Correo Semanal

La Guerra del Chaco: Sorpresa que no acaba

 

Dr. Pedro Gamarra Doldán

Las guerras son capítulos difíciles de entender y comprender. Significan en realidad una derrota de las dos partes. Pero a esa deducción llegamos con los años, y la paz que ahora pregonamos no es la misión de los más jóvenes, quienes son los que más presionan por ella con un tono altisonante, pues son los que más fallecen en una contienda.

En su ocasión, la Guerra del Chaco, que enfrentó a Bolivia y Paraguay, fue una muestra de lo anterior. La firma de la paz definitiva en Buenos Aires, en julio de 1938, no se dio sino con los más variados análisis diplomáticos, militares y jurídicos. Casi todo paraguayo, con poco más de 40 años, conoció un padre, abuelo, tío o un tercero, que fuera combatiente de esa guerra. Parece que la pólvora bélica está siempre en nuestra presencia.

Hace poco tiempo leí un libro de autor costarricense. José Marín Cañas, El infierno verde (Editora Universitaria Estoll, 2005), siendo la primera edición de 1935.

¿Pero quién fue José Marín Cañas? Nacido en 1904 y fallecido en 1980 en San José, fue un empresario agricultor, ganadero, músico y periodista de aquel gran país centroamericano. Dirigió el periódico La Hora, donde su público conoció por entregas su primera novela. Ganador de muchos premios, produjo desde luego otras obras.

El infierno verde es una novela donde se recrea el diario de guerra de un combatiente paraguayo. Dotado de una prosa muy buena y un estilo mejor, la obra se ubica dentro de la línea realista que inicio Miguel Ángel Asturias, es decir, dentro de un espíritu americano e indigenista.

Lo que sorprende en este caso son los localismos del Paraguay y del Chaco, que llevan a pensar que el autor poseyó realmente un diario de guerra del caso bélico precitado, y le dotó de órgano estructural, con un estilo literario no común en un joven que estaba entonces en los 30 años. La segunda opción es que hizo un viaje al lugar de la lucha y que en esos meses se empapó del temario y vocabulario pertinentes. La tercera opción es que tuvo un interlocutor paraguayo, que le dotaba del material necesario para realizar esa grata novela. O las tres juntas.

El tiempo determinará la realidad de la producción de esa obra. Como fuera que sea El infierno verde, de José María Cañas, es una rica, buena, original y americana obra, hecha con espíritu literario muy correcto. Desapasionada, nos señala que la Guerra del Chaco no terminará nunca, ya no en la prosa histórica-literaria sino en las tintas del buen papel americano.

Una paz produce poca literatura; una guerra, en su tiempo o después, significa líricos alaridos testimoniales como los de aquel joven escritor costarricense.

Satisface encontrar siempre novedades, en la paz o en la guerra, que testimonien ese momento; sobre todo, si el sentido literario sorprende como en este caso, por la edad de entonces del mismo y por el origen del buen argumento de esta novela latinoamericana.

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