Opinión

La dura desigualdad

 

Recientemente el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) lanzó una publicación incluyendo un conjunto de estudios sobre la desigualdad denominada “La Crisis de la Desigualdad: América Latina y el Caribe en la Encrucijada”, con un análisis sobre la evolución, sus causas, consecuencias y las prioridades para las políticas públicas que apunten a una reducción persistente de los niveles de desigualdad en los próximos años, todos ellos muy relevantes para nuestro país.

La desigualdad de ingresos se ha reducido de manera importante en América Latina a partir del inicio del superciclo de los commodities en el año 2003, luego de un largo periodo de estancamiento durante las dos décadas anteriores. Así, el índice de Gini (cuyo menor valor indica menor desigualdad) se redujo de alrededor de 0,53 observados en la década del 90 hasta el año 2002 a niveles de 0,46 en el 2018.

Otro indicador utilizado es el ratio de Kuznets (la relación el ingreso promedio del 10% de la población de mayores ingresos y el ingreso promedio del 10% de la población de menores ingresos), en cuyo caso también un valor más bajo implica menor desigualdad. Este indicador se redujo de niveles de 45 veces a 22 veces en el mismo periodo. Ambos indicadores se miden utilizando datos de ingresos después de impuestos y transferencias, y muestran una reducción en la desigualdad de ingresos aunque a un menor ritmo a partir del 2012 en adelante. Factores importantes en esta reducción observada en la desigualdad fueron: El impacto positivo del auge de los precios de las materias primas, que incrementó la demanda laboral de los sectores menos calificados; las mejoras en el nivel educacional, que permitió reducir la desigualdad salarial y los programas de transferencias implementados en distintos países.

Sin embargo, a pesar de esta evolución favorable, nuestra región sigue siendo muy desigual cuando nos comparamos con los países más desarrollados e incluso con países de niveles de desarrollo similar en otras partes del mundo. Por ejemplo, el índice de Gini promedio de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) es de 0,32 y del grupo de países con nivel de desarrollo similar a América Latina es de alrededor de 0,37. Asimismo, el ratio de Kuznets es inferior a 10 en el caso de los países de la OCDE y alrededor de 12 en el grupo de países de desarrollo similar. Entre las causas principales de esta persistencia de nuestra región como uno de los más desiguales en el mundo, se citan las grandes desigualdades en el acceso a una educación de calidad y a otros servicios públicos básicos, elevados niveles de informalidad en los mercados laborales que limitan el acceso a la seguridad social, así como la poca eficacia redistributiva de las políticas fiscales en América Latina con respecto a los países de la OCDE y otros países similares en otras partes del mundo.

Nuestro país ha experimentado una evolución similar a la observada en la región, así como en los factores que la explican. El índice de Gini también experimentó una reducción importante de niveles de 0,56 en el 2002 a alrededor de 0,47 en el 2018. Sin embargo, aún pertenecemos al grupo de países con los mayores índices de la región conjuntamente con Brasil, Chile, Colombia, México, etc.

Tanto en la región como en nuestro país, tenemos un largo camino por recorrer. Los efectos del Covid-19 seguro provocarán incluso un retroceso. Es necesario que los ciudadanos tomemos conciencia de la importancia de una sociedad más igualitaria. Una mayor cohesión social y más confianza en las instituciones, redundan en mayor estabilidad social y esta es una condición fundamental para acelerar el desarrollo económico, configurando un círculo virtuoso.

Por lo tanto, debemos priorizar las políticas públicas que impulsen una mayor igualdad, como por ejemplo: La reforma educativa, de la salud pública, la reforma previsional y la formalización laboral, para seguir avanzando hacia una sociedad más igualitaria.

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