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Historia de una tristeza anticipada

Perdió Argentina. Y no lo siento tanto por los vecinos argentinos como por Leo Messi. Esta historia es bien conocida en el fútbol. Cuando pierde un equipo se busca a los jugadores culpables.

Sin embargo, es de sentido común que la cabeza dirigencial es responsable de la suerte de una selección. No de un partido, pues el fútbol no es lineal.

Esta selección bajo el comando de su directiva actual es símil de la época funesta de Grondona, reflejo de una pléyade de directivos de la AFA que resquebrajaron los valores del deporte en su esencia. Hoy son otros nombres, pero casi con el mismo andar que los anteriores. Messi está en un manicomio, decía un periodista español, y con acierto. Debe estar maldiciendo su bonhomía de volver a jugar por ella cuando ya había renunciado. Volvió a regañadientes y la cargó en sus espaldas en las Eliminatorias, continuó su calvario en la previa y la sufrió en el Mundial.

Sampaoli, su cabeza deportiva, representa un tipo de conducción impresentable, viniendo de la rica historia de maestros de la dirección técnica de ese país. El Señor Tata Martino, quien lo precedió en ese cargo, estoy seguro que olfateó el tufo dirigencial de esa institución y se retiró en silencio penoso.

¿Qué pasa con Messi que juega a bajo nivel en su selección? Es simple; no juega con alegría y, créase o no, el fútbol es un juego y no un trabajo. El día que no sientas la alegría de entrar a jugar un Mundial es que hay que retirarse. ¿Cómo voy a jugarlo bien si estoy triste? No es una profesión cualquiera que puedo ir a trabajar y cumplir con mi sola presencia. Por ello, aunque Messi gane millones, necesita divertirse para regalarnos con su lúdica magia esos goles increíbles. Es quizás el más grande jugador que verán nuestros ojos. Y aún sigue siendo cuestionado en su propia casa.

Vamos al fondo. El fútbol es un juego de millonarios montos, pero nunca será más importante que el respeto, la honestidad, la educación. Es complemento para que seamos más plenos y más saludables. Pero en ello no se debe perder la elegancia ni renegar valores superiores. Cómo voy a dirigir una selección si me comporto como un desaforado por un foul mal sancionado. Cómo voy a inspirar respeto a mis jugadores si ellos saben que su técnico tiene una confusión terrible en su comportamiento y gestión de equipo. España dio una ejemplar lección de coherencia ética al despedir a su técnico por cuestiones de esa índole.

Es que hay valores inquebrantables a respetar o entramos en el vale todo. La prensa argentina, en gran porción, debe al público un análisis de lo sucedido y la culpa es parte de ellos al avivar una ilusión de un fuego victorioso no adecuado para pretender esta Copa Mundial. Alemania es un ejemplo de país en muchos sentidos, de hecho es el gran sostén de la comunidad europea. En él existe una estructura básica de orden, respeto y trabajo. Puede eliminarse su equipo, pero la base está firme. Y la base es dirigencia proba, entrenadores coherentes, jugadores disciplinados y trabajo arduo a largo plazo. Cuando haya una receta mejor, avisen a la AFA. Al menos sabrán en papeles dónde está el camino. Por último, aquellos que aman al fútbol diversión, envíen un apoyo y gratitud solidaria a un jugador de tamaño gigante y corazón triste, que sabe la verdad de esta eliminación y la sufre solo.

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