Correo Semanal

Mamóiko reho ysoindy

 

Mario Rubén Álvarez

La ecología, en su vertiente de preservación de la naturaleza desde la conciencia de que cuidándola se contribuye a una mayor calidad de vida humana, es un tema que el cancionero popular paraguayo casi no aborda. Hay sí estupendas descripciones de entornos naturales, pero sin llegar a una toma de posición con respecto a las agresiones que sufren.

Una excepción a esa actitud está expresada en el grupo Los Corales. Ramón Riquelme –nacido en Santa Elena, Cordillera, el 31 de agosto de 1950, y fallecido en Asunción, el 31 de mayo de 2010, en San Lorenzo–, su esposa Aurora Montiel y su hijo David Ulises Riquelme Montiel habían asumido, desde la poesía bilingüe y el canto, un compromiso militante explícito con la defensa de la naturaleza, la denuncia de los atropellos que sufre y la promoción de su cuidado. Evidencia de ello queda en su numerosa discografía con obras referidas al medioambiente. Ya en la dictadura lo habían hecho en favor de la democracia y la libertad.

El libro Grito por la vida –de Aurora Montiel–, que acaba de ser reeditado, reúne los textos más significativos del cauce ecológico de la producción de Los Corales. A los textos –traducidos en algunos casos–, les acompañan breves comentarios y las partituras musicales en cada caso. El agregado del disco con las obras incluidas en ella le da un plus pedagógico de gran valor.

“El sueño de Ramón fue siempre contar la historia de Los Corales. Su partida a la eternidad le impidió continuar lo que había comenzado a escribir. Lo continué yo”, empieza a relatar Aurora.

“Hubo una circunstancia feliz e increíble que me ayudó a concretar el libro. La escritora chilena Elizabeth Manosalva vino a buscar a su hermano, el músico y compositor Jackson Manosalva –quien vivió muchos años en Paraguay–, sin saber siquiera dónde vivía. Por una casualidad tomó contacto con nosotros y pudo encontrar a su hermano. Nos amigamos con ella. Y con su aliento y colaboración, ya vía internet cuando ella regresó a su país, pude darle forma al libro que se publicó primero en Chile. Fuimos allá para las presentaciones. La primera fue en Isla Negra, en el museo Pablo Neruda; la segunda, en la Sociedad Chilena de Escritores”.

La edición chilena de 300 ejemplares quedó agotada. Por eso se imponía la reimpresión en Paraguay.

Ello se concretó en diciembre del 2018 con la cooperación del Fondo Nacional de la Cultura y las Artes (Fondec) y la UniNorte.

Una de las letras de ese libro es Mamóiko reho ysoindy (Dónde te has ido, bichito de luz). El ysoindy es un tipo de luciérnaga, un insecto volador que emite unas lucecitas claramente detectables en la noche. Su hábitat preferentemente son los lugares bajos y la proximidad de los bosques.

En el título de la obra hay un dramatismo contenido.

Ello se desborda en los versos en guaraní cuando el autor pregunta si el motivo de su ausencia en el aire era el veneno de las fumigaciones o la deforestación que quemaron sus alas nocturnas. El autor, con maestría, desde la perspectiva del amor, mezcla lo personal con la ausencia del mbyja ku’ikue sakâmi (pedazo luminoso de estrella). Ramón Riquelme había escrito antes, en el 2001, Ysoindy donde no aparecía el rasgo ecológico. Aquí la luciérnaga es el sueño que se persigue sin alcanzarlo nunca. Equivale a la mariposa –en Panambi vera–, de Manuel Ortiz Guerrero.

“Ramón escribió la letra de Mamóiko reho ysoindy, en agosto de 2002. Luego, para la música, intervinimos David y yo. Así era nuestro método de creación. Él comenzaba con la guitarra la melodía y luego, entre los tres, fuimos madurando esa polca-canción”, concluye Aurora Montiel.

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