero me llevé el micrófono. Lo desenchufé y lo llevé en el bolsillo. Entonces se quedaron discutiendo y buscando el micrófono”, recuerda con picardía Oliva. “A la media hora aceptaron y esa fue una señal de sensatez de la juventud en la plaza: había que ceder”, rememora.

El carácter conciliador del padre no le impidió arriesgar su propia piel. En la noche del viernes, cuando desde edificios francotiradores abrían fuego hacia los manifestantes, vio a una mujer caminar en medio de la plaza en ese momento más despejada por los tiros. El pa’i la alcanzó y ambos se tiraron al piso. “Le pregunto: ‘¿Qué vas a hacer?’ ‘No, que yo quiero ir allí, que han matado a un amigo mío’. ‘No vayas, que te van a matar’. No la convencí, no quiso, le di la bendición y le dije: ‘Vete, pero mañana si vives me lo dices para estar tranquilo’. Al día siguiente, el sábado, cuando todo estaba más pacificado me viene una muchacha que no sé quién es y me dice ‘yo soy la de anoche’. Le digo, bueno menos mal porque hiciste una locura andando de pie en la plaza vacía”, relata.

Para Oliva, aquella gesta ciudadana valió la pena, a pesar de que muchos de aquellos jóvenes luego traicionaron la memoria de la lucha pactando acuerdos políticos con los sectores más retrógrados. Sobre aquellos, el pa’i lamenta el camino que tomaron, pero no olvida lo que hicieron por la democracia. “Ellos se jugaron la vida ahí y cuando hubo alguno de fuera que quiso imponerse y meter sus ideas ellos dijeron que no, que ahí se manejaban de otra manera, ‘no queremos violencia, lo que queremos es que no pasen y nada más’”, asegura.

A sus 90 años, el pa’i Oliva no da vueltas para explicar por qué era importante estar en la plaza: “Lino Oviedo representaba el fascismo militar. (…) Las palabras que más decíamos en el Marzo Paraguayo era ‘dictadura nunca más’. Y para nosotros Lino Oviedo era un dictador”.

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