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Lula se queda en la prisión, pero vuelve a centrar los focos

AFP

RÍO DE JANEIRO, BRASIL

El ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva sigue preso, pero la confusión judicial que se produjo el domingo en torno a su posible liberación volvió a colocar al líder de la izquierda en el centro del debate electoral en Brasil.

El timing era perfecto: dos días después de la eliminación de la Seleçao en la Copa del Mundo, los brasileños ya no estaban con la mente obnubilada por el fútbol y la política podía retomar sus derechos.

Y la defensa de Lula eligió precisamente el fin de semana en el que un juez supuestamente favorable a sus intereses estaba de guardia para presentar el enésimo pedido de hábeas corpus a través de tres diputados del Partido de los Trabajadores (PT).

El ex presidente (2003-2010), que purga desde hace tres meses una pena de 12 años y un mes de prisión por corrupción, encabeza las intenciones de voto para las elecciones presidenciales de octubre a pesar de que su candidatura tiene grandes chances de ser invalidada por la justicia electoral.

El domingo por la mañana, sin que nadie lo esperara, la noticia estalló como una bomba: el juez Rogerio Favreto, de la Corte de Apelaciones TRF4 de Porto Alegre (sur), ordenó liberar al ícono de la izquierda.

La prensa brasileña no pasó por alto que el magistrado fue miembro del PT durante cerca de 20 años y que trabajó en varias ocasiones como consejero del Gobierno de Lula.

En un guion digno de telenovela, empezó un pulso de órdenes y contraórdenes entre Favreto y los jueces y fiscales que se oponen a la liberación de Lula. Para poner fin a toda esa confusión, el presidente del TRF4 acabó decidiendo en la noche que Lula permanecería entre rejas.

Para los seguidores del ex obrero metalúrgico, el entusiasmo pasó rápidamente a la cólera. “¡Qué vergüenza para el sistema judicial brasileño! Vale todo para perjudicar a Lula y, en consecuencia, a la democracia y al pueblo brasileño”, dijo la presidenta del PT, Gleisi Hoffmann.

Para numerosos juristas, la verdadera víctima de todo este enredo es el propio sistema judicial brasileño, cuya credibilidad quedó fuertemente en entredicho.

La realidad es que Lula, sin salir de la prisión, volvió a centrar todos los focos del gigante latinoamericano.

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