Política

La Iglesia Católica excomulgó en dos ocasiones a Montanaro

En 1969 Sabino Augusto Montanaro quedó excomulgado como consecuencia de la expulsión del país del sacerdote jesuita Francisco de Paula Oliva. El arzobispo de Asunción entonces era monseñor Aníbal Mena Porta.

La segunda excomunión le impuso en marzo de 1971 monseñor Ismael Rolón, y fue tras el apresamiento y tortura en Asunción del sacerdote uruguayo Uberfil Monzón, y el ataque de que fueran víctimas el obispo auxiliar de Montevideo, monseñor Andrés Rubio y el padre Lelis Rodríguez en pleno aeropuerto Silvio Pettirossi, cuando vinieron al rescate del anterior.

Oliva, cura español, oficiaba de director espiritual del Colegio Cristo Rey y profesor de Teología y de Introducción a los medios de Comunicación en la Universidad Católica (UC). En 1964, comenzaba un proceso de enriquecimiento mutuo entre él y los jóvenes del colegio y la universidad. Pronto su misa de las 8, los domingos en el Cristo Rey, se convirtió en la cita ineludible de la juventud y en el lugar donde se hacía referencia a los abusos del poder, a las persecuciones políticas, a la desigualdad social y se hablaba de libertad. Crecía la conciencia crítica que luego se transformó en levadura en las facultades a las que fueron a parar los chicos de secundaria.

Al año de su trabajo pastoral y de docente, el Gobierno de Stroessner solicitó a la Santa Sede que sacara a Oliva del Paraguay. Sin embargo, su expulsión se materializó recién en 1969, cuando ya había adquirido la nacionalidad paraguaya, creado el Departamento de Ciencias de la Comunicación en la UC y predicado sobre los derechos humanos, la libertad y la democracia, incluso en aulas de los colegios Nacional de la Capital y Nacional de Niñas.

Cuando lo expulsaron, juró al hijo del jefe de Policía, Francisco Brítez Borges, que retornaría al país con la misma camisa de ao po'i que vestía en ese momento. Lo que no se imaginó entonces es que demoraría 27 años para regresar. Oliva reingresó al Paraguay en 1995.

Según Dionisio Gauto, la excomunión a Montanaro en el '69 fue ipso facto, conforme al Derecho Canónico vigente en aquél tiempo y que establecía "que el que pusiere mano violenta sobre un clérigo, ipso facto, cae en excomunión". Por eso no fue declarada oficialmente por la autoridad eclesiástica local. "Eso siempre aclaró el arzobispo: que él no le excomulgó, sino que fue el Derecho Canónico", explica.

OTRA VEZ. El 10 de marzo de 1971 el arzobispo de Asunción, monseñor Ismael Rolón publica un decreto por el que se declaraba la excomunión a quienes participaron del secuestro del padre Uberfil Monzón y en la agresión física de monseñor Andrés Rubio y del padre Lelis Rodríguez. Concretamente, el ministro Montanaro y el general Francisco Brítez Borges, jefe de Policía de la Capital, según consta en el libro de memorias "No hay camino, camino se hace al andar", de monseñor Rolón que también recoge la religiosa María Laura Rossi en su libro "El desarrollo de la enseñanza social de los obispos del paraguay (1940-1993). Un compromiso progresivo con la dignidad de la persona humana".

El padre Monzón había venido a Paraguay invitado por monseñor Ramón Bogarín, para colaborar con la Pastoral Social Nacional. "El 27 de febrero de 1971 no volvió la oficina ni a su residencia (en Asunción). Después de muchas averiguaciones, llegamos a saber que estaba detenido en Investigaciones, por actividades comunistas' en su país y aquí", recuerda Rolón.

LA EXCOMUNIÓN

Según Dionisio Gauto, la excomunión es una de las penas medicinales o censuras, orientadas especialmente a la enmienda del delincuente. Es esta la razón de que la imposición de la pena esté ligada a la contumacia del delincuente. Dentro de las censuras, la excomunión es la pena más grave. Sirve para sanar al que cae. No es vindicativa, para castigar, sino mientras dure la contumacia.

SUCESIÓN DE STROESSNER

Un expediente sobre la sucesión de los bienes de Stroessner quedó parado en el Tribunal de Apelación, cuarta Sala, del fuero Civil. En un primer momento estuvo en el juzgado de Hugo Hernán Morán, de aquí pasó al Tribunal de Apelación, tercera sala, volvió a otro juzgado, de Hugo Bécker, y de aquí pasó al Tribunal de Apelación, Carta Sala, donde quedó hace ocho meses.

Bécker tomó la drástica decisión de archivar la sucesión. El abogado Mario Benítez, en representación de las víctimas, impugnó la resolución. En consecuencia, el expediente se encuentra en el último tribunal citado.

El magistrado del fuero Civil fundamentó su resolución en la falta de jurisdicción y competencia. Explicó que Stroess- ner murió en Brasilia, donde estaba residiendo, y que en consecuencia, los juzgados de ese país deben abrir la causa. El juez sostuvo que la sucesión se debe abrir en el último domicilio del causante (Stroessner), tal como establece el Código Civil Paraguayo.

La resolución del juez corresponde a la causa abierta por Geraldo José Osta Sarubbi, en representación de su padre Geraldo Osta Mendoza, ex capitán de Artillería.

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