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La misión de vestir a la Virgencita Azul

Más de siete décadas atrás le encomendaron a las hermanas misioneras catequistas del Cristo Rey la importante tarea de vestir a la Virgen. Una misión que cumplen con dedicación y año a año.

Hace 74 años se les encomendó la delicada misión de vestir a la Virgencita Azul a las hermanas misioneras catequistas del Cristo Rey, de Caacupé. Tres horas o más, inclusive, les lleva colocar cada pieza del vestuario y asegurar los mínimos detalles de sus adornos, según la hermana Anacleta Isasi Cardozo.

En 1944 –reseña– se le encargó a su congregación la tarea de vestir a todas las imágenes de la Virgen de los Milagros de Caacupé.

Además, ellas tienen a su cargo toda la blanquería de la Basílica: lavan, planchan y almidonan manteles, ñandutíes y el vestuario de los sacerdotes.

A cuatro imágenes de la santa patrona se encargan de ataviar para la festividad mariana: una va a la réplica del primer templo en el Tupãsy Ykua; está la peregrina que va a la Sacristía, otra a la cascada del Santuario, y la auténtica, directo al altar de la Basílica.

La hermana Anacleta cuenta que lo más delicado es el cabello y el aseguramiento de la corona.

A sus 83 años de edad –cuenta– “es una alegría vestir a la Virgen”. De los ornamentos de la capa azul se encargan las monjas carmelitas descalzas de Asunción.

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