Correo Semanal

Letras paraguayas en el exilio argentino

 

Gilberto Ramírez Santacruz

El exilio, el éxodo, el destierro o la migración forzosa desde la antigüedad han sido sinónimos del peor castigo aplicado al enemigo político, religioso, raciales o de otra índole, comparable a menudo al castigo de la muerte o encierros y confinamientos perpetuos como opciones atenuantes. De ahí que podemos empezar hablando también del motivo esencial del exilio paraguayo en general y en toda su historia , en especial, en los últimos 150 años, luego de la caída en 1870 del mariscal López en Cerro Corá, hasta entonces el Estado paraguayo se hacía cargo de sus habitantes, y este exilio que queremos abordar está relacionado con la Argentina como país mayoritario de amparo, sin dejar de lado a otros países latinoamericanos y europeos, y aunque lo sabemos todos con mediana claridad a qué se debe el exilio, principalmente, al factor político sin duda y también al constante y excluyente programa económico de los gobiernos, tanto los llamados constitucionales como dictatoriales, implementado en favor de las minorías dominantes, llámese multinacionales, agroexportadores como terratenientes y en contra de las mayorías nacionales, populares y campesinas.

Si bien en 1989 el Paraguay recuperó políticamente su sistema democrático, a través de otro golpe militar pero no lo económico, ya que hasta la fecha produce exiliados o emigrados económicos que exponen a los jóvenes paraguayos a la explotación laboral y violación de sus derechos humanos, incluso a la trata de personas comprobada en los últimos tiempos. En cambio, no tenemos bien claro del porqué del surgimiento de la escritura, de la narrativa, de la poesía, de la literatura en respuesta y resistencia del hombre paraguayo, arrancado de su tierra como hierba mala, con la fácil asociación con aquellos que nombraban en la última etapa de la Doctrina de Seguridad Nacional, “a los malos paraguayos” que difamaban al Paraguay, entiéndase, aquellos paraguayos que criticaban a la dictadura y luchaban contra el “tiranosaurio” roabastiano desde el exilio argentino y otros países del mundo.

Viene a cuento esta enumeración sucinta de los hechos más sobresalientes para intentar sobrevolar la idea de “la incógnita del Paraguay” y su posible explicación, como dijera el estudioso peruano Luis Alberto Sánchez, referido a su literatura, o la “literatura ausente” de Roa Bastos, debido a la oralidad en la esencia de la cultura guaraní o su oratura como expresión ágrafa enfrente a la escritura; ya que todos los episodios trágicos mencionados fueron seguidos por sendas Cédulas reales, durante los 300 años de los comuneros paraguayos, para borrar toda prueba de su existencia de la faz de la tierra, ordenando destruir obras y quemar documentos, anular identidades y prohibir incluso su uso a los descendientes, como el caso de Antequera, y otros adalides, como Fernando de Mompox y Juan de Mena; arrasar sus casas y sembrar luego sal sobre el suelo para que no brote nunca más la rebeldía; en el caso de la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay, durante la ocupación militar de Asunción se produjo un robo monumental y quema de documentos del Archivo de Asunción que hasta la fecha mantiene el Gobierno brasileño bajo siete llaves, para dimensionar la riqueza de documentos que se llevaron; cabe mencionar solo un ejemplo: muchos escritos y códices originales del mismo Ruy Díaz de Guzmán que nunca se publicó el contenido hasta hoy, los documentos más antiguos del Río de la Plata que se encontraban en Asunción, cuyas algunas fojas sirvieron para el fuego y así calentarse los soldados aliados de ocupación en 1869, según consigna Juan Bautista Rivarola Matto en su breve Historia de los comuneros paraguayos, quien escribió como prólogo o introducción de La historia de la Revoluciones del Paraguay del padre Pedro Lozano.

Literatura fragmentaria

Por lo tanto, no es extraño que la literatura paraguaya sea fragmentaria en varios tramos de su historia, incluso considerada desértica en su etapa colonial, por la constante contienda política, guerras y revoluciones, aniquilamientos, exterminios y genocidios durante los tres siglos de lucha comunera, además de los exilios que dispersan a los escritores y sus producciones en el siglo XX. En el caso paraguayo, el mayor exilio de sus escritores, músicos, artistas e intelectuales en general se produjo en la década de los 40 del siglo pasado, una pléyade de creadores se vieron forzados a expatriarse y producir su obra lejos de su entrañable tierra. Entre ellos, Elvio Romero (Destierro y atardecer y Días roturados); Augusto Roa Bastos (El trueno entre las hojas, Hijo de hombre y Yo el Supremo); José María Rivarola Matto (Follaje en los ojos y El fin de Chipín González); Juan Bautista Rivarola Matto (Yvypóra, Diagonal de sangre, El santo de guatambú y La isla sin mar); Epifanio Méndez Fleitas (Diagnosis paraguaya, Psicología del colonialismo. Imperialismo del yanqui-brasilero en el Paraguay y Lo histórico y lo antihistórico en el Paraguay); Carlos Garcete, La muerte tiene color, El collar sobre el río y El caballo del comisario); Félix de Guarania (Penas brujulares, ¡Despierten las palabras! y El Cristo de Collar y otros cuentos); Arnaldo Valdovinos, Carmen Soler, Teodoro S. Mongelós y grandes músicos, como José Asunción Flores, Herminio Giménez, Carlos Lara Bareiro, Mauricio Cardozo Ocampo, Agustín Barboza, por citar algunos.

Si bien antes ya hubo, a finales del siglo XIX y a principios de siglo XX algunos exilios y autoexilios, como el caso de los escritores Marcelino Pérez Martínez, autor del conocido poema en guaraní Rohechaga’u (Añoranza) y Cartas del destierro; Juan de la Cruz Ayala (Alón), autor del libro Desde el infierno, y el poeta Eloy Fariña Núñez, autor del memorable Canto secular, y Gabriel Casaccia, autor de La babosa, Los exiliados y La llaga, que se instaló en Buenos Aires, en 1930; Anselmo Jover Peralta, autor de Paraguay revolucionario, Vida y pasión de la mujer paraguaya; Óscar Creydt, célebre revolucionario comunista, autor de Formación Histórica de la Nación Paraguaya y Del universo inconsciente a la formación del trabajador consciente racional, como también el poeta y lingüista Antonio Ortiz Mayans, autor de letras de canciones populares y de importante Diccionario guaraní-español.

Como queda dicho, el masivo exilio se produjo tras la Revolución de 1947 y el ascenso al poder del general Stroessner en 1954, fue cuando el Paraguay perdió a sus más grandes creadores, muchos de ellos sin haber podido regresar en vida, como Hérib Campos Cervera, autor de Ceniza redimida, quien dejó un manifiesto poético al decir: “El arte debe servir la vida, sea como confesión, sea como bandera. No hay, no debe haber belleza inútil” y luego escribiera también en su poema Regresarán un día…: ”No moriré de muerte amordazada. / Yo tocaré los bordes de las brújulas / que señalan los rumbos del canto liberado.”

Pero es irrefutable que la mayor parte de la literatura paraguaya, como también su música, fue escrita en el exilio, casi íntegramente las obras de Gabriel Casaccia, Augusto Roa Bastos, Elvio Romero, Rubén Bareiro Saguier, Lincoln Silva, Carmen Soler, Rodrigo Díaz Pérez, Juan Manuel Marcos, Catalo Bogado Bordón, Carlos Martínez Gamba, Carlos Garcete, Carlos Pastore, Félix de Guarania, Antonio Ortiz Mayans, Carlos Federico Abente, Armando Almada Roche, Zenón Bogado Rolón, Carlos Agustín Bedoya (Tumbita), Justo Pastor Benítez, Epifanio Méndez Fleitas, Osvaldo Chávez, Rodolfo Báez Valenzuela, Juan Stefanich, Martín Almada, Lino Trinidad Sanabria, Enrique Collar, Celso Ávalos Ocampo, y otros que el extrañamiento no impidió que siguiera la devoción “por el amor que se debe a la patria”, como dijera Ruy Díaz de Guzmán. Lo destacable en estos creadores es la mística con que crearon y lucharon por la libertad de su patria, como un valor supremo y entregados todos ellos a esa devoción que es la patria, heredada de los ancestros guaraníes y los conquistadores comuneros, como Irala y otros, sentimiento de patria en su pueblo que ha servido al Paraguay para sobrevivir a tantas hecatombes y tragedias de exterminio.

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