FTC, el fracaso que se niegan a ver

Miguel H. López – @miguelhache

Por Miguel H. López

Bernhard Blatz y Franz Hiebert estuvieron secuestrados medio año en poder del autodefinido Ejército del Pueblo Paraguayo –EPP– y quedaron libres el pasado lunes. Sus familiares debieron pagar USD 750.000 y 500.000, respectivamente, y ejecutar otras acciones requeridas como señal. La Fuerza de Tarea Conjunta –FTC– integrada por fuerzas de élite entrenadas de la Policía, agentes de la Senad y las FFAA, no fue la que consiguió este retorno de los colonos a sus casas. Es más, tras ser dejados cerca de una estancia, fueron hallados por un tractorista luego de haber andado largos kilómetros extenuantes.

El pasado 11 de enero fueron hallados los restos de otro secuestrado, Abrahán Fehr. El mismo –se conoce ahora– falleció en agosto de 2015, a poco de haber sido llevado por los miembros del grupo armado. El conocimiento de su tumba temporal y exhumación fue mediante datos que proveyó el EPP a los familiares mediante panfletos. La FTC venía asegurando a sus parientes –hasta ese momento– que él seguía vivo y que estaban extremando los esfuerzos para traerlo con vida.

Así, existe una retahíla de hechos y detalles que ponen en escena y perspectiva los diferentes acontecimientos que vinculan al EPP con hechos como los secuestros y las amenazas a los colonos, y a la nula presencia de la fuerza especial creada por el Parlamento a pedido del Gobierno de Horacio Cartes y que anualmente lleva un presupuesto –sin rendición efectiva– de más de G. 3.500 millones mensuales.

Los resultados prácticos, lo que denuncian los lugareños como abusos y tropelías, y nada efectivo en el combate al EPP, es la motivación de su existencia. La gente de la zona que según el Gobierno es área de acción del grupo armado (Concepción y San Pedro), constantemente denuncia a escondidas por miedo a represalias actos represivos, abusos y tropelías por parte de policías y militares destacados en el lugar.

El estado de sitio instalado como derivación del llamado combate al EPP ya costó muchas vidas como resultado de supuestos daños colaterales. Sin embargo, en el balance solo hay déficit y justificaciones pueriles.

El cura católico Cristian Paiva, párroco de Santa Rosa del Aguaray, había denunciado a principio de año que gran parte de la población del Norte no confía en la FTC y pidió que se creara otro cuerpo de seguridad.

En varios momentos hubo movilizaciones de protesta, entre ellas la última, la llamada Marcha por la paz, que son expresión del hartazgo de la población de la inseguridad y la inacción de la FTC y del Gobierno en restablecer la tranquilidad y el estado de derecho pleno en el lugar.

Si en verdad esta –la de la FTC vs. EPP– es una guerra, está muy claro quién lleva las de perder. Es inconcebible que fuerzas entrenadas con equipamiento pesado, logística y recursos suficientes no haga prácticamente nada para lo que fue destacado en la zona. Que su resultado sean más fracasos que triunfos; y que incluso la información con la que se mueve sean inexactas y falsas en muchos casos.

Para este 2018 el Parlamento definió un presupuesto propio para la Fuerza de G. 79.000 millones; monto reprogramable y ampliable.

La derrota de la FTC no la quieren ver. Los resultados son claros. ¿A qué juega el Gobierno de Cartes?

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