14 ago 2026

La plegaria rebelde por la libertad de las Pussy Riot, entonada en un libro

Madrid, 11 dic (EFE).- Llaman a la Virgen “feminista” y le ruegan el “inaplazable” viaje del presidente Putin al purgatorio, se cubren con pasamontañas de colores y son capaces de tomar una iglesia para que su plegaria antisistema llegue hasta cielo. La historia de las Pussy Riot, contada por varias voces, se reúne ahora en un libro.

Fotografía facilitada por la editorial Malpaso de las Pussy Riot, que llaman a la Virgen "feminista" y le ruegan el "inaplazable" viaje del presidente Putin al purgatorio, se cubren con pasamontañas de colores y son capaces de tomar una iglesia para que s

Fotografía facilitada por la editorial Malpaso de las Pussy Riot, que llaman a la Virgen “feminista” y le ruegan el “inaplazable” viaje del presidente Putin al purgatorio, se cubren con pasamontañas de colores y son capaces de tomar una iglesia para que s

La falta de libertades en Rusia y la reelección de Putin con un escrutinio, aparentemente poco transparente, fue el caldo de cultivo en el que nació el grupo punk Pussy Riot, cuya protesta en un templo religioso provocó el encarcelamiento de tres de sus miembros. Todavía hoy dos de ellas siguen en prisión.

Ahora, una antología de textos, cartas y poemas reunidos bajo el título “Desorden Público, una plegaria punk por la libertad”, cuenta la historia de su subversión y de su lucha feminista y radical, en un volumen publicado en español por Malpaso.

Masha, Katia y Nadia, los tres pulmones del grupo, han ido desgarrando sus voces con letras a favor del medioambiente, los homosexuales o la emancipación de las mujeres, en actuaciones improvisadas en tiendas, plazas y hasta en el tejado de una cárcel.

Sin embargo, el fuerte eco de sus guitarras no resonaría en el mundo hasta el día en el que las Pussy Riot cantaron su famoso “Virgen, llévate a Putin” en la catedral de Cristo Salvador.

Acusadas de “vandalismo e incitación al odio religioso”, estas tres “librepensadoras” se enfrentaron a un sistema judicial férreo, “dependiente” del poder político, que las condenó a dos años de cárcel, recuerda a Efe uno de los editores del libro, Julián Viñuales.

El objetivo de las Pussy Riot era “muy ambicioso”, explica Viñuales, ya que se trataba de denunciar el déficit de libertad de un país “del que se pueden obtener paralelismos con España o Italia”, afirma. La paradoja de este caso es que estas tres “intelectuales” han sido acusadas por atentar contra la iglesia ortodoxa rusa cuando ellas mismas son “profundamente” creyentes.

Así lo demuestra una carta escrita desde la cárcel por una de ellas, Nadia Tolokónnikova, que adjunta “Desorden Público, una plegaria punk por la libertad”, y que está plagada de citas bíblicas. Su objetivo, reclaman en un manifiesto, es solo político: “Denunciar la perversa comunión entre el gobierno y la iglesia que dirige en el país el patriarca Cirilo”.

La breve actuación que llevaron a cabo en marzo de 2012 en el altar de la catedral Cristo Salvador, un espacio reservado para los clérigos, fue un dardo envenenado contra una institución que “solo ama a los hijos de Putin y se ha apartado de los intereses de la sociedad civil”.

El juicio que prosiguió a aquella polémica “performance” llenó portadas e informativos y produjo un apoyo masivo a las Pussy Riot por parte de artistas e intelectuales como Fernando Savater, Joan Manuel Serrat, Coldplay, Bruce Springsteen o Yoko Ono, quien les agradece, en una misiva, representar “a las mujeres del mundo”.

Malpaso ha reunido también los alegatos de las artistas durante la celebración del juicio y los sorprendentes testimonios de algunos testigos que las llaman “brujas” o confiesan que la incursión de las chicas en la iglesia les produjo tal afectación personal que tuvieron que ausentarse del trabajo “durante varios meses”.

“Desorden Público, una plegaria punk por la libertad” no pretende ser un libro objetivo, sino “secundar” la causa de este colectivo artístico que ha sufrido una “represión desmedida” por su actuación, ciertamente provocadora, “pero lícita”, comenta Julián Viñuales.

Feministas, anarquistas, radicales o el rostro de una generación, las Pussy Riot son un cóctel molotov contra los pilares de un sistema político “enquistado y autoritario”, que promueve contra sus jóvenes “la intolerancia hacia el inconformismo”, según afirman en uno de los textos públicos que recoge el libro.

Las Pussy Riot (“vaginas amotinadas”) esperan ahora una amnistía que podría llegar a finales de año, según anunció hace unos días uno de los asesores de derechos humanos del ejecutivo ruso.

Ellas, en todo caso, han demostrado, por muy polémicos que hayan sido sus medios, que “el arte no es un espejo para reflejar la realidad, sino un martillo para darle forma”. Lo dijo, precisamente, un revolucionario en la literatura llamado Bertol Brecht.

Por Isabel Peláez.

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