Por Sergio Noe | snoe@uhora.com.py
Con gran derroche de carisma -algo exótico en un británico- y en compañía de su orquesta arribó a escena con el clásico 2001 Una odisea en el espacio como cortina de fondo, con el cual arrancaba el show ambientado de su propuesta Alunizaje (Landing moon).
De su último disco sonaban temas vinculados al principal satélite terrestre, como Face the sun, primero en el piano, y Blue on blue, en guitarra.
“Hola Paraguay”, decía el músico recién en el cuarto tema para proseguir inmediatamente con temas como Billy, Wisemen y High de su primer disco del 2004, y luego con Carry you home, del segundo disco del 2007, muy coreado por sus fans.
“Perdón por mi español, que no es muy bueno”, revelaba Blunt en un intento de ganarse el cariño del público para sin más, agregar: “Es un gran honor estar en este país”.
Siguiendo con canciones de su último álbum tales como Satellites, These are the words –con el ukeleke– y Postcards, el exsoldado no perdía la ocasión de conectarse con el público, bromeando con sus músicos sobre su baja estatura.
Tampoco faltó su melancólica Goodbye my lover, tocando con gran expresividad en el piano, reviviendo ante los presentes esa decepción amorosa que tuvo en la vida.
También hizo un guiño más que evidente con sus fans, a tal punto que en un momento del cover Coz I Luv You dejaba el escenario para literalmente bajarse y meterse entre sus seguidoras, que sin cavilar corrieron tras su ídolo para sentirlo más de cerca, para finalmente ser ovacionado al terminar su llamativa odisea.
Con Same mistake, Blunt plasmó de constelaciones su concierto y convirtió su platea en un cielo, gracias a los celulares prendidos que estrellaron su odisea espacial en Lambaré.
Sin dudas, el público explotó con su himno You’re beautiful, coreando, moviéndose y disfrutando que su ídolo estuviera allí mismo para cantarles de cerca.
Pese a que la melancolía fuera la constante en las letras de sus canciones, el ritmo, la pasión y la emoción estuvieron genuinamente presentes en una noche que se diluía magistralmente con Stay the night, Bonfire hear y 1973, ante los aplausos y rostros felices de la audiencia, y con un Blunt que se retiraba más que encantado con sus fans paraguayas.