Editorial

Los fondos para la educación y la investigación deben mantenerse

Los debates y las negociaciones que se desarrollan alrededor del presupuesto público siempre son reveladores sobre la posición que tienen los actores sociales respecto a determinados temas. Esta posición muestra el rol o la relevancia que cada uno de ellos les da a los diferentes grupos poblacionales, a los factores que determinan el desarrollo o a los intereses colectivos. La semana pasada la educación estuvo en el centro de las discusiones, debido al recorte realizado por la Comisión Bicameral de Presupuesto al Fondo de Excelencia para la Educación y la Investigación (FEEI) y que se espera sea revertido por la Cámara de Senadores. Sin educación y ciencia y tecnología estaremos confinados a permanecer en los últimos lugares de cualquier indicador de desarrollo. Ya invertimos poco, y si lo poco que invertimos termina desviándose no hay ninguna posibilidad de avance.

El FEEI es un fondo creado específicamente para apoyar la educación y la ciencia y tecnología. Paraguay es uno de los países de menor inversión en ambos ámbitos.

Es una realidad bien conocida que nuestro país invierte en educación menos que el promedio latinoamericano, y alrededor de un cuarto del promedio en ciencia y tecnología.

Siendo un país de ingreso medio alto y con un importante éxito económico en los últimos 15 años es inexplicable que nuestro esfuerzo fiscal esté más cerca de los países de menor desempeño económico o que enfrentan eventos climáticos catastróficos como huracanes.

A nivel mundial, mientras los países que se desarrollaron llegaron a inversiones superiores al 9% del PIB en ambas funciones, Paraguay apenas llega al 3%.

Frente a este contexto tan adverso para el desarrollo, la Bicameral de presupuesto tomó la decisión de hacer recortes para financiar áreas que no cuentan con la justificación suficiente ni con la legitimidad social.

Los parlamentarios que votaron a favor de traspasar esos recursos a otras funciones no consideraron los argumentos a favor de la educación ni las necesidades o derechos de la niñez, uno de los sectores más afectados por la pandemia y cuyas consecuencias les acompañarán por el resto de sus vidas.

Estos parlamentarios no representan a la ciudadanía, así como evidentemente tampoco representan los intereses nacionales. Al contrario, representan a un sector político cuyo único interés es el personal, y cuyo soporte social se basa en el prebendarismo.

Estos políticos saben muy bien que con mayores niveles educativos, la ciudadanía podría adquirir autonomía económica y pensamiento crítico, así como también que el país puede aumentar sus niveles de productividad y competitividad, mejorando el desempeño económico de la mayoría de la población.

En estas condiciones, ellos no tendrían nunca una oportunidad en ningún ámbito de poder, por lo cual toman decisiones que garantizan que las condiciones de dependencia económica y política de una amplia proporción de la sociedad se mantenga y ellos puedan sacar rédito. Al invertir lo menos posible en educación e investigación, la sociedad no podrá elevarse un poco más allá de la media ni adquirir conciencia.

Con políticos como estos, Paraguay nunca saldrá del subdesarrollo.

Con esta clase política continuaremos con elevados niveles de pobreza y desigualdad, y seguiremos sin capacidades educativas y técnicas para mejorar las oportunidades económicas; y sin investigación y desarrollo para mejorar nuestro nivel de rendimiento económico e inserción internacional.

Sin educación y ciencia y tecnología estaremos confinados a permanecer en los últimos lugares de cualquier indicador de desarrollo.

Ya invertimos poco, y si lo poco que invertimos termina desviándose no hay ninguna posibilidad de avance. Esperemos que la Cámara de Senadores revierta la situación.

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