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Guerra del asfalto irrumpe la calma de Quyquyhó

Mayoría de pobladores mantienen postura tajante a favor de pavimentar completamente. Expertos en patrimonios lamentan que intervención abarque casi todo el casco histórico; una sola manzana se respetará.

La tranquilidad en el pueblo de Quyquyhó, Paraguarí –a 170 km de Asunción–, es interrumpida por maquinarias que trabajan para la capa asfáltica. Una obra que los pobladores claman desde años. La mayoría de los habitantes consultados por ÚH –amas de casa, comerciantes, personal de la salud y otros– piden la totalidad de la pavimentación; inclusive en la zona del conjunto de casas coloniales. Para ellos esto significa progreso.

Fundado en 1776, Quyquyhó es uno de los pueblos más antiguos de Paraguay pero el desarrollo socioeconómico aún se demora en el lugar. Sin embargo, el nombre de la tranquila comunidad cobró protagonismo a nivel nacional esta semana. Esto fue tras la movilización de numerosos habitantes contra la historiadora Milda Rivarola, quien con un grupo solicitó a las autoridades no alterar el casco histórico con asfaltado y sugirió adoquinado para la zona de edificaciones patrimoniales.

Organizaciones se ofrecen para colaborar en proyecto

El olor a huevo podrido, arrojado por manifestantes, todavía se percibe en la imponente residencia, de más de 100 años, de la historiadora Milda Rivarola, en Quyquyhó. Entre guardias custodiando la vivienda con valor arquitectónico y las múltiples llamadas de apoyo, la politóloga debe lidiar con tener a prácticamente el pueblo en su contra y la leve esperanza de que edificaciones patrimoniales no sean avasalladas con el asfalto. Entre ellas su casa.

“Por lo menos desde las redes seguiré manifestando mi postura”, comenta sentada en su amplia biblioteca mientras observa el plano del pueblo. Desde la ventana se escuchan maquinarias avanzando y vecinos que alzando la voz intentan hacerle escuchar que se ha convertido en “persona no grata” para la comunidad.

Rivarola lamenta que tras insistencias finalmente las autoridades hayan decidido que solo una manzana, la que rodea a la iglesia, no será intervenida, mientras son más de 10 cuadras las que poseen edificios patrimoniales importantes.

Romper patrones de sociabilidad característicos de pueblos paraguayos, destrucción estética, además de las alteraciones en la estructura por el tráfico vehicular son algunos puntos que cuestiona la intelectual.

Por otro lado, valoró que este tipo de acontecimientos permitan instalar en la opinión pública en general el sentimiento hacia la conservación de patrimonio histórico.Por su parte, el ministro de Cultura, Rubén Capdevila, indica que hoy estaría por la zona para una reunión de mediación entre quienes están en contra y a favor de las intervenciones.

APOYO. Varias organizaciones culturales emitieron comunicados para solidarizarse con la historiadora.

Desde la Facultad de Arquitectura, Diseño y Arte de la UNA (FADA), la Asociación Paraguaya de Arquitectos y el Colegio de Arquitectos de Paraguay, ofrecieron su colaboración para el proyecto en el marco de conservación urbana integrada para su preservación.

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Posturas. Durante un recorrido de este equipo periodístico por la zona se escucha la tajante postura de casi toda la comunidad: “Asfalto en toda el área urbana”.

“Las personas que están en contra del asfaltado completo ni siquiera residen en la comunidad o no son naturalmente de acá. No hacen compras. Vienen solo en fechas claves. No saben lo que es diariamente transitar por estos empedrados en mal estado o quedar aislados", comenta indignado Nicolás Lezcano, poblador de la zona. Otros exigen enérgicamente que Rivarola, quien reside en el pueblo en una de las fincas patrimoniales, abandone la comunidad por pensar diferente que ellos.

Las edificaciones históricas, construidas desde fines del siglo XVIII hasta inicios del XX, en gran parte aún son conservadas y el ambiente todavía tiene el olor a vegetación pura. No obstante, otras representativas viviendas coloniales han sufrido intervenciones, como revestidos en la pared o cambio de piso, como una forma de luchar contra la humedad o intentar estar a la “vanguardia”.

Necesidades. El tiempo pasa lento por sus calles pintorescas, poco transitadas y testigos mudos del éxodo de sus habitantes que buscan mejores oportunidades. La principal actividad económica es la agricultura y ganadería.

“Hace años anhelamos el asfaltado. Cuando el trayecto hasta Caapucú (32 km) ni siquiera era empedrado sino terraplén y había inclemencias del tiempo, ya nos desesperábamos si venía un paciente que debía ser derivado porque el camino era intransitable. También pedimos que todo el casco urbano se asfalte”, señala la enfermera del lugar Silvia Torres.

Nelly Rodríguez, comerciante de la zona, dice que la capa asfáltica es una oportunidad de esplendor económico. “No porque tengamos asfalto nos vamos a llenar de delincuentes y todo se va a alterar. Es una necesidad que tenemos hace años”, revela.

Justificando las modificaciones de las edificaciones antiguas, indica que conservar la estructura de adobe y paja es todo un desafío e implica presupuesto.

Guerra del asfalto en Quyquyhó

Intervención. Tras la presión mediática, representantes de la Secretaría Nacional de Cultura, el Ministerio de Obras Públicas y la intendenta de la comunidad, Patricia Corvalán, acordaron suprimir la utilización del asfalto en las calles que circunvalan la iglesia Natividad de la Virgen María, teniendo en cuenta que forma parte del Patrimonio Histórico Nacional, principal preocupación manifestada por algunos sectores de la población.

Corvalán sostiene que la idea es que el asfaltado en el área urbana pueda servir en el futuro para la interconexión con las otras compañías y municipios aledaños.

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