Política

Marzo Paraguayo: El último partido de Henry

El viernes 26 de marzo de 1999 Olimpia perdió ante el Corinthians en el estadio Defensores del Chaco. Era un partido por la Libertadores y esa fue la última vez que Henry David Díaz Bernal pudo ver a su querido Decano.

Henry tenía 20 años, estudiaba Informática, trabajaba como auxiliar de un estudio de Ingeniería y era miembro del Centro Familiar de Adoración Cristiana, pero su gran pasión era el Olimpia, tanto que integraba la barra Mafia Negra.

La semana que modificó el mapa político paraguayo se inició el martes 23 con la muerte del vicepresidente Luis María Argaña, para el viernes ya se había producido suficiente violencia. Pero nadie se imaginaba lo que nos deparaba aquel viernes negro.

Cerca de las 17.00, la Policía logró desalojar a los manifestantes de la plaza quienes tuvieron que replegarse cerca de la Catedral. Entonces los oviedistas ocuparon el sector y nuevamente crecieron los enfrentamientos. Es cuando el presidente Cubas ordena la salida de las Fuerzas Armadas, y cuando llegan los tanques y las tropas al centro de Asunción se encuentran con las barricadas ciudadanas.

Ya en horas de la noche, la Policía hizo una alevosa retirada y dejó el escenario preparado para la tragedia. Con el camuflaje de la explosión de las bombas 12x1 comenzó la labor de los francotiradores oviedistas apostados en los edificios cercanos al Congreso. Una batalla campal se desató hasta bien entrada la madrugada con un saldo de 7 jóvenes muertos y más de 700 heridos.

En la noche del viernes 26 de marzo Henry fue al Estadio Defensores del Chaco para alentar a Olimpia contra el Corinthians. Su club perdió, después de un confuso episodio con apagón en el entretiempo y la fuga del DT, el uruguayo Luis Cubilla. Pero la barra hizo lo que miles de jóvenes hicieron en esa gloriosa semana de marzo: marchó hasta la plaza, con la bandera franjeada y la paraguaya. “Si hoy yo muero, muero por mi patria”, dicen que le dijo Henry a su amigo Virginio Rodas, y un francotirador le acertó con dos tiros de bala en la cabeza. Henry cayó en la vereda del Ministerio de Hacienda, frente al Teatro Municipal, sobre la calle Presidente Franco. Estuvo internado sin signos vitales durante varios días en el Hospital Universitario, hasta fallecer.

Víctor Hugo Molas

Otro miembro de Mafia Negra cayó aquella noche en la plaza. Víctor tenía 37 años y fue herido en la cabeza durante el ataque a la plaza. Trasladado al Hospital de Clínicas, se negó a permanecer allí porque quería seguir peleando junto a sus compañeros. Rechazó a los médicos que intentaron curarlo y regresó en la misma ambulancia. Volvió a la plaza a arrojar piedras y petardos, hasta que cayó muerto.

Víctor Hugo Molas estaba casado con Esther Gini, con quien tuvo tres hijos. Este ex alumno del Colegio Nacional de la Capital militaba en el Partido Liberal y trabajaba como un emprendedor microempresario.

“Pensamos que habría golpeados, no baleados”

El doctor Edilberto Rivarola salió de su guardia en el Sanatorio Italiano en la tarde del 26 de marzo y fue a la plaza para protestar contra el gobierno. Acostumbraba a encontrarse en las manifestaciones ciudadanas con los mismos médicos que más de una década atrás habían marchado contra Stroessner. Sin embargo, el gastroenterólogo jamás pensó que al salir de trabajar aquella tarde pasaría toda la noche y madrugada del día siguiente asistiendo a heridos de bala.

“Pensamos que habría golpeados, traumatizados, intoxicados por los lacrimógenos, cosas que siempre aparecen. Se llevan todos los medios, agua, analgésicos, inyectables, corticoides, siempre los médicos contamos con eso en los vehículos. En esa época se usaban todavía los maletines y justo coincidió con que era a la noche la convocatoria, a la tardecita noche y la gran mayoría salíamos de nuestros consultorios o de las guardias de los sanatorios”, relata el médico.

“Lo que nosotros no esperábamos jamás es que aparezcan esos balazos. En medio de la euforia y ruido uno no podía distinguir bien si eran disparos o petardos, hasta que alguien dijo: ‘¡Herido! ¡Herido de bala! ¡Un médico, por favor!’. Teníamos que protegernos todos pero cuando gritaron por un médico, ahí no tenés vuelta que dar”, asevera Rivarola. En una de las icónicas fotografías del Marzo, él y sus colegas Luis López y Félix Ibieta cargan a un hombre que recibió un disparo en el abdomen.

“Nos quedamos suturando, administrando agua dentro de la Catedral, dentro del predio de la Universidad Católica, entre la Catedral y la universidad en esa explanada que tiene la universidad y también en un patio interno al aire libre. Éramos 15 a 20 médicos y estudiantes de Medicina. Trabajamos con el servicio de ambulancias de Emergencias Médicas. Nos proveyeron de sueros, equipos, guantes, materiales para sutura, nos empezaron a traer todo, y ahí montamos una atención a heridos y los más graves fueron trasladados hasta el hospital de Clínicas y hasta la unidad de Emergencia Nacional”, rememora.

Además de los médicos y enfermeras que trabajaron voluntariamente, una flota de 70 taxis también trasladaron a heridos a centros asistenciales, funcionarios municipales llevaron los camiones recolectores de basura para reforzar las vallas colocadas alrededor de la plaza, bomberos voluntarios asistieron permanentemente a manifestantes e incluso fueron alcanzados por los ataques oviedistas y policiales y centenares de ciudadanos colaboraron en las cocinas populares.

El trabajo mancomunado permitió que la manifestación se extienda seis días.

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