Opinión

Mantener déficit fiscal o acelerar la economía

Alberto Acosta Garbarino, - presidente de Dende.

Cuando uno se encuentra ante un problema, hay una creencia general de que siempre existen alternativas buenas y malas para enfrentarlo. Sin embargo, en la mayoría de los casos, las opciones o son todas buenas o son todas malas. Este es el caso actual del Paraguay, que se encuentra enfrentando una importante crisis económica, cuyas opciones de solución son aparentemente todas malas. Esa fue la conclusión de la reunión que se realizó el jueves pasado entre las autoridades del Ministerio de Hacienda e importantes economistas de nuestro país, donde fue presentada nuestra delicada situación fiscal.

La contracción económica de este año está ocasionando una menor recaudación tributaria, consecuentemente el déficit fiscal proyectado podría superar el 1,5 por ciento presupuestado, violando el límite establecido en la Ley de Responsabilidad Fiscal. Ante esta situación, aparentemente solo quedan dos alternativas y ambas son malas: una es frenar las inversiones presupuestadas para no pasar el tope del 1,5 por ciento, pero agravando la contracción económica, y la otra es seguir ejecutando las inversiones previstas y violar el límite de déficit del 1,5 por ciento, pero ayudando a reactivar la economía.

Aparentemente el gran dilema que tenemos es cómo conciliamos el respeto a la Ley de Responsabilidad Fiscal –que es imprescindible para nuestra estabilidad macroeconómica– con la necesidad de que el Estado pueda actuar contracíclicamente. Si leemos detenidamente la Ley de Responsabilidad Fiscal, vemos que este es un falso dilema, producto de una interpretación y de una aplicación de la ley, tanto por el Gobierno de Cartes como por el de Marito. Ambos gobiernos interpretaron que la ley nos permite tener déficits fiscales “permanentes”, siempre que no superen el 1,5 por ciento del producto interno bruto, y es lo que se ha hecho en todos estos años.

Esa interpretación no es cierta, la Ley de Responsabilidad Fiscal, en su artículo 3, define como principal objetivo de la misma el EQUILIBRIO FISCAL (ingresos = gastos) en un horizonte de una planificación fiscal de 3 años. Dentro de un equilibrio de mediano plazo, la ley permite un eventual déficit fiscal en un año, siempre que no sea MAYOR al 1,5 por ciento.

Esto quiere decir en términos sencillos que el presupuesto debe estar EQUILIBRADO en un horizonte de mediano plazo y que está tolerado un déficit fiscal en un año, de hasta el 1,5 por ciento, con lo cual, en los otros años, debe lograrse un superávit que permita volver a equilibrar las cuentas.

Como excepción, en los casos de emergencia nacional y fuerte caída de la actividad económica, el artículo 11 de la ley permite al Poder Ejecutivo solicitar al Congreso ampliar el déficit fiscal hasta el 3 por ciento, pero SOLAMENTE para ese año.

Mi opinión es que respetando la actual Ley de Responsabilidad Fiscal puede administrarse perfectamente la contracción económica de este año, no para volver a tener déficits fiscales permanentes como lo han tenido los gobiernos de Cartes y de Marito desde que se aprobó la ley; sino para tener como foco el equilibrio fiscal, con eventuales déficits del 1,5 por ciento para actuar contracíclicamente, el cual podrá ser elevado hasta el 3 por ciento en un año de grave caída de la economía.

Debemos reforzar la importancia del equilibrio fiscal, recordando las palabras pronunciadas hace unos años por el ex presidente del Gobierno español, el socialista Felipe González, cuando dijo que “tener un presupuesto equilibrado y una moneda sana, no es de izquierda ni de derecha, sino es la primera responsabilidad de un gobernante”.

Ese es el espíritu y esa es la letra de nuestra Ley de Responsabilidad Fiscal, que es un instrumento fundamental para un manejo ordenado de nuestras finanzas públicas, para contener los deseos populistas de nuestros políticos y para permitir el desarrollo sostenible de nuestro país.

Respetémosla.

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