Correo Semanal

Margarita Xirgu, la verdad escénica

 

Sergio Marín Lafuente

Federico García Lorca, Alejandro Casona o Rafael Alberti son grandes nombres que han quedado grabados en la literatura española gracias a que una actriz apostó por ellos cuando apenas nadie los conocía. Fue Margarita Xirgu.

“La Xirgu” (Molins de Rey, Barcelona, 1888-Montevideo, 1969) fue un “huracán de modernidad” para la cultura iberoamericana y supuso una auténtica transformación para el teatro del siglo XX, que llega hasta hoy, cincuenta años después de su fallecimiento.

Verdad, honestidad y compromiso es el legado que dejó Margarita Xirgu al mundo del teatro, resalta en una conversación con Efe el director artístico del Teatro Nacional de Cataluña, Xavier Alberti, que participó esta semana en una conferencia en Montevideo para conmemorar el 50º aniversario de la muerte de ‘la Xirgu’.

La “verdad escénica” que creó Xirgu, explica el director de escena, fue aplaudida en su momento e implicó “conocer profundamente el patrimonio y apostar profundamente por la contemporaneidad”.

Así, no tuvo ningún problema en arriesgarse y formar parte de obras de jóvenes promesas, todavía desconocidas, como Federico García Lorca, Rafael Alberti o Alejandro Casona, aunque ello supusiera perder dinero.

“La Xirgu” es una mujer que se arruina miles de veces porque ella sabe que dentro de su teatro hay que apoyar a una joven generación que va a cambiar el paradigma del teatro español, insiste Alberti.

A cambio, añade el experto, actuó en “infinidad de obras comerciales que seguramente la aburrían soberanamente” para poder sostenerse económicamente.

Para el director catalán, Xirgu transformó estéticamente, ideológicamente, administrativamente e incluso a nivel empresarial el paisaje escénico en la España del siglo XX.

Sin embargo, la “larga noche del franquismo (1939-1975)”, dice, ocultó en cierta forma a la actriz tanto en Cataluña como en el resto de España.

‘La Xirgu’ se encontraba en América Latina de gira cuando estalló la Guerra Civil española (1936-1939) y ya permaneció exiliada hasta su muerte en 1969 en el Nuevo Continente, donde ejerció como representante y defensora del idioma catalán y de los valores de la democracia.

Lo “efímero” del teatro, indica Alberti, tampoco ayudó a que su figura permaneciera.

“Esos legados, cuando no están sustentados por memoria, cuando no están sustentados por estudios, cuando no están sustentados por un análisis profundo de lo que se ha producido, el tiempo se lo lleva”, admite.

Una de sus aprendices en la Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático de Montevideo, que hoy lleva su nombre, fue la uruguaya Estela Medina (1932), conocida como “la dama del teatro” y Primera Actriz de la Comedia Nacional del Teatro Solís, la cual también dirigió Xirgu.

De ella aprendió a declamar el verso a tal nivel que cuando la escuchas “oyes a Margarita”, asegura Ramón Jarne.

“Genia absoluta y total”, en palabras del gestor cultural, Xirgu llegó a aprenderse 50 papeles protagonistas por gira, lo que demuestra “una mente absolutamente prodigiosa”.

“(Xirgu) fue un auténtico huracán de modernidad, de calidad y de fuerza muy importante para la cultura iberoamericana”, concluye Ramón Jarne.


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