Opinión

Los infortunios del Paraguay

Por Sergio Cáceres Mercado - caceres.sergio@gmail.com

Para no quedar como un digno descendiente de Blabley, quiero aclarar que entendí el tono chistoso de la columna de Moneco López, el sábado pasado.

En la misma decía no estar de acuerdo con la célebre afirmación de Roa Bastos de que el infortunio se enamoró del Paraguay.

Para él, Moneco, lo ocurrido se dio exactamente al revés: fue el Paraguay el que se enamoró del infortunio y lo peor es que fue correspondido.

Inicio con esta aclaración porque quiero traer a colación otra posible explicación a tal inveterada mala suerte como nación, explicación que no será mía, sino tomada de otro y que no tendrá la carga humorística que logra un maestro como López (da miedo debatir con semejante apellido).

Un conocido de Poli Lacana, el doctor Pastor Mengele, me recomendó un libro que, según me dijo, es de lo mejor que se ha escrito para entender el devenir histórico de la nación paraguaya "a pesar del horrible nombre de su autor". No entendí esto último, pero lo cierto es que se trataba de Mauricio Schvartzman y su magnífico libro Contribuciones al estudio de la sociedad paraguaya, reeditado recientemente por la Secretaría Nacional de Cultura.

Resulta que, para Moneco, el infortunio paraguayo no se refleja tanto en las tomas de poder absolutos de un Francia o los López, sino en la pasividad del pueblo, en ese dejar hacer exasperante de nuestra gente que solo atinaba a padecer mientras en sus narices el despotismo se acrecentaba todos los días, incansablemente.

Es el infortunio haciéndose carne, diría Roa Bastos o Moneco. Schvartzman dice otra cosa.

Para el investigador social, de acuerdo a la herencia escrita que dejó a la posteridad, existen condiciones materiales que explican la larga duración de los diversos autoritarismos que reinaron en el Paraguay a sus anchas

Utilizando categorías de Antonio Gramsci (otro nombre que causa escozor a Pastor Mengele) va mostrando que la sociedad política paraguaya creció sin una sociedad civil paralela.

La primera tomó el control coercitivo del Estado porque las condiciones que venían desde la Colonia no permitieron una sociedad civil madura.

Schvartzman, como buen investigador social, no recurre a figuras supersticiosas como el infortunio o la mala diosa fortuna, comprensibles en un realista mágico como Roa Bastos o un Moneco López, cuyos devaneos místicos solo pueden atribuirse a las tertulias que mantiene con su Tía Peloncha.

En lo que todos coincidimos es que nos tocó vivir en un país que no es de maravillas, mal que le pese a don Herminio Cáceres (otro apellido con el que no hay que debatir).

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