Opinión

La renuncia es el único camino que les queda a dirigentes de sintechos

Los dirigentes de los sintechos - que sufrieron un serio revés en la semana pasada- que han manejado el sector a través de la corrupción y las presiones deben dar el paso al costado, para hacer lugar a la institucionalidad y a la transparencia, a fin de que la gente que necesite pueda acceder a viviendas populares.

No se puede poner en tela de juicio la legitimidad que tiene el querer contar con un techo propio. Tampoco que las movilizaciones sean un arma válida para obtener lo que con las simples peticiones no se alcanza. Lo censurable es que los dirigentes de los sintechos hayan prostituido esas reivindicaciones sociales generando un cerrado círculo, que se conectaba directamente con los hilos del poder del anterior Gobierno.

Los que han traicionado a sus compañeros articulando una red de corrupción, donde los que acataban las órdenes eran tenidos en cuenta y los cuestionadores expulsados, no obraron, sin embargo, solamente por cuenta propia. Tuvieron la complicidad de las anteriores administraciones de la Secretaría de Acción Social (SAS) e incluso del propio ex presidente Nicanor Duarte Frutos. Si alcanzaron a tener una relativa fuerza social, es porque contaron con la anuencia de los que tendrían que haber puesto freno a sus extralimitaciones, negociados y atropellos.

El actual liderazgo de la SAS trata de reencauzar el tema de las viviendas para sectores populares a través de la institución, la que nunca debió haber delegado ninguna responsabilidad al sector privado. No pide nada del otro mundo: solo intenta poner la casa en orden, como corresponde.

Por lo tanto, hoy las reglas de juego son otras e implican, en primer lugar, el fin de la dictadura de Blas Vera, Felipe Cabrera y otros, que se han aprovechado de las necesidades de sus compañeros para hacerles transitar tortuosos caminos, que podrían incluso llevar a algunos a la cárcel, si es que los fiscales y jueces actúan con mayor sentido de responsabilidad. Hasta ahora la SAS está esperando respuesta a sus denuncias.

De ahora en más, las relaciones tendrán que ceñirse a las normas institucionales dictadas por la SAS. El censo que promueve es parte del proceso de regularización para identificar a los beneficiarios y detectar irregularidades. Los que se oponen al relevamiento de datos son los que temen ser descubiertos en infracción. Si no tuviesen nada que esconder, dejarían que actúen sin trabas los funcionarios encargados de la tarea.

El compromiso que se impuso el titular de la SAS, Pablino Cáceres, es desmantelar el esquema corrupto y restablecer el orden institucional. El fracaso de la movilización de la semana pasada implica un avance en el logro de esos objetivos. Le quedan todavía, sin embargo, escaramuzas que enfrentar.

Lo mejor que pueden hacer los que encabezan el ala corrupta de los sintechos es renunciar a sus liderazgos. Les harán mucho bien a los que carecen de hogar propio, porque les permitirán acceder con transparencia a lo que por un sentido de equidad les corresponde. Y pondrán fin a un esquema que debe ser desterrado definitivamente.

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