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Fortunato Toranzos Bardel

Era una Magdalena compungida,
se estremeció a mi voz como una hoja:
empañaba sus ojos la congoja
de la casta inocencia arrepentida.
Se unió a mi sien su frente dolorida;
y, como perla, que la mar arroja,
rodó empapando su boquita roja
de su llanto una lágrima encendida.
Detrás de un manojo de destellos
rubios, cubrió su seno soberano
el penacho del sol de sus cabellos.
La Magdalena me miró un instante,
y se deshizo en una crispada mano
la temblorosa lágrima brillante.
Todo se encorva, el sauce de la fuente,
el ave, el nido, el último fulgor,
y en sus sombras de amor,
mi espíritu doliente
ante su excelsa majestad, Señor.
Mustias sus rosas
de luz apaga
la lumbre del hogar.
La noche aleve por las sierras vaga.
No hay mariposas,
¡y está triste el pinar!
¡Cómo surgen las manos milagrosas
de una piedad de gracias luminosas
que no conoce el hombre!...
En ti hallan eco, en tus salvajes nidos
y en tus perennes hojas,
los humanos gemidos,
las humanas congojas.
Y un diluirse sin pena
la agonía en tu seno debe ser,
en la quietud serena
de un vago atardecer.
Duerme en tu cuna, duerme,
niño en la paz inerme
de los sueños magníficos que amas.
Mientras se alargan a las almas solas
las brillantes escamas
de luna de las olas.
Yo en las angustias velo
de esta hora infinita
que se derrama en la quietud del cielo...
Sólo pienso en tu amor,
y ofrendo el ama de mi eterna cuita
ante excelsa majestad, Señor.
Más triste que una virgen desolada
el abandono de tus gracias era:
y mirabas el mar, como el que espera
el bajel de una tierra idolatrada.
Te sorprendí. Y un punto, en tu mirada,
en tu romántica actitud severa,
vi riendo una ilusión de primavera
de azahares y misterio coronada.
Fue un instante, ¿recuerdas? En el piano
velaba silenciosa tu mano
la tristeza infinita de Nocturno.
Cuando un rayo de sol que se moría,
por besar tu gentil melancolía,
te reveló mi ensueño taciturno.


Aunque nacido en Buenos Aires en 1883, creció y se educó en Villarrica y habría fallecido en 1942, en Itauguá, según datos de Carlos Centurión, o en 1943, en Patiño Cué, según datos de Sinforiano Buzó Gómez. Cultivó la poesía romántica para volcarse luego al modernismo. Sus poesías fueron publicadas en revistas de la época. Su nombre aparece en el libro Poesías del Paraguay, editado por Aramí Grupo Empresarial.
Umbral de palabras

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