Lorito óga: Caricatura del machismo paraguayo

El meme que llega a través del WhatsApp parece chistoso, pero no es inocente y esconde mucho más de lo que dice. En esta nota reflexionamos sobre las diversas representaciones del machismo paraguayo.

Brigitte Colmán
bcolman@uhora.com.py


Nadie sabe bien de dónde viene la expresión, pero está clarísimo que se sabe el porqué se dice. El escritor y periodista Mario Rubén Álvarez explica que la especie lorito es propia del monte, y que hay varios tipos: el chiquito, el maracaná, el loro grande e incluso entra el papagallo en la lista. "Bueno, el lorito óga es el lorito domesticado, el lorito amansado, el lorito que perdió su libertad. Te tienen en una jaula, en una latita te dan comer, etc. De ahí con la comparación del hombre que se queda en la casa, atado, enjaulado, imposibilitado de ir a vagar, a chupar, jugar partido", relata.

Agrega que para el hombre es fatal, "porque vos aunque seas un dominado tenés que dar la sensación de que no, y si es evidente que sos un lorito, sos un hazmerreír. Así opera la cultura machista, y para que no digan eso de vos, tenés que inventar alguna cosa y salir".

Una caricatura es un retrato con intención humorística o crítica; la caricatura distorsiona y exagera, y es exactamente lo que supone la figura del lorito óga. El apelativo esconde algo más profundo que a veces queda sepultado por la anécdota.

MAESTRA MÉNA
. Para Myrian González Vera, directora del Centro de Documentación y Estudios (CDE), redactora del informe sobre violencia de género del Informe de Derechos 2017 de la Codehupy, "el lorito óga es el mejor ejemplo de la desigualdad de género, que afecta a los varones".

¿Por qué? "Porque lorito óga se dice del hombre que no está cumpliendo con un rol de género, que es ser el jefe de la familia. Un jefe es a quien uno tiene que obedecer, es quien ordena y los que están bajo su dominio obedecen", dice Myrian, y apunta: "El lorito óga invierte esa jerarquía de roles de poder, por eso hay una cuestión de desigualdad de género hacia los hombres que incumplen el rol masculino, el ser jefe". Ya que el lorito óga le tiene que pedir permiso a su señora, hace cosas de la casa, "depende de otra persona que le conceda el permiso para hacer cosas".

El lorito no es la única muestra de la cultura que se refiere al menoscabo hacia el varón que –por decirlo de alguna manera– no cumple sus roles asignados por la sociedad o por la cultura. Myrian menciona otra caricatura muy usada en Paraguay: el "maestra ména": aquel hombre que vive mantenido, y quien le mantiene es la maestra.

"En los pueblos en general, hay obviamente una mayor posibilidad de empleo para quien es maestra, y no siempre los hombres pueden acceder a una profesión o a unos estudios que le den empleo. Maestra ména es aquel que se queda en la casa y es mantenido por la esposa. Eso también es un castigo, es decirle a alguien que es un inútil".

González Vera señala que, en este caso, también el varón está rompiendo un rol de genero de la sociedad tradicional, que es que el hombre es el que tiene que ser el proveedor en la casa. "Esos memes y caricaturas reflejan nuestros comportamientos sociales y colectivos, en el marco de una cultura que ubica a las mujeres en un lugar y a los hombres en otro lugar".

El lugar de la mujer. Pero, de verdad, en la sociedad paraguaya, ¿el lugar de la mujer sigue siendo el mismo? Ana Portillo, estudiante de Sociología y en proceso de elaborar la tesina, afirma que el modelo tradicional de separar los ámbitos concebidos como femenino y masculino permanecen. "Todavía pesa muchísimo la idea de que el ámbito doméstico es el ámbito de la mujer, y el ámbito público profesional es el ámbito por excelencia masculino. Lo que sí cambió en términos del acceso de la mujer al mundo del trabajo es que ella también entra al ámbito público, concebido como productivo, es decir, trabajo asalariado".

Portillo aclara, sin embargo, que el acceso al mundo del trabajo trae una doble carga a las mujeres, "porque no es que se comenzó a compartir el ámbito doméstico. Sigue muy legitimada esa práctica de que el hombre no tiene por qué hacerse cargo de ningún tipo de tarea hogareña o de crianza".

MICROMACHISMO. Una mujer muerta como resultado de la violencia ejercida por su pareja es el final del camino; de un camino que estuvo sembrado no solo de violencia física, sicológica y verbal, sino también de la que no se ve, pero que está presente en cada parte de nuestra vida. Es el machismo con el que convivimos y que tiene formas de manifestarse que aparecen ya prácticamente "normalizadas".

Este denominado micromachismo es una forma de violencia de género y se expresa de muchas maneras en la vida cotidiana; los chistes son una de sus expresiones.

Llamar lorito al compañero de trabajo disfraza un insulto, pero no solo para el que recibe directamente la etiqueta de "dominado". El insulto es tanto para las mujeres (y sus tradicionales labores domésticas), como para los hombres que –probablemente– conciban las relaciones como un campo más igualitario, en el que no se sienten obligados a ser el jefe, y que no sienten socavada su masculinidad por limpiar la casa o ejercer su responsabilidad con los hijos.


Micromachismo. Parecen chistes, pero no lo son. Estos contenidos son en realidad formas de violencia que están presentes en la vida cotidiana, sutiles (a veces) y pasan desapercibidas. El meme se propaga vía WhatsApp y ayuda a perpetuar el machismo y la desigualdad. Es más que un mal chiste.

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