Opinión

La vida humana

 Luis Bareiro – @luisbareiro

Luis BareiroPor Luis Bareiro

Confrontar ideas sobre cuestiones que afectan los sentimientos siempre resulta complicado y es fácil caer en el error de terminar demonizando a quien defiende una posición distinta a la nuestra, aunque ella esté fundada honestamente en la razón o en las convicciones religiosas o políticas. Me ha pasado, y como la particularidad de mi oficio hace que mis debates sean públicos, he incurrido varias veces en la trampa de la ira generando exabruptos que lejos de arrojar alguna claridad a la discusión solo provocaron mayor confusión y bronca.

Una de esas cuestiones, acaso la más controversial de ellas, es el aborto. Para la mayoría de los creyentes cristianos es un tema que ni siquiera se puede debatir porque afecta uno de los pilares de su fe, la convicción de que todas las personas tenemos un alma desde el inicio mismo de la gestación, y que, por lo tanto, la interrupción de ese proceso es un asesinato. La posición de estos creyentes es pues totalmente coherente con ese principio básico de su fe y nadie les puede condenar por ello.

Por otro lado, hay un sector de creyentes y no creyentes que se plantean dos aristas del tema que tiene que ver con la dura realidad: la legión de niñas (también mujeres adultas) obligadas a convertirse en madres luego de quedar embarazadas producto de una violación; y la cantidad aterradora de abortos que se practican todos los días en la clandestinidad y que deriva en la muerte de cientos de mujeres, en su mayoría, pobres.

Con respecto a estos hechos, hay un abanico de posiciones que van desde permitir el aborto únicamente en los casos de abuso o de embarazos que pongan en peligro la vida de la madre hasta el de legalizar la práctica para reducir las muertes por abortos clandestinos. En general, ninguno de estos grupos consideran el aborto como una práctica deseable, ni mucho menos, sino más bien como una medida extrema.

Las preguntas que nos plantea el problema son realmente terribles: ¿Es justo obligar a una niña abusada a convertirse en madre? ¿Qué culpa tiene el bebé en gestación de haber sido engendrado mediante un abuso? ¿Penalizar el aborto evita que mujeres pobres arriesguen sus vidas abortando en la clandestinidad? ¿Legalizar el aborto para evitar esas muertes es más correcto que penalizar la interrupción de una vida humana?

Como ven es un tema controversial y nunca dejará de serlo. Lo que no podemos ni debemos hacer es encarar el debate satanizando a quienes tienen una posición distinta a la nuestra. Suponer que los millones en el mundo que están en contra del aborto son todos unos fundamentalistas irracionales a quienes no les importan las niñas abusadas o las mujeres violadas, o que los millones que creen inevitable reglamentarlo son unos asesinos de bebés es desconocer la dolorosa complejidad del problema.

No se impondrá una posición difamando al que piensa distinto. No podemos odiar a una persona porque en un tema tan complejo arriba a una conclusión diferente. Esa conclusión no la define como buena o mala persona, no cometamos más ese error (y me incluyo entre quienes ya no debemos hacerlo). En definitiva, a todos nos preocupa la vida humana.

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