Economía

Fortalezcamos nuestra regla fiscal

 

La adopción de reglas para la conducción de la economía –como las reglas fiscales que ponen un tope al déficit fiscal y las metas de inflación– son fundamentales para generar confianza y reducir los incentivos políticos que pueden alterar las decisiones económicas.

Finn Kidland y Edward Prescott en 1977 demostraron la conveniencia de adoptar reglas por sobre la opción de la discrecionalidad de las autoridades. La discrecionalidad resulta en el problema de inconsistencia temporal que Guillermo Calvo señaló en 1979. En la ausencia de reglas hay incertidumbre, y con medidas inconsistentes se pierde credibilidad y confianza, lo que puede mover la economía hacia una contracción, con reducción de la inversión y suba de la desocupación.

Cuando se trata de un país chico, el problema de la inconsistencia se exacerba con la repentina salida de capitales hacia mercados financieros más seguros (flight to quality). Esto pasa cuando los inversionistas internacionales pierden confianza y liquidan sus tenencias de títulos financieros del país en desarrollo, para ubicar esos recursos en bonos gubernamentales o acciones de empresas de países desarrollados. En estas situaciones los países pequeños en desarrollo sufren el doble, por la caída de la economía y por la salida de capitales.

Los países que adoptaron reglas para la política fiscal y monetaria –junto con una política de tipo de cambio flexible para absorber choques externos– han fortalecido su institucionalidad y permitido la implementación de políticas contra-cíclicas, con mejores resultados en materia de crecimiento económico y estabilidad de precios. Esto fue demostrado en el trabajo sobre instituciones y políticas macroeconómicas de Calderón, Duncan y Schmidt-Hebbel, publicado en el 2013 por la Revista de Economía y Estadística de la Universidad de Oxford.

El cumplimiento de las reglas se vuelve aún más importante en la situación actual. En el contexto de bajo crecimiento, con reducción de los ingresos tributarios y la necesidad de mantener la inversión pública, sería saludable superar transitoriamente el tope del déficit fiscal del 1,5% del PIB de la Ley de Responsabilidad Fiscal (LRF). Es el momento de solicitar la excepción establecida y acotada por la misma LRF en su Art. 11, lo que está justificado en la situación de la recaudación y le daría consistencia a la política fiscal, puesto que se aprovecharía el espacio para correr un mayor déficit fiscal –plenamente sustentado en inversiones– que ayudaría a la recuperación económica sin dañar la sostenibilidad de las finanzas públicas. Las reglas deben ser consistentes con la coyuntura económica y con la viabilidad de largo plazo.

Lo anterior fortalecerá la regla y la institucionalidad fiscal, toda vez que se tenga la excepción aprobada por ley, incorporado el compromiso de una trayectoria de resultados con un plan fiscal de mediano plazo que nos devuelva hacia un escenario de menor déficit fiscal, entendiendo que reducir el déficit fiscal es elevar el ahorro público, lo cual es fundamental para el ahorro nacional y el crecimiento económico.

Se reforzará nuestro pilar fiscal –ancla de la estabilidad macroeconómica– puesto que se aprovecharía un espacio para sostener las inversiones, pero asegurando la sostenibilidad de la deuda con el plan fiscal. Seguiremos siendo prudentes, pero con el pragmatismo que demanda la coyuntura económica.


Ante la necesidad de mantener la inversión pública, sería saludable superar transitoriamente el déficit fiscal del 1,5% del PIB.

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