Correo Semanal

Krampus o el abuso contra niños sordos

 

Miguel H. López

Una denuncia brutal sobre la barbarie humana enfundada en sotana, que a su vez se convierte en un ineludible grito de reclamo de justicia y de respeto a los diferentes, es la que fluye incesante en la novela lanzada recientemente por Rogelio Ocampos bajo el título de El Krampus, con sello editorial de Arandurã. La motivación de la obra –que se convierte en pretexto para alertar a la humanidad– son hechos reales en donde curas y cómplices abusadores convirtieron –convierten– la vida de inocentes niños y niñas sordos en un inenarrable padecimiento del que tal vez nunca regresen.

Cuando trata de explicar cómo arriba al libro, Rogelio se acelera y expresa su desazón. Es padre de dos personas sordas, hoy adultas y profesionales, y conoce desde adentro el laberinto que es el mundo desde el silencio, esa cultura que busca expresarse hacia un mundo asimétrico marcado y delineado desde la impositiva oralidad. Entonces es cuando su relato adquiere todo el dramatismo que encierra su texto que estalla y expone a una institución creada hace 175 años como es el Instituto Próvolo.

“De repente explotó en Verona un escándalo que salió en todos los medios: la denuncia de abusos contra niños sordos por parte de sacerdotes. Me empecé a involucrar. Me suscribí a cuanta página hay especializada en red de abusos eclesiásticos. Hay inclusive en el propio Estado Vaticano personas que se dedican a seguir los casos de pedofilia, pederastia por parte de sacerdotes, obispos, arzobispos, que venían ya presionando desde la época de Joseph Aloisius Ratzinger (el papa Benedicto XVI). Hay dudas de que él mismo haya salido de allí por alguna presión. Fue durante 25 años jefe de la inquisición nueva, la Doctrina de la Fe. El hombre cajoneó durante muchos años los casos de pederastia y pedofilia que a él debían llegar. Todo eso fui investigando, leyendo, escuchando...”, relata Rogelio aludiendo al inicio del trabajo que en su edición final incorpora un capítulo paraguayo de la misma agrupación religiosa.

UN LIBRO ESTREMECEDOR

Los hechos transcurren en el libro con toda la intriga y el dolor que uno puede imaginarse. Los hechos y protagonistas víctimas son tan sensibles a la humanidad que cualquier pasaje atemoriza y estremece. El autor, que anticipa una segunda obra con la misma temática, explicita que todo lo que expresa está respaldado con relatos, testigos, víctimas y documentos. El recurso literario es en esos momentos en donde la historia es tan sórdida que requiere de cierta licencia expresiva para lograr concretar el relato que puede llenarse de silencio, repentinamente.

Un encuentro, reconoce Rogelio, marcó ese giro que lo condujo a una dimensión del horror del que aún no se recupera. A través de su hija que es miembro de la directiva de la Unión Argentina de Sordos, con más de 100 años de existencia, conoció a alguien que dijo haber sido abusado sexualmente por el cura Nicolás Corradi (83), quien escapó de Verona para instalarse en la provincia de Mendoza. Y fue justamente en Mendoza donde se produjeron finalmente las denuncias que llevaron al mismo Corradi, a otro cura, Horacio Corbacho y al jardinero Armando Gómez (51) ante la Justicia. Este último fue condenado a 50 años por las atrocidades cometidas y la pena le fue reducida al acceder a contar hechos y nombres de otros involucrados.

Fue entonces que dije que debía escribir. Recuerda Rogelio. Entonces –rememora– se inscribió a todas las publicaciones y portales existentes sobre pedofilia y pederastia en la Iglesia y empezó el largo trabajo de buceo inmerso en cientos de miles de relatos, palabras, testimonios, documentos, alegatos, videos, etc. “Allí descubrí que hay una asociación de sobrevivientes de abusos eclesiásticos, con más de 7 países y 12.000 miembros”, acota.

Los abusos contra los niños sordos rebasan lo sexual. Maltratos físicos, heridas de castigo, daños sicológicos, mala alimentación, etc., forman parte de la larga lista de sufrimientos denunciados. Paraguay no escapa a esta situación última. No solo los sacerdotes perpetran los delitos, también las monjas de la agrupación Próvolo. Como agravante, las donaciones que se les entregan son vendidas y los recursos administrados adquiriendo productos de mala calidad provocando que los niños internados malvivan. “Incluyo una pequeña parte de Paraguay”, puntualiza Rogelio y explica que hay testimonio y silencios que confirman muchas cosas. Que solo es cuestión de tiempo para que todo empiece a aflorar.

Admite que existe una organización muy poderosa que los encubre. Recurriendo al lenguaje de la ficción para dar curso lineal al relato, escribe: “Por siglos depredaron sobre la tierra”. Y refiriéndose a las víctimas inocentes, expone: ”Quienes consiguieron volver de sus infiernos ya no son los mismos, tienen sus vidas destruidas y ni la propia justicia de los hombres en 175 años logró cazar y destruir a estos demonios. Pero eso está cambiando. Un Krampus fue condenado en Mendoza, Argentina, y otros también serán juzgados”.

LA BESTIA que depreda niños

¿Por qué Krampus?

“Tomo el tema del Krampus, que es un demonio de origen nórdico, tipo karai vosa, un diablo de la Navidad de los europeos. Ellos le tienen mucho miedo. Es un ser que se roba a los niños para devorarlos o llevarlos de castigo al infierno para arder por la eternidad. Estos entes malignos, vestidos de sotana o hábito, son como el demonio. Van trasladándose por todos lados, cuando ya no pueden o las cosas se ponen difíciles en un lugar y están a punto de ser descubiertos, huyen, se trasladan y dejan sus huevos... En este caso los demonios de esta narración novelada destruyeron miles de vidas inocentes y sus crímenes quedaron, hasta ahora, impunes”.

La denuncia que el autor presenta en el libro sobrepasa el abuso sexual y hace principal hincapié en cómo los institutos Próvolo violentaron desde siempre los derechos humanos de cientos de miles de niños, principalmente pobres que van a parar a sus internados. Es un alegato a la defensa del derecho de los sordos –de los otros diferentes– de expresarse a través de sus propios modos y culturas como el de la lengua de señas; un sistema de comunicación que en esta agrupación religiosa se les prohibía, mientras en contrapartida se les imponía la oralidad como única manera de vincularse al mundo. La búsqueda de obligar a los internos a “ser curados” de la sordera mediante el habla, atribuyendo significados y prácticas diabólicas a las señas y gestos.

la búsqueda

En su búsqueda de aproximarse a aquello que estremecía de dolor la humanidad de cualquiera, Rogelio relata que empezó a asistir a reuniones y eventos de la colectividad sorda.

Rogelio expresa que su propósito principal con el libro es que padres, madres, maestros, parientes, amigos de niños y jóvenes sordos puedan entender y dimensionen hasta dónde llegó la congregación denunciada, al igual que otras instituciones confesionales que siguen hasta ahora con prácticas de abuso de todo tipo.

Como en un descargo, menciona lo mismo que dice en la presentación de su obra: “Me consta que hasta hace poco se prohibía la lengua de señas en sus instituciones, castigando a los niños, sin reconocer que fracasaron en su método y sin hacerse cargo de los daños irreparables que causaron a miles de niños y niñas, al no permitir su desarrollo intelectual a causa de la prohibición del uso de su lengua o la enseñanza de la misma, independientemente de los abusos atroces cometidos por sacerdotes, monjas, hermanos, laicos, vinculados a sus instituciones por décadas”.

Rogelio Ocampos, militante social, habla de su novela –altamente documentada– donde revela las atrocidades de la Iglesi
Rogelio Ocampos, militante social, habla de su novela –altamente documentada– donde revela las atrocidades de la Iglesia en los internados de no oyentes.

Libro

Fragmento
“Cuando le preguntaron en Verona, como a otros pederastas, si prefería retirarse (vivir una vida tranquila en un asilo) o ir a América, el Krampus se regocijó. Buscó su siguiente objetivo: La Plata, Argentina. Allí pudo enseguida encontrar la manera de seguir depredando y de ir ampliando su dominio. Encontró enseguida a varios seguidores dispuestos a continuar con sus ‘enseñanzas’. Entre ellos había curas, monjas, hermanos y laicos. Tenía para elegir. En un momento eran como cuatrocientos niños de los cuales se podía surtir. Los otros cómplices enseguida se convirtieron en Krampus. Algunos eran tan aterradores que el propio demonio tendría miedo de ellos. En La Plata sobrepasaron cualquier meta”.

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