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“Hace 40 años la piel del yaguareté era más cara que una vaca”

Por Carlos Elbo Morales

Nadie más que ellos pueden dar fe de qué hay de cierto en todo lo que se dice del yaguareté. Saben de sus movimientos, su mansura y sus reacciones. Lo saben porque tuvieron la oportunidad de estar cara a cara con el animal.

Cuentan, por ejemplo, el impacto que tuvo el felino en sus bolsillos. "Tuve que matarlo porque comió todas mis ovejas. Una señora me cuestionó y le respondí: ¿Acaso no ves el perjuicio enorme que me causó?", cuenta Armín Biscolm, poblador de Bahía Negra que llegó a tener un yaguareté en el lugar donde trabajaba. Reveló que un día tuvo que liquidar al animal, luego de que este intentara atacarlo. Posteriormente también cazó otros, totalizando unos 15 ejemplares en toda su vida.

Don Alichi García, también residente en la localidad chaqueña, pasó de un extremo a otro. A los 15 años mató su primer animal. Posteriormente dejó de lado esa actividad y con sus conocimientos de la zona fue lanchero y guía turístico, hasta que se retiró hace una década.

El lugareño es enfático al decir que no comparte la idea de cazar por pura diversión y recalca la importancia de cuidar de la vida silvestre, enseñanza que aprendió de su padre, según cuenta.

En el caso de Nemesio Medina y Marcos Chaparro, vivieron sus experiencias en mundos opuestos. Uno veía pasar todos los días un tigre en la puerta del retiro que se encuentra a orillas del río negro, mientras que Marcos, que ahora bordea los 70 años, se salvó de la muerte cuando mató a uno de esos animales peleando cuerpo a cuerpo.

Valor. En los años 60 y las décadas que siguieron después, la piel del felino era muy valiosa. Don Medina y don Armín revelan que se cotizaba a G. 60.000 a mediados de la década del 60. Ya en los 70, el monto era mayor. "La piel de onza se vendia G. 17.500 y del yaguareté se pagaba G. 150.000. Hace 40 años la piel del yaguareté era más cara que una vaca; en esa época una vaca costaba G. 5.000", cuenta Alichi.

"Qué iba a hacer, tenía que vender para poder recuperar lo que perdí con los animales que me comió. Un día un extranjero me pagó USD 1.000 por matar uno", revela un ex cazador que prefirió el anonimato. Con respecto a la carne, generalmente no era consumida por quienes cazaban al animal y la dejaban en el sitio.

Según comentaron algunos pobladores, en el pasado la piel también servía como moneda de intercambio por combustible en Bahía Negra. El trueque se realizaba principalmente con embarcaciones brasileñas. Por la distancia, 1.000 kilómetros de Asunción, en la localidad la nafta y otros carburantes puede costar hasta tres veces de su costo original.

Las leyes de conservación y las sanciones, la disminución de la población de los animales, más la aparición de las pieles sintéticas, contribuyeron a extinguir prácticamente la actividad. La amenaza latente está en los ganaderos que contratan a los cazadores por verlos como amenaza para sus haciendas.

"Pasaba cerca de mí, no me hacía nada"
La quietud del río, que suele romperse por algún yacaré que se sumerge en él, da un buen marco a la historia que Nemesio Medina tiene con el yaguareté.

Don Medina cuenta que durante mucho tiempo el animal rondaba el retiro donde él estaba. Sin embargo, él nunca le tuvo miedo, pues nunca presentó una actitud agresiva.
"Al principio eran dos, venían, andaban por acá, iban hasta el fondo. Cada cierto tiempo se paseaban por acá. Varias veces nos encontramos, me miró y yo a él y siguió su camino sin hacerme caso. Nunca me intentó hacer daño", describe.

Durante un tiempo crió otros animales, que fueron hasta ahí por la crecida del río. Sin embargo, un día desaparecieron porque fueron a parar a las fauces del felino.
Hace como dos años el animal dejó de pasar por el sendero que frecuentaba y confiesa don Medina que lo extraña.

Sobrevivió a una lucha con el felino
En su tiempo la prensa lo bautizó el Tarzán de Bahía Negra. Había motivos. Marcos Chaparro fue noticia nacional hace 30 años, por sobrevivir al ataque del yaguareté, no huyendo sino luchando con él. De aquel encuentro, le quedó un dedo más corto, un ojo desviado y rasguños en la piel.
Cuenta que una tarde había ido con sus perros al monte y ellos empezaron a ladrar. Creyendo que habían encontrado un carpincho, realizó un disparo con su escopeta. Un instante después, el yaguareté salió de entre los matorrales y lo atacó.

Marcos lo agarró de sus patas, mientras el animal intentaba atacarlo en la cabeza con sus fauces. La lucha duró unos 15 minutos. Finalmente, Chaparro tomó un cuchillo de su cintura y se lo clavó en la garganta, matándolo.

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