Opinión

La universidad pública está bajo amenaza

Miguel H. López – @miguelhache

Lo que expresa el título de este comentario no es retórica. Los hechos que se vienen produciendo a lo largo de estos años y que nuevamente ahora cobran corporalidad dibujan un horizonte de riesgo para la vigencia de la universidad pública en Paraguay. Desde el Gobierno, la política es tijerazo y desconocimiento sobre el papel que tienen las instituciones académicas universitarias no privadas.

En términos globales y promediando los diversos despojos que el Ministerio de Hacienda fue aplicando con violencia administrativa (y estructural) presupuestaria, tenemos que las 8 universidades públicas que funcionan en el país con centenas de unidades académicas (UNA, UNE, UNP, UNI, UNC, UNCA, UNICAN y UNVES), sufrieron globalmente un 5% de recorte para el ejercicio fiscal 2019. Esta sustracción no será repuesta según el proyecto de PGN para 2020. Por el contrario, será ampliada. De esta manera, la sangría que el propio Estado causa a las universidades que forman profesionalmente a decenas de miles de paraguayos, y absorbe laboralmente a otra decena de miles de docentes y administrativos varios, representa una estocada que vulnera órganos vitales del sistema universitario.

Esta es una de las razones por las que reclamos históricos como las equiparaciones y nivelaciones salariales –que en algunos casos llevan más de 10 años de congelamiento– son tema caliente en el escenario hoy y amenazan con extender los actuales paros que se registran en la UNA y en la UNE a las demás que padecen los mismos despropósitos de Hacienda. En todo esto, lógicamente, la responsabilidad de la paralización no es de quienes la ejecutan como medida de reclamo, sino de quienes no dan ni consideran que la universidad y la formación de la población mayoritaria sean prioridad.

Con el raleo económico con el que sobreviven actualmente las universidades públicas, se dañaron asuntos ineludibles como el crecimiento vegetativo y líneas de creación (por esta causa no se pudieron ampliar cursos, tener más cátedras, nuevas carreras, y se redujo el ingreso de estudiantes en las diversas unidades académicas en todo el país, etc). Tampoco se pudieron crear, ampliar, renovar o modernizar talleres, laboratorios, áreas de práctica, salas de operación y experimentación, investigación, etc. De igual modo, mermó la adquisición de insumos diversos para el proceso de aprendizaje y práctica, mejoramiento y/o mantenimiento de áreas de estudios y de trabajo, etc. El resultado es el desmejoramiento de las universidades públicas en todas las áreas. La tan mentada investigación, necesaria y vital, agoniza sin mayores perspectivas; la educación técnica y científica de calidad, ingresa a una inevitable hibernación; y las posibilidades de que más jóvenes puedan formarse en la universidad se diluye, aumentando el número de población cuya llegada a ese nivel es frustrada por el Gobierno con su política económica injusta, inequitativa.

La realidad de las universidades públicas debe ser tomada en serio y con preocupación por toda la sociedad. No es un asunto ajeno a nuestras vidas. La universidad es una cuestión cotidiana, necesaria, con mayor fuerza en países con bajo desarrollo en todas las áreas, y que es sostenida con dinero de los impuestos de la gente.

Aunque la construcción de una universidad pública verdaderamente democrática, libre, de acceso gratuito y calidad sigue siendo parte del desafío cotidiano, su inexistencia representará la pérdida de soberanía de la sociedad sobre la academia y la formación universal sin sesgos de sectores de poder económico, como sucede en el sector privado en donde las ciencias humanas y sociales, tan vitales para el ser humano, tienen escasa cabida.

El Gobierno quiere acogotar a las universidades públicas por asfixia económica y conducirlas al atolladero de la privatización. Esta circunstancia es perpetrada por Hacienda. La sociedad tiene el deber de impedirlo.

Dejá tu comentario