Política

Los conflictos no se resuelven con ambigüedades

 

El 11 de setiembre el presidente Mario Abdo Benítez recibió en su despacho a Rodolfo Friedmann. Entonces las especulaciones ya anunciaban lo que posteriormente se concretaría: Que el guaireño dejaría su banca en el Senado para satisfacer uno de los condicionamientos de Horacio Cartes tras el salvataje del juicio político.

Ese día el festejo por el aniversario de la ANR fue desabrido. Se anunciaba una sorpresa y se especuló que Cartes aparecería para el famoso abrazo republicano. Pero nada pasó. El día anterior, Pedro Alliana, diputado, presidente del partido y principal vocero de Honor Colorado, dio pistas del malestar de su líder: “Hay todavía cierto dolor, todavía no está curada la herida. De parte de Cartes y Honor Colorado para con Añetete gestos sobran”.

Esa ausencia aparentemente aceleró los hechos y Marito ejecutó el plan para calmar enojos: Sacó a Friedmann del Senado para llevarlo al Ministerio de Agricultura y Ganadería, provocando un virulento repudio del sector productivo, nunca antes visto, además del rechazo ciudadano no solo porque una vez más el Estado se reducía a una pieza de ajedrez para resolver conflictos colorados, sino porque, según informaciones no desmentidas por el afectado, el flamante ministro ni siquiera terminó la secundaria y no le avalaban experiencias exitosas que pudieran saldar esa carencia. Pretendiendo apagar un incendio, generó otro más desastroso.

DÍA NEGRO. Pero lo peor estaba por venir. Ese 11, a las 14.00, los petardos del festejo colorado dieron lugar a otros explosivos más letales: El narcotráfico dio un golpe que conmocionó a la sociedad. En un operativo con la precisión de relojería, fue liberado el reo de alta peligrosidad Teófilo Samudio, alias Samura, desnudando una vez más la complicidad institucional. En la liberación falleció un comisario y fueron heridos dos guardias. La balacera alcanzó a un automovilista que salvó su vida de milagro y la crisis arrastró finalmente al ministro de Justicia, JJ Ríos. En su reemplazo asumió el ex diputado y ex fiscal Eber Ovelar, nombramiento polémico que pasó desapercibido gracias a la indignación por Friedmann.

El caso Samura descorre una vez más el velo de la putrefacción institucional. La serie de errores para relajar la custodia del narcotraficante y que posibilitaron su sangrienta fuga muestran a las claras que el enemigo más grande que tiene el Gobierno está en sus propias entrañas: En la administración de los penales, en la Policía, en la Fiscalía y el Poder Judicial. Por tanto, la cacería no solamente debe circunscribirse a la búsqueda y captura del capo narco y sus secuaces, sino también de los funcionarios del Estado que están en la cadena de custodia de los narcotraficantes.

El propio presidente admitió que la fuga fue una entrega: “Hubo corrupción, dinero de por medio. Eso permeó a las autoridades. Se nota que se pagó y hubo complicidad de organismos del Estado”. Nada más que agregar.

CAMINO ERRADO. Ante la gravedad de hechos sucesivos que tienen como protagonistas a bandas criminales brasileñas como el PCC y el Comando Vermelho en los sangrientos motines carcelarios, Mario Abdo considera que la solución es que las FFAA combatan al crimen organizado. Una propuesta peligrosa en un país con debilidad institucional y corrupción rampante. El fracaso de la Fuerza de Tarea Conjunta es el mejor ejemplo para frenar la pretendida enmienda constitucional. Fue creada hace 6 años, con resultados magros y denuncias de violaciones de derechos humanos por doquier. México y Colombia refuerzan la tesis peligrosa de involucrar a los militares en asuntos civiles. Es un tema muy grave que no puede tratarse a tontas y a locas.

En medio de esta nueva crisis, Mario Abdo debe decidir si es un presidente con liderazgo para imponer su hoja de ruta o aceptará los condicionamientos del cartismo a cambio de gobernabilidad. El caso Friedmann muestra esta dualidad; por un lado busca complacer a Cartes, pero al hacerlo a medias finalmente no desactiva la bomba. “Marito se burla de nosotros”, dijo un cercano al tabacalero y agregó que no se restituye la institucionalidad con el pedido de permiso y que Friedmann y Gusinky deben renunciar.

El presidente está pagando una vez más su incapacidad para tomar decisiones. Se esperaba que el 15 de agosto cambiara su Gabinete e iniciara una especie de refundación tras su agonía política, pero no solamente no lo hizo, sino que ratificó a sus ministros hasta fin de año. Hoy, las presiones internas de su partido o las crisis coyunturales deciden por él. Por eso es un contrasentido su reclamo de que lo dejen gobernar los siguientes 4 años. Es él quien debe convencerse primeramente de hacerlo, con sabiduría para entender que debe desprenderse de sus amigos incompetentes, valentía para enfrentar a sus enemigos y claridad para indicar el camino.

Nada logrará con ambigüedades ni medias tintas. Esa forma irresoluta de gobernar lo muestra como un náufrago que navega a la deriva empujado por la inercia de su propia incompetencia.



Dejá tu comentario