La Cábala en la poesía de Renée Ferrer

Opinión:
Osvaldo González Real
Escritor / Critico

En su último libro, Las moradas del Universo, se notan claras reminiscencias de la Cábala Mística, surgida en España alrededor del año 1000, en plena Edad Media. En la ciudad de León --influido por la filosofía neoplatónica de los pensadores árabes--, un famoso rabino publica un libro fundacional: El Zohar (Libro del Esplendor), donde, utilizando un lenguaje esotérico, establece los fundamentos de una doctrina hermética que permite a los discípulos acceder --a través de claves lingüísticas y numerológicas-- a la comunicación directa con lo trascendente (el Ein Sof), o sea Dios.

El llamado árbol de la vida simboliza el esquema del Universo y la posición, en sus distintas ramas, de los sefirots, poderosas fuerzas cósmicas representadas por ángeles. Cuando el neófito comienza su penosa ascensión desde este rincón oscuro (nuestro planeta) hacia la luz resplandeciente --vértice del cosmos--, a través de técnicas parecidas al yoga, lo hace por medio de la palabra mántica (invocaciones, en hebreo).

Poesía y logos

Según Isaac Luria, el abismo insondable que existe entre el Creador y sus criaturas sólo puede ser cruzado a través del puente tendido por la voz humana, por la palabra. A la manera de los místicos cristianos, como San Juan de la Cruz, el iniciado se funde con la unidad cósmica, en un éxtasis inefable, que lo lleva a la morada final, donde tiene su encuentro con el Ser Sin Nombre. La ortodoxia rabínica se opuso a esta doctrina, semiherética, que prescindía de los intermediarios sacerdotales.

Lo que ha logrado Renée en este libro es homologar la poesía con el logos, con la inteligencia de la energía suprema, y relatar la peregrinación del alma hacia la meta final, recalando en los distintos puertos y moradas celestes por los cuales tenemos que pasar, en nuestra jornada infinita.

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