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Historia del joven que inspiró al Papa a cambiar su discurso en Costanera

O.O., de 17 años, leyó el Evangelio en la cita con los jóvenes y emocionó al Pontífice con su pedido: libertad para él y sus compañeros. Aseguró que cuando abandone el Centro Educativo ayudará a sus pares a creer.

Por Virgilio Cáceres

A O.O. sus compañeros del Centro Educativo de Itauguá lo llaman "felices" desde el pasado domingo y fue porque durante el encuentro de los jóvenes con el papa Francisco en la Costanera leyó el evangelio de Mateo, capítulo 5 (que hablaba de las bienaventuranzas). Su lectura, el pedido de oración por su libertad y los testimonios de Liz Fretes y Manuel Aguilar hicieron que Francisco cambiara su discurso, al que calificó de aburrido, desatando el aplauso y euforia de los jóvenes en esa ocasión.

Con risas, pero con una notoria timidez, relata emocionado su encuentro personal con el Papa. Luego de su almuerzo, alrededor de las 12.30 de ayer, toma asiento y exhibe su más preciado regalo según él mismo: un rosario. Esta escena se dio en una ronda de sillas blancas preparadas para la charla con ÚH, en compañía de su hermana P.T.

Nos cuenta que hornea el pan, cuida de las hortalizas en el Centro Educativo y durante el rezo del rosario recrea el momento único que experimentó.

"Escuché que el director Édgar Moyano preguntó si había alguien que se animaba a leer. Todos se negaron, yo dije que quería. El director aceptó y 5 días antes me avisaron que iba a leer", manifestó.

"Me sentí feliz, tenía un poco de miedo, pero después dije que yo sí puedo y empecé a rezar mucho el Padre Nuestro para que Dios me ayude en ese momento. Practiqué bastante. Me animé para demostrar que busco un cambio en mi vida", señaló el menor.

El joven manifiesta que practicó dos veces en el escenario. Sus manos le sudaban y sus pies le temblaban a medida que se acercaba la hora de la presencia del Pontífice. Llegó el momento y tras la conversación de uno de los guardias con sacerdotes en el lugar, le informan que solo podrá leer y no saludar al Papa. Sin embargo, no se dio de esa manera, cuenta feliz.

"Antes de iniciarse todo conversé con el Papa. Me preguntó mi nombre y de la emoción no pude hablar, no me salían las palabras, era demasiado emocionante, luego de mucho esfuerzo le conté y también que iba a leer".

"¿Te animás a hacer?, me dijo, y sí, le respondí. El Papa me contestó: Sos un valiente", expresa el menor, ante la atenta mirada de su hermana, quien fue hasta el centro del pabellón la Esperanza para visitarlo.

"Al término de la lectura me acerqué para abrazarlo porque él me llamó. Sentí que volaba en las nubes, sentí una paz y que todo lo que pedí se iba a cumplir. Puedo decir que el abrazo del Papa vale oro".

"Cada vez que le hablaba me pedía que no me olvide de rezar por él, le insistí que ore por mi libertad y por toda mi familia. Luego me pidió permiso para mencionar en público lo que le dije, pero que se iba a referir sobre la libertad en general. Convirtió en una reflexión mi pedido y cada vez que mencionaba mi nombre yo sentía emoción y sentía que volaba", recordó.

Lo más emocionante para O.O. fue el intercambio de obsequios. "Le regalé un cuadro que tiene un denario bordado en Ñandutí, le escribí una carta en la que le cuento mi historia, pedí que me ayude a cambiar mi vida, por mi familia".

"También por los niños de la calle que le faltan abrigos, alimentos y, sobre todo, que con su oración Dios toque el corazón de cada joven y que si quiere que se comunique conmigo en el teléfono de mi mamá o del director de La Esperanza, que figuran en la carta", comentó.

"La lectura, el abrazo y el rosario son mi mayor regalo. Me tocó muy en el fondo del corazón. Mi compromiso es ayudar a mis compañeros a que crean en Dios, que le dediquen su tiempo. Demostrar que él ayuda y cambia nuestras vidas. Cuando salga de acá, voy a llevar la palabra de Dios primero en mi familia. Luego ayudar a que los jóvenes piensen dos veces para hacer las cosas, que un error puede costar muy caro", reflexionó el menor.

 Su hermana nos cuenta que O. O. se equivocó de rumbo, que no asumió la separación de sus padres y por eso empezó a tener amigos que no le beneficiaban. Ambos aseguran que ese encuentro fue un milagro, porque la familia está unida y encara de diferente manera los problemas. "Es un borrón y cuenta nueva para mi hermano. Ahora nos toca confiar en él porque él es capaz, es inteligente, aplicado", dijo.

El joven asegura que está decidido a cambiar y llevar la palabra de Dios en el lugar donde le toque estar. Entre sus confesiones manifestó que practica fútbol desde chico, pero que de ser hincha del club Cerro Porteño pasó a ser del Olimpia.

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