Política

La madrugada en que el dictador se rindió, según Lino Oviedo

El entonces coronel del Regimiento de Caballería Nº 3 logró retener al presidente Alfredo Stroessner. "Sudaba muchísimo", describió Oviedo la actitud del presidente, que se entregó en el Comando en Jefe.

Por Mílder Melgarejo Valiente | milder-melgarejo@uhora.com.py

Lino César Oviedo Silva fue uno de los principales protagonistas del golpe de Estado que acabó con el Gobierno de 35 años de Alfredo Stroessner. El citado militar tenía el grado de coronel en 1989 y se desempeñaba como Comandante del Regimiento de Caballería Nº 3 Motomecanizada. De ahí proviene el seudónimo de Carlos III con que actuó en la gesta libertadora del 2 y 3 de febrero. El actual líder del Partido Unace detalló a ÚH los pormenores de la rendición de Stroessner, que sucedió en el local del Comando en Jefe de las FFAA, y los detalles que vivió con la familia del presidente derrocado hasta la sede de la Caballería.

PAÑUELO BLANCO. "A la madrugada del 3 de febrero, a eso de la una y media aproximadamente, se me acerca primeramente el general César Machuca y luego el general Alejandro Fretes Dávalos. Ambos me piden cesar el fuego (contra el Comando en Jefe), ya que el general Alfredo Stroessner y todos los que estaban ahí, se ponían a disposición de quienes componíamos la gesta libertadora. Me pidieron garantías. Les respondí que yo mismo iría sin armas para hablar con ellos", comenzó relatando Oviedo.

Agregó que "Stroessner vino acompañado por tres coroneles y los cinco generales. Se ponen en línea para chequearles. Les revisamos y les quitamos sus armas. Después me aproximo al general Stroessner y le comunico que el comandante en Jefe, el general Andrés Rodríguez, le invitaba a la Caballería", agregó con voz pausada Carlos III.

Comentó que tenían planificado trasladar al presidente derrocado en su propio vehículo blindado, para garantizar el éxito de la operación.

ÚLTIMA JUGADA. "Stroessner se acerca a su vehículo y, antes de abordar, me dice: «Oviedo, yo acabo de hablar con el general Rodríguez y ya acordamos que me lleves a Mburuvicha Róga para descansar»", recordó Oviedo, quien comentó que hizo la consulta pertinente a Rodríguez e informó que en la residencia presidencial había una compañía de Infantería.

"Rodríguez me responde que no habló ni hablará con Stroessner", enfatizó el hoy dirigente político, para luego comentar que en el Comando en Jefe igualmente fueron arrestados el coronel Gustavo Stroessner, Graciela Stroessner y Pachi Heikel.

Stroessner pidió que su familia lo acompañe hasta la Caballería, donde lo aguardaba el general Rodríguez, el conductor de la gesta. Oviedo accedió al pedido y tomó las precauciones del caso para trasladarlos hasta el lugar indicado.

Mencionó que ubicó un tanque delante del vehículo blindado y otro tanque detrás. Ordenó a sus comandados que transiten a una velocidad de 40 kilómetros por hora con destino a la Caballería.

DURA ADVERTENCIA. "Antes de abordar el auto, meto la mano en la bolsa de víveres, saco una granada y pongo en mi mano izquierda, y otra granada en la mano derecha. Saqué el seguro de una granada y le mostré al conductor", indicó Oviedo, quien precisó que "eso no es coraje", tratando de desmitificar el famoso episodio.

"Un profesional sabe cómo usar una granada sin seguro. Esa era una acción para generar una intimidación, un trabajo psicológico. En el marco de esa acción yo lo hice", aseguró.

La comitiva, integrada por el auto blindado y dos tanques, se desplazó por la calle 25 de Mayo, luego por la avenida Mariscal López hasta Perú. Allí tomaron la avenida Artigas con destino a la Caballería.

"Al llegar a la intersección de Perú, el general Stroessner me pregunta por qué esta dirección. Y yo le respondí: «Porque ésa es la orden que recibí», y Stroessner se calló. Recordás que no contesté aquella pregunta de que se quería ir a Mburuvicha Róga", aclaró Oviedo.

Carlos III recordó que en ningún momento se puso nervioso, a pesar de que "Stroessner sudaba muchísimo. Mojó todo su pañuelo y el de su hijo Gustavo. No recuerdo si Pachi o Graciela le pasó un pañuelo de mano pequeño. Stroessner no decía nada", añadió el actual líder del Unace.

GUERRA DE NERVIOS. Oviedo comentó que, antes de llegar al Jardín Botánico, "el coronel Gustavo Stroessner volteó la cabeza y casi gritando dijo: «Tranquilo papá, el coronel Lino Oviedo es nuestro amigo». Y ahí sale Graciela y dice: «¡Vaya amigo! ¿Cómo hubiera actuado si no hubiese sido nuestro amigo? Si nos hizo pasar la noche más infeliz y desgraciada de nuestra vida»".

"Yo salí y les respondí: «No falté el respeto a nadie. A partir de este momento nadie habla. Pueden hacer uso de lo que les queda para vivir: ¡Pueden respirar!»", siguió relatando Oviedo la intimidad que vivió en la madrugada del 3 de febrero con los Stroessner.

Añadió que nuevamente, antes de llegar al Botánico, "el conductor Miranda se mueve un poco mal y me pidió permiso para hablar. Yo le dije que nadie habla y le di un toquecito acá (muestra la parte baja de la cabeza, cerca de la nuca) y ahí se calmó", enfatizó.

Oviedo remarcó que siguieron un largo trayecto en silencio. "Stroessner sudaba mucho. De repente levantó la mano. Me preparé para reaccionar, pero vi que le limpió la nuca a Miranda, quien estaba sangrando por el golpe que le dí", se sinceró Oviedo, para luego hacer una pausa, a fin de probar un jugo de naranja.

Insistió en que el trayecto hasta la Caballería, ubicada en Mariano Roque Alonso, cada vez se hacía más distante, a raíz del profundo silencio, tensión y nerviosismo que reinaban en el interior del coche blindado del presidente derrocado. Reconoció que falló en no prender la radio del coche presidencial y que se vio sorprendido por la gran cantidad de personas que salieron a las calles en horas de la madrugada del 3.

MISIÓN CUMPLIDA. "Cuando llegamos a la Caballería, veía muy agotado a Stroessner. Se bajó del auto y estuvo parado frente a la casa del general Rodríguez. Parecía no creer el hecho", narró Oviedo, para describir así la actitud del ex presidente.

Oviedo entregó a Stroessner a Rodríguez, no antes de proclamar: "¡Misión cumplida!".

"Nos abrazamos con Rodríguez y volví al lugar de combate para limpiar la escena y pasar revista a mis comandados", finalizó Oviedo.

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Publicado en la edición impresa con el título: El tenso y silencioso traslado a la Caballería del derrocado dictador

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