Opinión

Los niños o el cachivache

Luis Bareiro – @LuisBareiro

Por Luis Bareiro

El problema principal no es que el parlasuriano Neri Olmedo tenga dificultades para comunicarse en español, ni que reconozca muy suelto de cuerpo que desconoce cuáles son las responsabilidades del cargo para el que se postuló. El dilema madre es que aún si fuera una cruza de Roa Bastos y Cecilio Báez y manejara diez idiomas tendría la misma utilidad para quienes le pagamos la dieta: ninguna.

Los dieciocho compatriotas que elegimos, por imposición de la ley, para integrar el Parlamento del Mercosur (Parlasur) son tan necesarios y productivos como los horrorosos pines de oro con los que se condecoran a sí mismos los senadores y diputados al inicio de cada periodo. Un derroche de mal gusto.

Su única función es reunirse una vez al mes con sus colegas de Brasil, Uruguay y Argentina para intercambiar bocaditos y chismes. Como mucho, emiten un comunicado conjunto al que los periódicos le dan 15 líneas a pie de página. Y nada más.

No tienen una función legislativa y ninguna resolución suya posee fuerza de la ley. Es un show de fantasía para fingir que avanzamos hacia la integración.

Por eso en Brasil y Uruguay no eligen parlasurianos; simplemente, envían a senadores y diputados electos a que los representen en las pocas y aburridas reuniones que tienen lugar en Montevideo. Los argentinos sí los eligen, pero no tienen dieta. Es lo que se llama carga pública. Solo les pagan pasajes y viáticos.

Como siempre, los únicos tontos somos nosotros. Les cubrimos la dieta, los pasajes, la estadía, el seguro médico vip, el combustible, los pines de oro, los maletines de cuero y vaya uno a saber qué otra chuchería onerosa más. Sumando son como 43 millones de guaraníes por mes para rascarse oficialmente el ombligo.

Lo simpático es que este esperpento no tiene rango constitucional. No figura en nuestra Carta Magna. Fue creado por ley y puede ser borrado de un plumazo por otra. Ya mismo podemos dejarlos sin dieta (que sean una carga pública) y sin fueros (para los que están huyendo de la Justicia), o pagarles por día trabajado, o sencillamente eliminar los cargos y que designen en ambas Cámaras a algunos de los tantos que están de adorno para que vayan a ornamentar Montevideo.

Hacerlo nos ahorrará cinco millones de dólares por año, unos 25 millones de dólares en todo el periodo; monto que coincide notablemente con la suma que se necesita para llegar a la totalidad de los niños de hasta cinco años de edad con el plan de erradicación de la desnutrición infantil.

No hay que inventar nada. El programa ya está vigente (solo que no tiene presupuesto suficiente) y consistente en entregar un complemento nutricional (leche enriquecida) a los niños y a las madres desde los tres meses de embarazo. Así comenzó Chile su reforma educativa en los 70. Miren cómo les va.

Podemos seguir tirando plata en una representación inane o invertir en nuestros niños y garantizar que a futuro tengamos representantes que nos honren. Elijamos: los niños o el cachivache.

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