Opinión

Las mentiras del pescador

Alfredo Boccia Paz - galiboc@tigo.com.py

En la isla San Francisco, cercana al puente Remanso, se ha iniciado la construcción de un imponente complejo comercial y de entretenimientos, con hotel-casino, centro de convenciones, tiendas de lujo y restaurantes.

El emprendimiento es de una empresa norteamericana dedicada a proyectos turísticos y arquitectónicos e implica una inversión de 150 millones de dólares. La noticia parece excelente para un país en el que todos viven quejándose del escaso desembarco del capital extranjero, y más aún, cuando anuncian que la edificación empleará directa e indirectamente a 5.000 personas y que, cuando funcione, aportará 1.400 nuevas fuentes de trabajo.

Había, sin embargo, algo que me intrigaba. El proyecto había avanzado sin obstáculos hasta el estado actual. Eso no era típico en el Paraguay. Cuando hay mucha plata en juego, no suelen faltar los que crean problemas para vender soluciones. Ahora todo se normalizó. La avidez de los buitres nos devolvió el paisaje al que estábamos acostumbrados.

Los Municipios de Mariano Roque Alonso y Limpio se disputan con ferocidad la jurisdicción de la isla San Francisco, un territorio que nunca antes les había interesado. Discuten argumentos históricos, geográficos y jurídicos pero, en realidad, es la posibilidad de impuestos, negocios y ventajas personales lo que despertó esa súbita identidad isleña en sus autoridades.

Sindicatos del rubro pesquero también se manifestaron en la isla y avisaron que bloquearían el río Paraguay. Representan, dicen, a 372 personas que se verían perjudicadas por los trabajos de refulado del río, causante de la huida de los peces. Inicialmente pidieron una indemnización de más de ocho millones de dólares, pues solo en esa parte de la isla ellos pescaban 200 kilos por día.

Como muchos entendidos consideraron absurdo el número real de pescadores y pescados, la cifra del potencial subsidio fue disminuyendo según la apreciación de cada uno de los voceros. Y, ya se sabe, la fama de exagerados de los pescadores es legendaria. Como muestra, esta explicación ofrecida justamente uno de los dirigentes sindicales: “Si bajamos nuestra exigencia de subsidio de 150 millones de guaraníes a 30 millones por cada trabajador fue solo porque en el cálculo inicial incluimos la futura pérdida de nuestros bisnietos, que ya no podrán pescar a causa de la obra”.

Los que fogonean las manifestaciones de protesta son políticos liberales y colorados de Mariano Roque Alonso y Limpio de la peor ralea que se incluyeron -a sí mismos y a sus familiares- durante más de una década en aquellas listas de falsos pescadores que cobraban subsidio por la veda pesquera.

No estoy avalando sin condiciones a los inversionistas. Cuentan con licencia ambiental y deberán demostrar que las construcciones no perjudicarán el ecosistema ni la actividad pesquera. Solo quiero señalar que éste es el Paraguay que siempre conocí. Parece una ficción, pero es solo el fruto del mal ejemplo. Si las altas autoridades actúan como peajeros de las grandes inversiones, ¿con qué cara pueden criticar a los de abajo?

Alfredo Boccia Pazgaliboc@tigo.com.py

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