Correo Semanal

La deuda histórica de la Universidad Nacional de Asunción

Si las ciencias políticas en Latinoamérica ocupan una posición subordinada o dependiente, esto es doblemente cierto en Paraguay.

Gustavo Setrini | cientista político

En los próximos días el Consejo Superior Universitario (CSU) de la Universidad Nacional de Asunción (UNA) emitirá una resolución que otorga la creación de una nueva Facultad de Trabajo Social y Ciencias Sociales. Consecuencia de una larga lucha de estudiantes, docentes, y egresados, esta decisión es un paso importante hacia remediar el atraso centenario de las ciencias sociales en Paraguay.

La desanexión de las carreras de Sociología y de Ciencias Políticas, actualmente articuladas y subordinadas a la Facultad de Derecho, ha sido motivo de manifestaciones perennes de estudiantes de esas carreras. La decisión del CSU da una respuesta parcial a estas demandas, accediendo a la desanexión de Sociología, pero no a la de las Ciencias Políticas. Con esta medida, las autoridades de la UNA mantienen la larga tradición de censura de esta disciplina en nuestro país, defendiendo uno de los legados más nocivos de la dictadura y conservando un importante mecanismo para la reproducción de relaciones políticas autoritarias en Paraguay.

Una disciplina desaparecida

Una resolución del 1972 establece legalmente la fundación de la Escuela de Ciencias Sociales dentro de la Facultad de Derecho. Sin embargo, en la práctica, su apertura y funcionamiento no se dio hasta el 2003. Acerca de esta censura, los politólogos paraguayos Guzmán Ibarra y Francisco Martínez explican, “el control a la actividad académica e intelectual se dio prohibiendo su libre ejercicio... e incluyó entre sus acciones el apresamiento e incluso la desaparición, de hecho, muchos de los primeros politólogos empezarán su acercamiento a la disciplina desde el exilio o la clandestinidad”. (El desarrollo de la Ciencia Política en Paraguay, 6).

Por eso, el desarrollo de las ciencias sociales tuvo lugar principalmente bajo la protección de instituciones privadas y extranjeras. Por un lado, el Centro Paraguayo de Estudios Sociológicos (Cepes) articuló el apoyo proveniente de instituciones académicas y estatales de los EEUU, Argentina y Brasil, convirtiéndose en el núcleo principal de formación e investigación social dentro del país.

Por otro lado, en 1972, la Universidad Católica, bajo la protección de la Iglesia Católica, abre las primeras carreras de Ciencias Políticas y Sociología en el país. Sin embargo, estas carreras se cierran en la década de los 80, bajo la presión del régimen autoritario.

El nulo desarrollo de las Ciencias Políticas se evidenciaba por el predominio de la Sociología en la malla curricular y el plantel de docentes y por el hecho de que, en sus primeros 20 años, la carrera tuvo un solo egresado.

La “Escuelita” de Ciencias Sociales

Si las ciencias políticas fueron desaparecidas y exiliadas como tantas otras opositoras a la dictadura, la transición democrática, lastimosamente no trajo las condiciones políticas e institucionales para su libre desarrollo. La subordinación de la Escuela de Ciencias Sociales (la “escuelita” por su sobrenombre apropiadamente condescendiente) a la Facultad de Derecho, la somete a criterios, tanto políticos y como académicos, que no permiten su desarrollo propio y truncan su contribución a la democratización de la sociedad paraguaya.

La Facultad de Derecho de la UNA es, por un lado, el lugar de formación más prestigioso de abogados en el país. Es, por otro lado, un reconocido sitio de reclutamiento y formación de militantes del Partido Colorado. La cooptación partidaria de esta institución permite que el Partido Colorado reproduzca su poder dentro de las cortes, de la fiscalía, y en todo el desarrollo y ejercicio de la ley.

Relegar las Ciencias Sociales a un lugar subsidiario al Derecho es una medida para evitar el desarrollo de otras profesiones con la capacidad de disputar el monopolio del Derecho como profesión y de la Facultad de Derecho como institución en el ámbito político.

Un simple resumen de las condiciones académicas y materiales dentro de la escuela basta para sostener esta hipótesis. La vasta mayoría de los docentes no cuentan con formación en Ciencias Políticas o Sociología, siendo abogados nombrados por la Facultad de Derecho. Estudiantes alegan, además, que muchos de estos ocupan sus puestos sin haber concursado o como resultado de concursos irregulares.

Las mallas curriculares de las dos carreras son las mismas propuestas en 1972 durante la dictadura. Aparte de estar seriamente desfasadas en términos intelectuales, son inadecuadas para equipar a los egresados de la escuela con las capacidades necesarias para integrarse al mercado laboral. Existen, formalmente, cinco centros de investigación y estudios dentro de la escuela. Sin embargo, ninguno se encuentra en funcionamiento y se desconoce quiénes son los docentes que perciben los salarios de investigadores y qué uso se da a los presupuestos de los centros de investigación.

La falta de autonomía administrativa y de órganos de cogobierno interestamental dentro de la escuela dejan a los estudiantes sin vías institucionales para exigir la rendición de cuentas de las autoridades académicas y demandar el cumplimiento de las tareas básicas de la institución. Estas condiciones, junto con prácticas antidemocráticas en las elecciones del centro de estudiantes, provocaron una serie de manifestaciones y protestas desde el estudiantado y condujeron hacia la coyuntura actual. Una vez desanexada, Sociología tendrá mayor autonomía académica y administrativa y podrá renovar su plantel de docentes. Representantes de la carrera tendrán, por primera vez, posibilidades verdaderas de abogar por sus intereses por vías institucionales. Sin embargo, la cuestión presupuestaria, y por ende la estructura de la nueva facultad y el enfoque de sus centros de investigación quedan aún irresueltas.

La exclusión de Ciencias Políticas de la nueva facultad, además de postergar la creación de una carrera genuina de Ciencias Políticas en la UNA, deja mal definida la identidad de la nueva facultad.

Los argumentos presentados por estudiantes y autoridades de la Facultad de Derecho en contra de la desanexión de Ciencias Políticas se resumen en dos puntos: 1) que las Ciencias Políticas son una rama de las Ciencias Jurídicas y 2) que las Ciencias Políticas gozan de mayor prestigio académico, y sus egresados de mayor potencial profesional, dentro de la Facultad de Derecho. Sin embargo, un resumen de la historia de la disciplina refuta estos argumentos.

La historia resumida de las ciencias políticas

Desde una perspectiva epistemológica las ciencias políticas tienen mucho más en común con otras ciencias sociales que con el estudio del derecho. Sus antecedentes más antiguos incluyen la filosofía política y moral de la edad clásica, medieval, y moderna temprana que dio luz al estudio y ejercicio moderno del derecho.

Sin embargo, las ciencias políticas forjaron un camino epistemológico distinto al de los estudios jurídicos, ya a finales del siglo XVIII, cuando el positivismo filosófico Auguste Comte (1760-1825) sentó las bases para las ciencias sociales modernas, estableciendo como su propósito la identificación y teorización de leyes del comportamiento social a través de investigación empírica y científica.

Durante el siglo XIX, el estudio de la política se desarrollaba dentro de distintas disciplinas como la Sociología, la Economía Política, el Derecho, y la Historia, y la obra de los grandes teóricos de la política de esa época –Max Weber, Karl Marx, y Alexis de Tocqueville– proveyeron puntos de partida comunes para las ciencias políticas, la sociología, y la antropología moderna.

Ya al inicio del siglo XX, las primeras instituciones académicas dedicadas a las ciencias políticas se fundaron: La École Libre des Sciences Politiques fue fundada en Francia en 1872, la London School of Economics and Political Science en Inglaterra en 1895, y la Columbia University School of Political Science en 1880.

El nacimiento de las ciencias políticas fue precisamente una ruptura con el estudio legalista y normativa de la política que lo precedió. Fue fundada con pretensiones científicas inspiradas en las metodologías empíricas de las ciencias naturales y físicas y con el propósito de aplicar estos modos de investigación a la comprensión del comportamiento del Estado y de los diversos actores políticos.

El nivel de objetividad posible y deseable en el estudio de la política ha sido y sigue siendo muy debatido. Sin embargo, hasta el día de hoy, el grado de positivismo de las ciencias sociales y las ciencias políticas en particular las distingue del derecho y sus fundamentos en la filosofía y la lógica.

La alta prioridad otorgada por las ciencias políticas al desarrollo de teorías políticas causales es totalmente ajena al derecho como disciplina. Esto implica también que la formación teórica, metodológica, y empírica-histórica necesaria para un politólogo es casi totalmente distinto a la formación requerida por un abogado.

En sus inicios, la ciencia política se construyó sobre las bases de las innovaciones metodológicas y teóricas de la sociología, la sicología, y especialmente estadísticas y economía. A lo largo del siglo XX, la disciplina se consolidó como un campo distintivo, con preguntas teóricas, enfoques empíricos, y herramientas metodológicas distintivas.

En los EEUU, cinco subdisciplinas componen las ciencias políticas: Política de los EEUU, política comparativa, relaciones internacionales, administración pública, y teoría o filosofía política. Actualmente, y casi sin variación en las universidades estadounidenses, los departamentos de ciencias políticas se ubican dentro de facultades de artes y ciencias, donde mantienen vínculos intelectuales y administrativas con las otras ciencias sociales, las ciencias naturales y las humanidades. Este muy distinto al modelo de las universidades latinoamericanas, donde las ciencias políticas se desprendieron de facultades de derecho para luego integrarse a facultades de ciencias sociales. Sin embargo, el modelo estadounidense mantiene relevancia en Latinoamérica, porque la producción intelectual y científica de los EEUU marca en gran parte los criterios de la academia internacional.

Lastimosamente, esto es el caso hasta para el estudio de la política latinoamericana. En los EEUU, este campo se integra a la subdisciplina de política comparativa, que tiene sus orígenes durante la Guerra Fría.

La preocupación de diversos gobiernos en este periodo sobre la posible influencia soviética en el tercer mundo estimuló apoyo federal para el desarrollo de programas interdisciplinarios de International Area Studies para acumular conocimiento dentro de los EEUU sobre los procesos de cambio social, económico y político dentro de las ex colonias de Asia, África, y Latinoamérica. Dentro de los departamentos de ciencias políticas, estos incentivos engendraron a la política comparativa con su enfoque en las problemáticas de la modernización económica y política, la democratización y el autoritarismo, el orden político y el conflicto social y étnico.

Los avances en el estudio de la política latinoamericana dentro de los EEUU y las condiciones de seguridad laboral y libertad intelectual ofrecidas por la academia estadounidense, atrajeron muchos intelectuales latinoamericanos, que se integraron como docentes e investigadores en las universidades más prestigiosas de ese país. Esto significa que mucho del conocimiento sobre la política comparativa latinoamericana acumula fuera de la región y buena parte de las autoridades mundiales de este campo se encuentran en los Estados Unidos y comprometidas al desarrollo de instituciones científicas y académicas fuera de Latinoamérica.

Paraguay y las ciencias sociales

Según los ránkings internacionales de publicaciones en ciencias políticas y relaciones internacionales para los años 1996-2016, ningún país latinoamericano se ubica entre los primeros diez puestos y Paraguay ocupa casi el último lugar en el ránking entre países latinoamericanos, ubicándose en el puesto 151 entre 199 países. Uruguay, un país cuya población es la mitad de la paraguaya, generó más de diez veces las publicaciones que Paraguay produjo en ese periodo. SCImago Journal & Country Rank http://www.scimagojr.com/

* Ph.D. en Ciencias Políticas del Instituto Tecnológico de Massachusetts (EEUU). Profesor de Estudios Alimentarios de la Universidad de Nueva York (EEUU) y docente de Economía Política en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso Paraguay).

La dependencia del pensamiento político paraguayo

Si las ciencias políticas en Latinoamérica ocupan una posición subordinada o dependiente, esto es doblemente cierto en Paraguay. La mayoría de los libros y artículos académicos publicados sobre la política paraguaya fueron publicados en el extranjero por paraguayos expatriados y por extranjeros. La producción politológica paraguaya es ínfima y de nulo impacto a nivel regional e internacional. Vale destacar que en Paraguay no existen especializaciones subdisciplinarias ni en la formación ni en las actividades profesionales de los politólogos, y menos aún revistas académicas especializadas en las ciencias políticas. El severo subdesarrollo de la disciplina nacional y de la literatura nacional sobre la política paraguaya hace que el caso paraguayo no aparezca en los textos de análisis comparativo, invisibilizando el país dentro de las ciencias políticas internacionales. Este hueco de conocimiento genera un círculo vicioso: Por la ausencia de Paraguay en literatura comparativa, los fenómenos políticos actuales e históricos paraguayos no atraen la atención de investigadores internacionales que podrían especializarse en el estudio de Paraguay. Recíprocamente, por la falta de investigadores especializados en la política paraguaya se mantiene un hueco en la literatura comparativa.

La única salida de este círculo vicioso es desarrollar la disciplina a nivel nacional. Los avances impulsados en años recientes han sido substanciales. Entre ellos se cuenta la formación de la Asociación de Ciencia Política del Paraguay (Acipp) en el 2015 y la celebración del segundo encuentro de politólogos/as del Paraguay en octubre 2017. Se observa por primera vez una masa crítica de politólogos paraguayos, debido en parte a las becas del Gobierno paraguayo para estudios en el extranjero y también al apoyo de generaciones anteriores, pioneros en las ciencias sociales paraguayas. La disponibilidad de fondos de investigación del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) también ha dado impulso al aumento de producción de estudios de la política paraguaya.

Sin embargo, sin una sede institucional autónoma, líneas dedicadas de financiamiento, y la creación de centros de investigación subdisciplinarias especializadas para las ciencias políticas –pasos que se tomaron en los Estados Unidos desde hace un siglo– Paraguay permanecerá enteramente dependiente y subordinada a la academia internacional para la generación de conocimiento sobre su propio desarrollo político. Lejos de resguardar el prestigio de la disciplina, la subordinación institucional de las ciencias políticas a la Facultad de Derecho la condena a la perpetua irrelevancia y la mediocridad. Dada esta realidad, es probable que cualquier ventaja profesional brindada a sus egresados por su proximidad a la Facultad de Derecho sea de carácter partidario o social antes que técnico o académico. Más allá de lo académico, la renovada censura de esta disciplina priva a la ciudadanía de herramientas de pensamiento crítico necesarias para mejorar el nivel del debate con respecto a las políticas públicas y la política electoral.

Frente a lo expuesto, los argumentos en contra de la desanexión son insostenibles, y la exclusión de las Ciencias Políticas de la nueva Facultad de Trabajo Social y Ciencias Sociales se manifiesta como el rechazo de las autoridades universitarias a dar un impulso genuino al desarrollo de esta disciplina y al avance colectivo de las Ciencias Sociales en Paraguay. Por el momento, las Ciencias Políticas seguirán desaparecidas y los científicos sociales seguirán reivindicando el pago de esta deuda histórica.

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