Revista Pausa

¿Hasta que el dinero nos separe?

El dinero en la pareja, ¡qué dilema! Analizamos hasta qué punto un mal manejo de las finanzas puede ir en detrimento del amor y te acercamos consejos para que esto no se inmiscuya en tu relación.

Existe la creencia de que cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana, como afirma un refrán que contradice a otro que sí cumple con el mandato cristiano de amar al cónyuge en el amor y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, ese que promete “contigo, pan y cebolla”. ¿Cuál está más cerca de la realidad?

“El dinero es un tema de frecuentes roces en el seno familiar. El 50% de las parejas discute y se separa por el tema dinero, no porque no haya, sino porque no se habla sobre él y no se maneja adecuadamente”, afirma Daisy Abente quien, junto a Adriana Bock, dirige Superarte, donde trabajan y ofrecen consejos para mejorar la comunicación en pareja, ayudando a ambas partes a ordenarse, financieramente hablando, y a identificar sus objetivos para que la plata no se convierta en un problema.

Daisy no niega que la falta de dinero sea un problema, pero sostiene que “cuando hay faltante, surge un conflicto, pero rápidamente las personas se gestionan, aparecen la creatividad, las ganas. Hacés algo, generás dinero. Una vez que lo tenés, es necesario educarse para usarlo de manera eficiente, que traiga bienestar, calidad de vida”.

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No saber manejar los ingresos, agrega Abente, no depende de si se pertenece o no a una determinada franja o estatus social, ni económico ni educativo. “Significa que las personas con bajos ingresos también tienen problemas de manejo del dinero, así como las que tienen altos ingresos. O porque no hay o porque hay demasiado, suele ser un tema frecuente de roces”, repite.

Los más comunes

Existen situaciones en las que esos roces y desencuentros son más frecuentes. Uno de ellos es cuando él gana menos que ella. “Culturalmente, esto sigue pesando. Si bien es la minoría de los casos —porque sabemos que las mujeres seguimos ganando menos que los varones—, hay parejas en las que se da esta realidad”, explica Daisy.

¿Cómo se trabaja esa situación? “Se debe analizar cuál es la idea que tiene cada cónyuge sobre el concepto de género; qué implica que mi pareja gane más que yo, siendo yo varón; en qué me hace menos hombre; por qué me tengo que sentir diferente, si las finanzas son dinámicas; mañana puedo estar yo ganando más que ella y la balanza otra vez se puede equiparar”, agrega.

Otro inconveniente surge cuando ninguno tiene liderazgo personal y se extralimitan en los gastos, en las compras compulsivas, lo que conduce a la desorganización y al mal hábito del bicicleteo. “Salir de ahí es un poco más difícil”, advierte la experta.

También es común en las parejas separadas, cuando hay hijos, las diferencias entre ambos cónyuges a la hora de poner límites a los niños. “Es importante sacarles a esos padres, que están separados, la parte de culpa que sienten y que no quieran compensar las carencias afectivas con dinero”, dice Daisy.

Asimismo, es importante que la pareja coincida en criterios, porque muchas veces cuesta conciliar los intereses, como cuando el objetivo es la compra de la casa. Abente sostiene que “generalmente son las mujeres las que más quieren la casa, porque es emocional; y la mayoría de las veces los varones, no tanto”.

Según la experta, la mujer “es muy detallista y quiere la casa superequipada, mientras que para el varón ese no es un valor, cree que le basta el auto y salir los fines de semana a cenar; ahí hay una diferencia de criterio sobre cómo usar el dinero, cómo gastarlo”.

La profesional revela además que en los años que llevan asesorando a parejas, nota que las personas no saben cómo bajar al día a día las metas que tienen y que es ahí donde aparecen situaciones en que las parejas se traban y a veces se embrollan.

“Por ejemplo, se quieren ir de viaje, pero también quieren cambiar el auto. A veces hacen las dos cosas al mismo tiempo y después se arma un bollo financiero que hay que destrabar y aminorar. Entonces, tenemos que justificar en el día a día qué pasos dar para alcanzar esas metas que nos proponemos”, asegura.

Suele también pasar en las parejas que uno de los cónyuges no sabe cuánto gana, cuánto debe ni cuánto gasta el otro. “Entonces hay un ocultamiento,

‘mejor que no sepa, porque si sabe se va a aprovechar o me va a pedir que le dé más’. Y esta infidelidad financiera, por supuesto, no es constructiva ni positiva. A la larga, eso también va a traer problemas a la pareja”, advierte Daisy.

Otro dato revelador es que, en más de la mitad de las parejas que acudieron a los servicios de Daisy Abente y Adriana Bock, uno de los cónyuges tiene alguna dificultad emocional o psicológica. ¿Y cuáles son los problemas psicológicos, vinculados al dinero, más frecuentes? Lo más común es que uno de los dos sufra depresión o crisis de pánico, ansiedad, no tenga autocontrol o le falte autoestima.

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Público

Vimos que manejar el dinero es una cuestión que no distingue clases sociales, pero no todos tienen la posibilidad de contratar los servicios de un experto en el tema. ¿A qué franja socioeconómica pertenecen quienes requieren los consejos de Daisy y Adriana? Bueno, al consultorio que ambas administran acuden más personas que provienen de un nivel medio a medio alto.

“Los que vienen de manera particular son de un nivel medio, pues tienen capacidad para pagar el servicio de asesoría, mientras que los que llegan a través de las empresas son personas asalariadas, que gracias a este servicio y a la oportunidad que las empresas dan, acceden a las asesorías, que muchas veces son pagadas por las firmas”, revela Abente.

Para un particular, en la oficina, la consulta inicial cuesta G. 150.000. A partir de ahí se elabora un plan de trabajo para el cliente, que depende mucho de cada persona, de cada caso. “Algunos vienen por una asesoría puntual y con eso basta. Otros requieren de un proceso y se les hace un plan de acuerdo a lo que necesitan”, agrega.

Superarte ofrece a las empresas charlas, workshops y cursos de tutoría. “Ahí varía el precio; desde G. 2.200.000, para 100 personas, que es una charla; el curso vale G. 3.500.000 y dura cuatro horas con una tutoría”, explica.

Buscar el camino

Abente afirma que la transparencia lleva a la eficiencia y que es importante que la pareja se sienta cómoda para hablar todo lo que sea posible sobre el dinero. “Si compartís otros aspectos de tu vida y el dinero es transversal, ¡qué importante también que en ese tema haya fluidez!”, señala.

La experta asevera que la solución pasa por ser sinceros, honestos y transparentes con el otro, poner todas las cartas sobre la mesa y que la pareja esté al tanto de lo que hace su cónyuge, sin excluir de las conversaciones las metas, los deseos y los sueños.

“Es decir, el dinero tiene que estar para conquistar eso que deseamos y anhelamos. Que las parejas puedan tener metas personales, pero también metas de pareja, y en el caso de que haya hijos, metas familiares”, agrega Daisy.

Para Abente está claro que cuando una persona posee mayor educación, obtiene herramientas diferentes: “Alguien con estudios universitarios o con una maestría tiene mayores chances de formarse en este tema, lo que no significa que lo practique; porque ahí es donde vemos el gran vacío: la gente sabe lo que tiene que hacer, pero no lo hace”.

Asimismo, en la búsqueda de la solución mucho tiene que ver el liderazgo personal. No todas las personas son metódicas, ordenadas, perseverantes o tienen un norte, metas concretas que seguir. En palabras de Abente: “La gente no se pone metas, simplemente vive y después se angustia con lo que hizo. Pasa por un problema de liderazgo personal, de forjarse uno mismo el propósito y el sentido que le quiera dar a la vida e ir detrás”.

En cuanto a los resultados, la profesional explica que cuando se trata de finanzas, se necesita que pase el tiempo, porque estamos hablando de un cambio de hábitos y que la persona vaya adoptando nuevas prácticas. Por lo general, se debe esperar

a que pasen tres meses por lo menos, plazo que podría extenderse hasta un año en algunos casos más complejos.

“Sí tenemos un seguimiento y vemos que el 60% de las personas que consultan con nosotros adoptan nuevas prácticas y resultados. Pero eso es muy dinámico y variable. Es dinámico porque si bien una persona adquiere nuevos hábitos y cambia, si no los sostiene o las vicisitudes de la vida la obligan, puede tener de nuevo un desliz financiero”, alerta. Palabra de experta.

10 consejos para llevar unas finanzas sanas en pareja

Conversar sobre dinero sin discutir es la primera lección que deberían aprender todas las parejas. Para lograrlo se sugiere:

  • Buscar un momento y crear el contexto para hablar de dinero. Tener en claro los temas a abordar. Empezar con lo positivo, los temas que unen a la pareja y dejar las diferencias para el final.
  • Cuando se comunican, no atacar a la persona (ya que todos tenemos la posibilidad de cambiar), sino empezar a hablar desde uno mismo (ya que todos podemos reconocer nuestras propias fallas).
  • Mantener el diálogo sincero y abierto en todo sentido para que la confianza entre los dos sea inquebrantable. Si la confianza se ha quebrado, pedir perdón y perdonar.
  • Analizar las expectativas versus la realidad; muchas veces las expectativas son irreales o muy aspiracionales y eso genera frustración.
  • Hacer un análisis de las finanzas familiares. El presupuesto es la base. Saber cuánto se gana, se gasta, se debe y se ahorra. Delegar responsabilidades, quién hace los pagos y quién los registra. Ayudarse mutuamente.
  • Cuidar y respetar el espacio propio de la pareja sin poner excusas.
  • Acordar pautas: qué cosas o situaciones no tolerarán y en cuáles están dispuestos a ceder.
  • Buscar maneras de expresar el amor hacia al otro, especialmente sin regalos materiales. Encontrar símbolos o detalles simples que expresen el sentimiento: como un “te quiero” a diario, mensajes, sorpresas, un abrazo contenedor, entre otros.
  • Soñar juntos. Compartir anhelos personales más profundos y soñar de a dos. Poner fecha a los sueños para poder cumplirlos y así disfrutar en pareja. Armar un plan de acción que conduzca a ello.
  • Hacerse continuamente estas preguntas: ¿amo a mi pareja? ¿Qué admiro de él o ella? ¿Qué proyectos en común tenemos? ¿Qué cosas hacemos juntos, dónde disfrutamos y pasamos bien? Estas darán sustento a la continuidad de estar juntos.

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