Opinión

Improvisación política mata economía

Miguel Benítez – TW: @maikbenz

Al observar la deplorable gestión que lleva adelante el Gobierno de Mario Abdo Benítez, nunca pudo estar mejor aplicada aquella cantaleta de que “la economía mueve al país, pero la política mueve a la economía”. Lastimosamente, no podemos hablar de una política acertada, con los esperados ribetes de equivocaciones, sino todo lo contrario. Se están dando pasos en falso consecutivos, y la realidad económica, que ya no era buena al empezar el 2019, es una de las principales víctimas.

La cuestión es simple. Cuando hay incertidumbre e inestabilidad en la administración del Estado, los inversionistas piensan varias veces antes de llevar su capital a ese país. Las agencias de calificación de riesgo, al igual que los organismos multilaterales de crédito, empiezan a especular sobre la proyección económica y la cadena negativa se va extendiendo hasta el punto de concluir que esa economía no resulta atractiva. Y esto sin siquiera mencionar la inseguridad ciudadana que vivimos. Desde hace años, Paraguay araña el grado de inversión de las calificadoras, meta que siempre se estanca cuando aparecen las improvisaciones en el liderazgo estatal.

La crisis que estalló a causa de la perjudicial acta bilateral suscripta por las Cancillerías de Paraguay y Brasil, para contratar la potencia de Itaipú, fue una muestra más de cómo la prepotencia política sigue reinando por sobre los criterios técnicos. No es ninguna novedad que, gobierno tras gobierno, siempre se escojan a los amigos que estuvieron en la trinchera partidaria para ocupar puestos de vanguardia en las instituciones, dejando de lado a los especialistas o a los nativos del área.

Penosamente, por el otro lado, si el gabinete del Poder Ejecutivo se termina componiendo de un gran número de profesionales idóneos, sin afiliación al color de turno, no tardan en aparecer los reclamos para que los cupos sean destinados a los que hicieron posible la llegada al poder del mandatario. Ejemplos de esto tenemos en el pasado, presente y, si seguimos sometidos a la corruptela, también los continuaremos exhibiendo a cacharratas en el futuro.

El ninguneo a los funcionarios de la ANDE, en una materia que les competía exclusivamente, casi finalizó en una catástrofe para la economía nacional. Y son varias las entidades técnicas que relegan a su excelente personal para escuchar o dar lugar a las decisiones políticas que solo buscan congraciarse con un minúsculo grupo. Si no fuese por los reclamos ciudadanos, el presidente Abdo Benítez jamás hubiera seleccionado a dos jóvenes académicos para el Consejo de Administración de la Itaipú. Solo el hartazgo popular hizo que ahora las binacionales estén bajo de la lupa de mucha gente, algo que nunca habría sucedido si el conflicto ANDE -Eletrobras pasaba desapercibido.

RETROCEDEMOS. La designación de Rodolfo Friedmann como ministro de Agricultura y Ganadería es una falta de respeto y un insulto a la inteligencia de los paraguayos. Puede tratarse de un cargo político, de confianza, de amigos o como quieran llamarlo, pero se da en pleno momento en que el sector productivo vive una notable ralentización y necesita auxilio real; no experimentos.

Si la idea era devolver un favor o buscar una estrategia para que Horacio Cartes llegue al Senado, el precio que están eligiendo pagar puede ser muy caro. La decisión resulta aún más ofensiva, pues acontece en medio de una evidente inseguridad, la cual se cobró dos vidas en menos de cuatro días.

El rechazo unánime de todos los gremios del campo no es casualidad, es el sincero mensaje de que la situación no está bien y en lugar de avanzar, estamos retrocediendo. No se puede jugar con un sector que, a menos de que se fomente la industrialización a gran escala, seguirá siendo el sostén de la economía.

Es momento de que el jefe de Estado demuestre que él ocupa el sillón presidencial y no es la marioneta de algún titiritero. Es tiempo de aciertos, ya no más de improvisaciones.

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