Opinión

La misma historia... otra vez

Alberto Acosta Garbarino, presidente de Dende.

La noticia económica de la semana ha sido la decisión del Ministerio de Hacienda de presentar al Congreso Nacional un proyecto de ley que modificará el sistema tributario, y que podría generar ingresos adicionales al Fisco de unos 300 a 400 millones de dólares.

Recordemos que el sector empresarial había expresado su firme posición de que si iban a estudiarse modificaciones al sistema impositivo, debían estudiarse también –y al mismo tiempo– las modificaciones que permitan mejorar la calidad del gasto público al que se destinarían los ingresos.

Ante esta posición, el Ministerio de Hacienda creó dos comisiones para estudiar ambos temas simultáneamente, pero para sorpresa de muchos, ahora el Ejecutivo ha decidido enviar al Congreso el proyecto de reforma tributaria, dejando para una segunda etapa las propuestas vinculadas al gasto público.

Este planteamiento me recuerda las otras dos oportunidades en que se estudiaron reformas impositivas importantes; la primera en 1991, bajo la presidencia de Rodríguez siendo ministro de Hacienda Enzo Debernardi, y la segunda en el 2003, bajo la presidencia de Duarte Frutos siendo ministro de Hacienda Dionisio Borda.

Recuerdo como si fuera ayer una conferencia pronunciada en 1991 por el ingeniero Debernardi a quien, luego de explicar –con la claridad que le caracterizaba– los cambios en el sistema impositivo, le hicieron numerosas preguntas.

Una de ellas fue de mi amigo Óscar Benítez Codas, quien con ironía le dijo: “Usted nos explicó los cambios en el sistema impositivo, pero no dijo nada con respecto a los gastos. Todos sabemos que gran parte del presupuesto se llevan las Fuerzas Armadas y ¿qué recibimos los ciudadanos de las Fuerzas Armadas? Que yo sepa nos dan un desfile cada año y un golpe cada 35 años”.

En ese momento estábamos saliendo de la dictadura de Stroessner, el presidente era un militar y gran parte de los ingresos tributarios iban para el Ministerio de Defensa; ya en esa época había una preocupación de la ciudadanía por la mala calidad del gasto público.

También recuerdo como si fuera ayer el entusiasmo que tenían los políticos de la oposición y los empresarios cuando en el año 2003 firmaron con el entrante gobierno de Duarte Frutos un amplio acuerdo de reformas que iban a permitir sacar al país de sus más de 20 años de estancamiento.

En dicho acuerdo figuraban varias reformas importantes, como la reforma de la banca pública, la reforma del código aduanero, la reforma impositiva y la reforma del Estado.

Casi todas se llevaron adelante con mayor o menor éxito, pero hubo una, tal vez la más trascendente –la reforma del Estado–, donde el interés de amplios sectores políticos impidieron que esta se llevara adelante.

La reforma impositiva que sí se hizo –sumado al boom de los commodities– permitió que desde el año 2003 hasta el año 2018 los ingresos tributarios se incrementaran de unos 800 millones de dólares a más de 5.000 millones de dólares.

Pero el Estado que no fue reformado sumado a la corrupción y al clientelismo político que aumentaron, hicieron que todo ese enorme incremento de ingresos haya sido destinado a gastos corrientes, de los cuales la mitad va al pago de salarios.

Según un estudio realizado por el BID y la OCDE, el Paraguay, con el 49,5%, es el país de América Latina en que la mayor proporción del gasto público es destinado a salarios; Colombia, con el 12,1%, es el menor y el promedio de la región es del 29,1%.

Si gran parte de los ingresos se destinan a mantener a una creciente masa de funcionarios públicos, no debe sorprendernos que no existan recursos para mejorar nuestra lamentable infraestructura física y nuestra pésima calidad en los servicios de salud y educación.

Hoy nos están planteando otra vez una reforma tributaria, que significará mayores ingresos para el Fisco, pero de nuevo, la racionalización del gasto y la reforma de nuestro ineficiente e ineficaz Estado van a quedar para una segunda etapa, que no sabemos si llegará en algún momento.

La misma historia... otra vez.

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