El Señor nos da la suficiente luz para seguir el camino. Luz en el alma, y luz a través de las personas que ha puesto a nuestro lado.
Pero la voluntad, si no es humilde, tiende a pedir nuevas señales, que ella misma querría también juzgar si son suficientes.
En ocasiones, tras ese deseo aparentemente sincero de nuevas pruebas para tomar una decisión ante una entrega más plena, se podría esconder una forma de pereza o de falta de correspondencia a la gracia.
El papa Francisco al respecto del evangelio de hoy dijo: “Su vida (la de Juan el Bautista) comenzó a abajarse, a disminuir para que creciera el Señor, hasta anularse a sí mismo. Esta ha sido la etapa difícil de Juan, porque el Señor tenía un estilo que él no había imaginado, hasta tal punto que en la cárcel –porque estaba en la cárcel en este momento– sufrió no solo la oscuridad de la celda, sino la oscuridad del corazón:
‘Pero, ¿será Este? ¿No me habré equivocado? Porque el Mesías tiene un estilo tan a mano... No se entiende...’. Y como era hombre de Dios, pide a sus discípulos ir donde Él a preguntar: ‘Pero, ¿eres Tú realmente o debemos esperar a otro?’.
La humillación de Juan es doble: la humillación de su muerte como precio de un capricho, pero también la humillación de la oscuridad del alma. Juan ha sabido esperar a Jesús, que ha sabido discernir, ahora ve a Jesús lejos.
Esa promesa se ha alejado. Y termina solo. En la oscuridad, en la humillación. Se queda solo porque se ha destruido mucho para que el Señor creciera.
Juan ve que el Señor está lejos y él humillado, pero con el corazón en paz”.
(Frases extractadas del libro Hablar con Dios, de Francisco Fernández Carvajal, y http://es.catholic.net/op/articulos/37148/anuncien-a-todos-lo-que-han-visto-y-odo.html).