Política

“Los partidos han tenido dificultad en reinventarse y responder al mundo”

El primado colombiano cree que la política puede dignificarse en la medida en que se trabaja en la transformación de las personas. Habla de la incoherencia de ciertos católicos con responsabilidades políticas.

El presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), y arzobispo de Bogotá, cardenal Rubén Salazar Gómez, participó del Encuentro de Laicos Católicos que asumen responsabilidades políticas al servicio de los pueblos de América Latina, que tuvo lugar en Atyrá, la semana pasada. Un espacio propiciado por la Pontificia Comisión para América Latina (CAL) del Vaticano.

Durante tres días, pastores y dirigentes políticos de varios países reflexionaron sobre la política como servicio, como la búsqueda del bien común de los pueblos, y de los dirigentes políticos “capaces de movilizar vastos sectores populares en pos de grandes objetivos nacionales y latinoamericanos...”, (mensaje del papa Francisco). Con el cardenal Salazar hablamos de estos y otros temas.

-¿De qué manera interpela a la Iglesia el hecho de que gran parte de los políticos latinoamericanos han sido y siguen siendo de confesión católica, y sus actuaciones en nada condicen con tal condición?

-Yo pienso que eso refleja una situación que no solamente se aplica a la política como tal, sino a toda la vida de las personas. Hay una tendencia a separar lo que es la fe, reducida sencillamente a un sentimiento o a un punto de vista absolutamente privado, personal, y luego la vida en general, y por supuesto también la vida pública. Esto, más todavía cuando hay un ambiente que es contrario a los valores fundamentales del Evangelio. Entonces, es más fácil dejarse llevar por el ambiente, por las corrientes que se presentan, y no hacer la resistencia necesaria para presentar los puntos de vista fundamentales que nacen de una vivencia del Evangelio. La fe no es una ideología, esto tenemos que tenerlo perfectamente claro, es un encuentro personal con el Señor, pero de ese encuentro personal nace toda una manera de vivir, de enfocar la existencia y las relaciones humanas, desde los principios fundamentales del cristianismo.

Indudablemente en la mayoría de estas personas (por los católicos), a veces no hay una vivencia fuerte de lo que significa su fe. Esta se reduce simplemente a haber recibido el bautismo, de vez en cuando asistir a la iglesia, pero no hay esa vivencia del Evangelio, y al no haber esta, tampoco hay una coherencia en su vida pública.

-¿Planteado esto en la Iglesia, ha significado cambios desde el punto de vista de la evangelización?

-Yo creo que sí. En América Latina nosotros partíamos del principio de que todo el mundo éramos católicos, porque ciertamente éramos mayoría. Entonces se pensaba que la gente nacía católica, se criaba católica y vivía católica, prácticamente por fuerza del ambiente, y esta es una realidad que queda demostrada que no hay. Nosotros vivimos un momento en el que ser cristiano significa una opción personal clara, que hay que hacer. Que no basta con haber sido bautizado, sino cuando se llega a la edad adulta, hay que optar definitivamente por Cristo, y al hacerlo, indudablemente que nace una transformación personal.

-¿Las exigencias son mucho mayores cuando quien está en el ejercicio del poder se declara católico, es un hombre o una mujer de fe?

-Sí, claro. Hay una responsabilidad mayor porque aun cuando este mundo nunca podrá ser un mundo perfecto, un mundo que se identifique con el reino de Dios, sin embargo, tendrá que ser cada vez mejor. Tiene que ser un mundo en el cual se sienta la presencia salvadora de Dios, y esto indudablemente es la gran tarea que tenemos los cristianos, y los católicos en concreto: Hacer de este mundo el mejor mundo posible, un lugar donde se respete a los demás, en que se viva el compromiso de amor y solidaridad con los demás. Y esa es la tarea fundamental de la política. Por eso yo creo que la política es uno de los campos privilegiados en que aquellos católicos que la ejercen tienen que demostrar la condición, la identidad de ser tales.

-Pero ese esfuerzo no es lo que se percibe ni se constata en un continente de población ampliamente católica, en el que el ambiente es cada vez más adverso, y en el que algunos países, incluyendo el Paraguay, están padeciendo fenómenos como la narcopolítica…

-Sí, desafortunadamente, y esto lo ha dicho la Iglesia en Aparecida y ya lo ha dicho de alguna manera en Puebla, hay una incoherencia entre la realidad de un continente que se declara mayoritariamente católico, en donde vive la mayoría de los católicos del mundo y, sin embargo hay la mayor injusticia, la mayor inequidad, los mayores problemas sociales. Ahí hay una incoherencia, una paradoja, que es muy complicado tratar de explicar a fondo, porque es muy complejo. Es la conjunción de muchas causas, pero pienso que la fundamental ha sido que nos ha faltado una iniciación cristiana auténtica para los jóvenes y los adultos.

Nosotros pensábamos que con el hecho de que el niño fuera bautizado y creciera en un colegio católico o en un ambiente católico, con eso bastaba. Pero no. Benedicto XVI lo dijo claramente: Cada persona tiene que hacer el proceso claro de encontrarse personalmente con el Señor y de optar por Él. Y eso es lo que no hemos propiciado en el interior de la Iglesia. Pienso que por eso estamos hablando de la necesidad de una nueva evangelización, que significa, como ya lo explicaba San Juan Pablo II, una evangelización que tenga en cuenta mucho más estas realidades personales, individuales que, por lo tanto, lleve a cada una de las personas a una verdadera opción por Cristo, a una verdadera adhesión.

-¿Es factible dignificar esa política que se vació de valores y que perdió en gran medida aspectos que les son connaturales, como el sentido del servicio?

-Pienso que es posible. Precisamente uno de los aspectos en que tenemos que trabajar de una manera mucho más consistente y clara es la esperanza. Sostener y vivir siempre la posibilidad de que es posible un cambio hacia lo mejor. De que es posible cambiar estructuras, porque es posible cambiar personas. Cuando se cambian las personas, se pueden cambiar las estructuras. Ese convencimiento, esa convicción clara tiene que llevarnos también a pensar de que puede haber una renovación profunda en la política. En la medida en que vayamos logrando mayores procesos de iniciación cristiana y, por lo tanto, de un más claro compromiso de las personas con Cristo, va a cambiar también la política. Va a recuperar el sentido fundamental del servicio, el sentido del bien común que se ha perdido. Va a recuperar todos esos valores fundamentales como la honestidad, la solidaridad, la búsqueda permanente de ir al encuentro de los más débiles, los más frágiles.

-En estos momentos los partidos políticos afrontan un proceso de descrédito. No se aggiornan, ni forman cuadros dirigenciales nuevos. ¿Qué opina al respecto?

-En la mayoría de nuestros países contamos con partidos que han nacido hace muchos años. Son partidos tradicionales, y tienen dificultad de adaptarse a las nuevas condiciones, y a un mundo que ha cambiado. Puede ser que sigamos con los mismos males de hace muchos años, pero el mundo ha cambiado de tal manera que no siempre es fácil que una institución que tiene mucho tiempo se ponga al día, sea capaz de reinventarse.

Los partidos políticos han tenido dificultad para hacer eso. Para someterse a una reingeniería necesaria para responder a las nuevas situaciones, nuevas necesidades. Por eso es que se han ido quedando atrás y han surgido movimientos, más que partidos. Hoy en día se trata de movimientos, como oleadas, más que estructuras fijas como eran los partidos políticos. Hoy en día vamos más en esa línea, y generalmente al frente de los movimientos hay un líder muy carismático que logra suscitar el seguimiento de muchas personas y, por lo tanto, lograr una gran aceptación y fuerza para ir imponiéndose en el mundo político.

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