Revista Vida

La escultura busca espacios

A fuerza de mazazos y cincel, la escultura intenta abrirse caminos en Paraguay. Un arte con escaso apoyo que, sin embargo, es moldeado a mano firme por antiguas y nuevas generaciones de artistas.

Fotos: Fernando Franceschelli

"No. Por esa cantidad puedo instalar seis bancos y cuatro hamacas". Para el escultor Sergio Jara la respuesta que acaba de escuchar en boca del funcionario municipal que lo recibió es decepcionante. Había propuesto realizar una escultura del cacique Lambaré para adornar una de las plazas de la localidad con el nombre del jefe aborigen. Pero los honorarios del artista resultaron onerosos para el presupuesto comunal. Paciencia. Tendría que esperar otra oportunidad para vender arte.
Sergio Jara es uno de los jóvenes escultores paraguayos emergentes, y no es la primera vez que alguna propuesta de trabajo suya es rechazada debido a que sus obras no son consideradas por instituciones públicas como merecedoras de alguna remuneración. "Cuesta que te paguen por el trabajo. Para que se me reconozca tengo que regalar mis obras", se queja con amargura.
Tampoco es el único en sufrir la indiferencia que muchas autoridades muestran hacia el arte en general y hacia la escultura en particular. Otros escultores han tenido que soportar situaciones similares y son escasos los ejemplos en los que una escultura se utiliza como elemento ornamental en edificios públicos, y aun en empresas privadas.
A pesar de ser mal apreciada, la escultura paraguaya posee una larga tradición que se remonta a la época colonial y, tal vez, incluso más atrás en el tiempo, con el trabajo de tallado en madera que probablemente desarrollaran algunos pueblos originarios que poblaban el actual territorio paraguayo, pero del que no sobrevivieron piezas.
Historia registrada
Lo que se conoce de los antecedentes de la escultura paraguaya proviene de hace poco más de 200 años, según el escultor y ceramista Roberto Ayala Hornung, quien también es docente en el Instituto Superior de Bellas Artes (ISBA). Una voz autorizada para conocer el pasado, el presente y el futuro de esta vertiente de las artes plásticas en Paraguay.
Los primeros trabajos se realizaron con la presencia de los jesuitas en el país, quienes erigieron sus reducciones con la ayuda de la mano de obra indígena, tanto en la construcción como en la elaboración de imágenes en madera y piedra.
Los guaraníes no tenían antecedentes en manejo de la piedra. Se encuentra el uso lítico en algún hacha, mientras que el hierro solo fue conocido por los aborígenes con la invasión española. Así, pasaron del paleolítico al neolítico a partir del contacto con los europeos.
"Los maestros en la talla vinieron del Viejo Mundo y trajeron la técnica renacentista que había empezado a dar sus primeros pasos en el siglo XV. Sin embargo, los guaraníes fueron imponiendo su propio estilo, conocido hoy como barroco hispano-guaraní", relata Ayala.
A finales del siglo XIX y a comienzos del XX, llegaron al Paraguay varios artistas italianos que dejaron su influencia en el arte local, incluida la escultura. Una figura ejemplar de esa época es la de Vicente Pallarolo.
De Europa también se adquirieron esculturas en hierro y bronce fundido con la técnica a la cera perdida. Algunas se pueden ver en el paseo central de El Paraguayo Independiente, como también en algunas plazas del microcentro asunceno.
Ayala cuenta que José Laterza Parodi fue quien introdujo en el país la escultura moderna con influencia del americanismo. Realizó sus obras en madera, cerámica esmaltada, engobe y vaciado en cemento. También se destacó en el muralismo cerámico.
Serafín Marsal, escultor de origen español llegado en 1907, modeló en arcilla unas pequeñas figuras desarrollando lo que serían las primeras esculturas costumbristas, como la burrerita, las vendedoras del Mercado Guasu y otros.
Más tarde, en los 60, aparecen Francisco Almeida, Humberto Battione, Hermann Guggiari, Báez Rolón, Hugo Pistilli, Jenaro Pindú y Ángel Yegros, quienes comenzaron a participar de bienales y exposiciones internacionales. En los 80, empiezan a destacarse Gerardo Farías, Jorge Trigo, los Guggiari (Javier, Pete y Mangú), Marité Zaldívar, Gustavo Beckelmann, Ulises Benítez, Luis Torres, Patricia Ayala y el citado Roberto Ayala Hornung.
¿Dónde están?
Escultores consagrados existen en Paraguay desde hace mucho tiempo, por lo que resulta difícil entender por qué no son convocados con mayor frecuencia por las instituciones públicas y privadas para decorar con sus trabajos los espacios públicos o los interiores. ¿Quién puede olvidar la estatua del soldado paraguayo erigida el año pasado en Escobar? Todavía se escuchan las burlas generadas por la apariencia poco varonil de la figura del guerrero.
"Lo que pasa es que estas obras son tercerizadas y quedan en manos de personas inescrupulosas. Las municipalidades no se asesoran sobre quién va a hacer la escultura y contratan a un conocido, quien a su vez terceriza nuevamente. Es una cuestión cultural. El amiguismo nunca desaparece", afirma la escultora Margarita Henry Barrios.
Por su parte, Sergio Jara opina que "se contrata a cualquiera porque se quiere ahorrar". El artista agrega otro elemento en el análisis y destaca que cuesta tener contactos. "Conozco gente talentosa, pero ni siquiera en Facebook veo sus trabajos".
El escultor Sergio Buzó también cree que no se contrata a la persona indicada porque "el país está manejado por el amiguismo, es un reflejo de la idiosincracia de nuestra sociedad; si contrataran a Beckelmann, Pistilli, Guggiari o a otros chicos emergentes muy buenos, no iba a pasar eso, pero prefieren contratar a su capé; se piensa en el dinero y no en cómo va a quedar la obra", asevera.
Encontrar una salida no es tarea sencilla. Ayala sostiene que se debe fortalecer la escultura pública mediante acuerdos con las municipalidades y las empresas. "Con tantos edificios nuevos que hay, no vendría mal alguna que otra escultura. Que se hagan concursos, se presenten maquetas y se elija a la mejor, no solamente a la de menor precio, porque ahí es donde baja la calidad", resalta.
Jara sugiere preguntarles a los departamentos de Cultura de las municipalidades qué proyectos tienen en carpeta, qué piensan hacer y, si no tienen ideas, "ir a buscarlas". Y Margarita cree que la iniciativa podría generarse entre los propios escultores. "Una vez surgió la idea de hacer un gremio en el ISBA. Todavía están luchando para formar una agremiación de artistas plásticos, pero las autoridades no ayudan", asegura.
Buzó piensa que el problema es que "no hay gestión por la escultura; este arte queda en segundo plano. Encima que los escultores somos pocos, cada cual tiene su onda, no somos muy unidos. Se hicieron encuentros de artistas donde te decían que sí pero después te dejaban de lado".
Cincelando el futuro
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No obstante, la escultura está asentada con firmeza en Paraguay y va en crecimiento. Desde los 90 se desarrollan obras en vidrio, resina, poliéster, cerámica, materiales reciclados, yeso, cemento blanco, metal, cemento y otros.
Hoy el arte tiene a sus exponentes jóvenes en Juan Pablo Pistilli, la correntina Ofelia Fisman, Ingrid Seal, Sergio Buzó, Lorenzo Romero, Sergio Jara, Fidel Fernández, Carmelo Otto y Jorge King, entre otros. Y mención obligada para el desaparecido Jorge González.
En Areguá, la ceramista Paula Sánchez y sus hijas realizan escultura costumbrista. Hay que sumar, además, a Greta Stampf; a los santeros de Tobatí, con Zenón Páez y sus hijos, que hacen tallas en madera; a Ramón Ayala, escultor en madera y otros materiales, y a las ceramistas que realizan piezas antropomorfas en cerámica negra y engobe, las figuras populares de Itá.
En Concepción está Alejandro Lavand, y en Itapúa Vicenta Giménez, quien trabaja en piedra arenisca. El artista plástico misionero Koki Ruiz tiene un taller de arte donde varios escultores del departamento han desarrollado la técnica de la talla en madera y piedra arenisca con una fuerte influencia del barroco hispano-guaraní.
"En los últimos años hubo varios artistas y simpatizantes de la escultura que realizaron o realizan algunas obras en diferentes materiales, pero son pocos los que han sobrevivido. Por algo a la escultura la denominan el Arte Mayor", señala Ayala.
En el ISBA se desarrollan, dentro de la licenciatura en Artes Visuales, el modelado en arcilla, yeso, hierro, madera y piedra con Marité Zaldívar, Diana Seckatcheff, Javier Guggiari, Juan Pablo Pistilli y el mismo Roberto Ayala Hornung.
Por su parte, la Asociación Madre Tierra realizó varios concursos y simposios de esculturas a nivel internacional en madera, hierro y piedra en Asunción y Coronel Oviedo. En este último simposio participaron indígenas mbyá guaraní que realizaron esculturas en madera. El CCPA también hace anualmente el concurso de escultores jóvenes.
"Lo participativo es lo que va a ir desarrollándose y ocupando un lugar dentro de lo urbano", profetiza Ayala sobre el porvenir de la escultura en Paraguay. De la mano de los antiguos maestros y de los exponentes de la nueva hornada, el Arte Mayor va encontrando la forma de seguir creciendo.

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Sergio Buzó
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Autodidacta. Utiliza preferentemente objetos reciclados, metal y elementos de informática desechados, además de integrar en sus esculturas artefactos personales como cadenillas. Tiene una serie de pequeñas figuras, conocida como Nano Guaraní. "En mi adolescencia armaba maquetas de barcos, aviones. Papá es arquitecto y me ayudó a desarrollar conceptos. Fui avanzando de a poco con pruebas y errores que me hicieron consolidar mi estilo y mis obras".

Margarita Henry Barrios
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Estudió en la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano, de Buenos Aires, y en el ISBA. Trabaja en hierro, acero y vidrio. "Lo mío siempre fue el espacio, lo tridimensional. Me gustaba la arquitectura. Mi estilo es conceptual. Dejo de lado la estética visual para ir al mensaje y al propósito que quiero comunicar".

Sergio Jara
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Estudiante de Bellas Artes en el ISBA. Empezó en la escultura modelando arcilla. Posteriormente se inclinó por la madera y actualmente trabaja con metal. Su vocación artística la heredó de su madre pintora. Sobre su formación inicial, cuenta: "Aprendí de artesanos; recorrí muchos talleres buscando gente que me enseñe lo que yo quería".

Roberto Ayala Hornung
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Trabaja en piedra, metal y cerámica. Preside la fundación Madre Tierra, entidad que se dedica a la promoción artística y cultural. Expuso en nuestro país y en el exterior. En su rol de promotor cultural organizó encuentros de escultores locales y extranjeros.

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