Opinión

La mamushka guaraní

Luis Bareiro – @Luisbareiro

Los problemas del país se parecen un poco a un juego de mamushkas, esas muñecas rusas huecas en las que dentro de cada una encontramos otra más pequeña y dentro de esa otra todavía menor. En nuestro caso, la situación se da a la inversa. Los problemas forman parte de un problema mayor, que a su vez son solo parte de otro todavía más grande y complejo. Entender ese entramado es clave para poder encarar soluciones enfrentando el problema específico, pero sin perder de vista la dificultad mayor.

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Para entender mejor la idea, voy a graficarla con un problema específico: el transporte público. Cuando se corrijan todas las torpezas cometidas en la aplicación del billetaje electrónico (intencionales o no), tendremos por fin información cierta sobre cuántos pasajeros suben a los colectivos, dónde y en qué momento; cuántos buses ponen en circulación las empresas de transporte, con qué frecuencia y cuáles son sus itinerarios; y cuánto dinero recaudan.

Con esos datos tendremos una radiografía completa y en tiempo real de cómo opera el sistema y podremos identificar mejor los problemas que la intuición y el sentido común nos dicen que están allí. Por ejemplo, veremos objetivamente la forma anárquica como se establecieron los itinerarios respondiendo a criterios políticos prebendarios o a decisiones antojadizas de los burócratas de turno sin ningún fundamento técnico.

Cuando tengamos los datos ciertos de los ingresos, sabremos con mayor precisión qué empresas sencillamente no son financieramente viables. El negocio del transporte público solo puede ser rentable a gran escala. En todo el mundo, la ganancia por pasajero es mínima; la rentabilidad solo es posible cuando se moviliza un gran número de personas. Una empresa con un máximo de diez buses y sin un fuerte capital operativo de respaldo puede sobrevivir a condición de mantenerse en una cuasi informalidad, evadiendo el seguro social, el salario mínimo y evitando invertir en el mantenimiento de sus colectivos.

Como ven, el problema de la falta de información —que esperemos se solucione con el sistema del billetaje electrónico— solo es una parte del drama mayor, que es el caótico transporte público. Cuando se cuente con esa información, tendremos que hallar la forma de ordenar el sistema trazando nuevos itinerarios, con un número más reducido de empresas que puedan cubrir los tramos y los horarios que no son rentables compensando sus pérdidas con los de alta rentabilidad.

Suponiendo que haya voluntad política para reordenar este entuerto, y que el intento no termine torpedeado por resoluciones judiciales absurdas, el país contará con un sistema público de transporte medianamente organizado… pero que solo corresponde al área metropolitana de Asunción.

Resulta que toda la red de colectivos internos de cada uno de los municipios que integran el Departamento Central escapa al control del Viceministerio de Transporte del MOPC. Por Constitución Nacional, los municipios son los que determinan los itinerarios de esos buses y las empresas que explotarán el servicio. A esta escala, los problemas son incluso mayores porque el mercado es más pequeño y la discrecionalidad para trazar las rutas y las concesiones son infinitamente más arbitrarias.

Pero esa incapacidad de la mayoría de los municipios para encontrarle una salida a su sistema de transporte público es solo parte del culebrón que supone su incapacidad para resolver cualquier problema, porque sencillamente no fueron concebidos con ese fin, sino para repartir cargos a los políticos locales. Los municipios (salvo honrosas excepciones) no tienen capacidad técnica ni administrativa para desarrollar políticas públicas.

La lógica sería fusionar municipios buscando darles volumen; pero nuestros políticos están haciendo justo lo contrario, los atomizan para repartir zoquetes.

Como decía, un problema dentro de otro mayor contenido por uno más grande. ¿Cómo se enfrenta esta pesadilla mamushkiana? Como todo, metiéndole presión a los gobiernos y avanzando… una mamushka a la vez.

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